La historia reciente nos ha escupido en la cara la realidad de que la suma en política suele ser una operación de números imaginarios.

 - El suicidio político de Oviedo

Existe un error de cálculo aritmético y soberbio en nuestra clase política: creer que los votos son propiedad privada del candidato. La historia reciente nos ha escupido en la cara la realidad de que la suma en política suele ser una operación de números imaginarios.

El ejemplo de Rodolfo Hernández en 2022 debería ser materia obligatoria en las facultades de ciencias sociales. El mito decía que el ingeniero heredaría, por arte de magia, los 5 millones de votos de Federico "Fico" Gutiérrez. Pero la política no es notaría de endosos. Muchos de esos votantes, que buscaban una derecha institucional y "de orden", se sintieron repelidos por las formas erráticas, la corrupción de Vitalogyc y con ello, la insuficiencia moral de Rodolfo y prefirieron el voto en blanco o la abstención. Uno más uno, en este fango, casi nunca es dos.

Hoy, el panorama se llena de nombres que intentan revivir esa fallida alquimia. Se habla con total ligereza de coaliciones y de sumar los restos de los rivales de Paloma Valencia para fantasear con un bloque de 4,8 millones de votos: Es un delirio matemático.

La realidad es mucho más cruda: Paloma apenas cuenta con un puñado de apoyos —menos de 600.000 votos reales— en un país que todavía arrastra un machismo estructural y que ya empezó a disparar sus dardos habituales: que si Juan Daniel Oviedo es la ficha de Santos, que si Paloma es de izquierda. En el reino de la posverdad, las etiquetas matan más rápido que las ideas. La mayoría de esos 3 millones de la preconsulta se irán para Abelardo de la Espriella en la primera vuelta inevitablemente. El machismo es inherente a los extremos.

La ambivalencia tiene un techo muy bajo. La ciudadanía puede perdonar una gestión mediocre, pero es implacable con la falta de coherencia ideológica cuando esta se usa como carnada electoral.

Si el discurso de cambio era apenas un puente para fortalecer a los sectores de siempre, el castigo social será el olvido como sucedió con Robledo (el disidente que no midió que sus votos eran los mismos de Petro).

La verdadera "muerte política" no ocurre en las urnas por una derrota digna; ocurre cuando el político se queda sin palabra, desconexión radical con su propio electorado, convirtiéndose en un prestidigitador sin manos, gritando en un teatro vacío.

De cara al horizonte político de 2026, el tablero se ve fragmentado y lleno de cadáveres políticos que aún no saben que lo son.

Sergio Fajardo sigue sin reaccionar, secuestrado en sus decisiones por unos asesores que no saben leer el país, mucho más tibios que él, perdiendo toda opción real. Claudia López, en su eterno baile de oportunismo, parece haber agotado el crédito de su propia narrativa. 600 mil votos le alcanzan para volver al Senado pero no para ser presidente -afortunadamente: ¡porque donde suba, no la baja nadie!-.

La rabia es hoy el motor principal de la democracia colombiana

Mientras tanto, los extremos se afilan los dientes .No sería extraño ver una segunda vuelta donde el histrionismo de Abelardo de la Espriella (un tipo que debe más de 40.000 millones de pesos y su capital real es de 19.000, que va a por todo para recuperarse económicamente) se mida contra Iván Cepeda que pone de vicepresidenta a una indígena del CRIC para poder desembolsar a sus adeptos y socios sin controles (pues la justicia indígena no admite censos ni entidades de control). Conocí y quise a sus tías en Popayán que eran unas damas cultas y honradas, pero el escenario en el que está no consigue suficientes votos de opinión para mantenerse en un país postradicional aunque premoderno, donde mejor que la clase de historia funciona el tamal.

La rabia es hoy el motor principal de la democracia colombiana. La "honradez" anunciada que termina siendo un guion bien ensayado no comprará voluntades. Al final, el candidato que juega a dos bandas termina solo, atrapado entre una derecha que no lo reconoce como propio y una alternativa que lo señala como traidor. Por eso aún admiro a Sergio Fajardo: supo anticiparse a esto y no unió esfuerzos con nadie.

En política, como en la vida, quien intenta quedar bien con todos, termina no existiendo para nadie. Said so.

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