El tambor mayor de la Guardia indígena

Desde los 13 años Luis Acosta tomó el bastón y desde hace diez años coordina los 60 mil guardias de los resguardos de todo el país. Muchos de ellos estuvieron en la marcha del 21N

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noviembre 24, 2019
El tambor mayor de la Guardia indígena

Viendo a su padre durante las extensas jornadas de pesca, Luis Acosta Zapata comprendió su lucha, emprendida años atrás al lado de su pueblo. Moises Acosta, un curtido indígena nasa a quien su comunidad en Caloto en el Norte del Cauca le creía y participó en la fundación del Consejo Regional Indígena del Cauca —CRIC—. La charla alrededor de aquel querido y ancestral oficio le revelaba también los secretos para lanzar la vara al agua y en un golpe certero atrapar el pez pero también le enseñaba pacientemente el valor de ese trabajo que debía defender con la misma fuerza con la que ponía el pecho para acompañar a sus hermanos indígenas. Hace 25 años Luis lo vio partir hacia las profundidades del Naya, aquella región entonces controlada por las Farc que se levanta sobre la cordillera occidental y esconde con su espesa selva el Pacífico colombiano, dispuesto a recuperar junto a otros líderes unas tierras que la guerra les había robado. Nunca regresó. Era el año de 1984 y Luis era un niño de 11 años. En su casa supieron más tarde que las Farc lo había desaparecido.

Luis vio llorar a su madre en silencio. Ana Tulia Zapata se puso al frente de la familia y madrugaba a diario a trabajar para sacar adelante a sus hijos. Combinaban el estudio con el trabajo en los columnos recogiendo ají, compartinedo todos el intenso ardor que quedaba impregnado en las manos al final del día. Su mamá era también la gobernadora indígena del resguardo Huellas, en Caloto, y su ejemplo lo guió y lo arraigó a la lucha que sus papás daban en la región.

Luis se dedicó a la educación y durante más de 15 años ha construido con cientos de sus alumnos el sistema que dio las bases para los planes actuales de etnoeducación. Pero en su pueblo aumentaban los asesinatos, las agresiones a la gente humilde y sus propios compañeros le pidieron cambiar la tiza y el tablero por el bastón de guardia indígena. Se había preparado desde los 13 años cuando se acercó a la recién creada Guardia en 1971. Empezó combinando su bastón de mando con su trabajo de profesor hasta que el  28 de mayo de 2001 Luis se entregó de lleno y fue escogido por la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca para coordinar la Guardia Indígena que a partir de entonces tendría una presencia permanente, convirtiendo la protección de la tierra y el reconocimiento de su identidad como indígenas sus banderas en la formación de los jóvenes que ingresan a la Guardia.

“Ofrecen hasta 10 millones por las cabezas de los guardias y las autoridades. A nosotros no nos va a defender nadie y si no nos organizamos vamos a desaparecer”. Foto: María Fernanda Padilla / Las2orillas

Llevaba tres años como coordinador cuando las Farc secuestró al alcalde de Toribío, Arquímedes Vitonás y al exalcalde y secretario Gilberto Muñoz. Los internaron en la selva del Caquetá. Junto a otros mil indígenas, Luis viajó hasta San Vicente del Caguán para presionar a la guerrilla para que devolvieran a los secuestrados, hasta lograrlo en septiembre de 2004 después de quince días secuestrados. Fue una  prueba para la Guardia que mostró su fuerza como un gran ejército sin armas.

Su trabajo ha sido el de fortalecer la organización, primero desde lo local y ahora nacionalmente con una potente Guardia compuesta por casi 60.000 hombres y mujeres en 23 departamentos del país. Se define no como un jefe sino como “un pedagogo de la resistencia y mi tarea es formar a personas para defender la vida, para defender el territorio y para defender nuestra cultura”.

En las mingas de Resistencia para presionar al gobierno de turno a cumplir con los pactado, la Guardia cumple un rol clave como líderes de la comunidad. En marzo y abril midieron al recién posesionado presidente Duque con un bloqueo de 27 días para exigir el cumplimiento de acuerdos desde el gobierno Gaviria, en los años 90, y hacia adelante. Duque tiene un compromiso con los indígenas del Cauca que no lo olvidan, cuando en abril de este año canceló a última hora el viaje. Los indígenas apuntan. Son pacientes, pero no olvidan.

Lea también: En las entrañas de la minga

El resguardo Nasa de Tacueyó estaba en alerta el pasado 30 de octubre y la gobernadora Cristina Bautista lo advirtió. Sin embargo no pudo hacer nada y terminó asesinada junto a cuatro guardias indigenas. A guardia reaccionó inmediatamente y hasta la vereda La Luz, dentro del rescuardo, llegó Luis Acosta para atender la situación y apoyar a sus compañeros, que horas antes habían intentado detener al grupo de disidentes que se desplazaba dentro de la zona. Reaccionaron con violencia y acribillaron a la gobernadora y a cuatro indígenas más. Agotado por la violencia, Luis no ha podido y no ha querido acostumbrarse al dolor cada vez que entierra a su gente. Desde que Duque se posesionó, han sido asesinados 134 guardias en Colombia.

Hasta Bogotá llegaron al menos 2.000 guardias indígenas de todo el país encabezados por Luis Acosta que se unieron a las protestas del Paro Nacional que se adelantaron en Bogotá. Su batalla es la de su pueblo, que le exige al gobierno que proteja la vida de sus líderes y cumpla los acuerdos eternamente aplazados. Acosta, quien sabe que le da la pelea a la guerra día a día quitándole jóvenes que prefieren empuñar un bastón antes que un fusil, llevó a la Guardia Indígena hasta Silvania, Cundinamarca, para encontrarse con las otras guardias del país: la cimarrona y la campesina, con quienes se sentó para buscar entre las tres un gran acuerdo que permita su expansión por todo el país. Acosta sabe que tienen la fuerza para presionar al gobierno por eso está dispuesto a respaldar hasta el último día la explosión ciudadana que se vive desde el 21 de noviembre en todo el país.

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