El virus y la mutación social

"Cualquier mandatario que no crea que los países y el planeta deben regirse por sociedades sostenibles y con justicia social, caerá en las urnas"

Por: Leandro Felipe Solarte
marzo 27, 2020
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El virus y la mutación social
Foto: Via YouTube / Captura de Pantalla

Con la velocidad que los virus se adaptan y sufren mutaciones genéticas, en los meses de encierro, los humanos enclaustrados sufrimos aceleradas transformaciones llevándonos  a replantear: no sólo nuestras vidas como individuos sino al interior de las familias y sociedades en que sobrevivimos, también cuestionadas acerca de su justeza, equidad y real vigencia de la ‘democracia’, con la economía y finanzas en manos de especuladores e insaciables tiburones, que hasta en momentos difíciles aprovechan el pánico para comprar acciones baratas y beneficiar a sus bancos con los subsidios extraordinarios aportados por los Estados para que el 1% de la población, continúe acaparando más del 90% de la riqueza mundial y depredando los menguados recursos naturales del planeta.

El Covid-19 ha sido como un invisible garrotazo cósmico, que ante la proximidad de la muerte coronada, nos ha estimulado a cuestionarnos el papel que como personas y sociedad cumplimos en nuestras efímeras vidas; y en el caso de millones de habitantes del país y la mayoría de naciones, con la incertidumbre apremiante de rebuscarse día a día lo del pago de su precaria alimentación y residencia, apremiados además por las deudas exprimidas ‘gota a gota’ por depredadores agiotistas, usureros  bancos y almacenes de cadena, quienes en medio de sus urgencias los atraparon con engañosas tarjetas de crédito y con el repicar de los celulares no cejan de amenazar a sus colgadas víctimas, a quienes les han concedido una tregua mientras dura el encierro forzoso.

En Latinoamérica, donde el malestar social ya había detonado por los elevados costos de la educación y alzas en las tarifas de transporte y combustibles, en el 2019, en Chile, Ecuador y Colombia, los efectos devastadores del coronavirus pueden manifestarse no sólo en la cantidad de víctimas contagiadas, sino en las desbordadas protestas sociales que puedan reactivarse, cuando multitudes desesperadas por no obtener lo del sustento diario, se lancen a las calles a protestar y participar en saqueos, como en pequeña escala sucedió en Soacha, sin olvidar la difícil situación que vivieron varias cárceles del país donde se amotinaron miles de presos con 23 muertos y numerosos heridos.

Acudiendo a las reservas y a los ahorros de las pensiones y parte de las regalías correspondientes a departamentos y municipios, el gobierno nacional se ha autoprestado, según la versión oficial: buscando aliviar la emergencia mediante el giro de cuotas extras a población desprotegida beneficiada por programas asistenciales como Familias en Acción, Adulto Mayor y Colombia Joven y también anunció $160.000 para los trabajadores informales, que no están incluidos en los anteriores programas, sin saber la suerte de venezolanos e indigentes;  aunque con Carrasquilla en el ministerio de Hacienda la alcaldesa de Bogotá Claudia López y otros alcaldes y gobernadores han manifestado su descontento con la apropiación de recursos de regalías de municipios y gobernaciones, del Fondo de Pensiones Territorial, para que el grueso de los billones vayan a parar a los bancos privados y no lleguen directamente a los sectores populares más damnificados, repitiendo la historia de Pastrana en 1999cuando estableció el 4x1000 y de Obama en 2008, cuando inyectó a los grandes bancos y permitió que miles de familias endeudadas perdieran sus viviendas.

Pero no todo puede ser negativo en esta crisis que también es una oportunidad para salir adelante, pues la solidaridad entre familiares y amigos se ha manifestado en ayuda de los más necesitados y por iniciativa de administraciones municipales, gobernaciones, particulares y algunas empresas privadas,  improvisan campañas de ayuda a los más afectados por la pérdida de sus empleos; pero a medida que pasen los días y en medio de la inconformidad y movilización social que se manifestó a finales del año anterior, no se sabe cómo reaccionaran amplios sectores de la población a medida que se prolongue el encierro obligatorio y se queden sin recursos mínimos para subsistir.

Mientras ultraconservadores gobiernos como los de Trump y Bolsonaro, reviven los nacionalismos debilitando la integración de los países y marginándose de campañas mundiales para controlar la contaminación industrial que acelera el calentamiento global, el nuevo virus nos ha demostrado la inutilidad de las fronteras cuando se trata de protegerse de cambios climáticos y  nuevas enfermedades generadas por las aceleradas alteraciones en los ecosistemas que favorecen la conversión de algunas especies en plagas y enfermedades y por los humanos consumistas compulsivos, convertidos en plaga catalizada por el neoliberalismo depredador.

Los lobos de Wall Street con su títere al mando del decadente aun país más poderoso del mundo, no podrán enterrarse con sus riquezas, preciados lujos, concubinas y ejércitos de terracota, como lo hicieron tantos faraones y emperadores que en medio de los desiertos y cubiertos de selvas nos dejaron pirámides, monumentos funerarios y ruinas de las ciudades construidas por miles de esclavos en antiguas civilizaciones.

Si no aceptan que los países y el planeta deben regirse por sociedades sostenibles y con justicia social…   ¡También caerán!... y el pueblo en las urnas no puede cometer el error de mantener en los gobiernos a estos locos peligrosos que no vacilan en envenenar las aguas profundas para extraer petróleo y quemar  selvas como el Amazonas, para que los agroindustriales puedan sembrar más caña de azúcar para producir biocombustibles y solla para fabricar concentrados y alimentar las vacas de narco-hacendados, como el Ñeñe Hernández y otros parapolíticos por el estilo, que a punta de compra de votos, despojo de tierras, masacres y asesinatos selectivos de líderes sociales, quieren perpetuarse en el festín de la corrupción que les brinda el poder.

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