El solitario final de los fallecidos por COVID-19

Sin la compañía de sus familiares los difuntos tienen que ser cremados. En Bogotá los cadáveres llegan al Cementerio Serafín, donde son puestos uno a uno en las puertas del horno

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abril 16, 2020
El solitario final de los fallecidos por COVID-19

Una caravana sin acompañantes, un coche fúnebre sin arreglos florales, un ataúd sin lágrimas derramadas sobre la tapa. Carlos Martínez, administrador del cementerio Serafín de Bogotá nunca había visto que la muerte fuera tan solitaria. El Gobierno Nacional ordenó que todos los fallecidos por COVID-19 en el país sean cremados y sin la compañía de sus seres queridos. Primero el protocolo de sanidad, para después las despedidas.

Resguardado detrás de un tapabocas y un par de guantes, Martínez recibió el pasado 18 de marzo en las puertas del Serafín a la primera víctima mortal del virus en la capital. Apenas si podía verle el rostro al conductor del coche fúnebre, que se escondía detrás de un traje antifluidos y una máscara. Después de revisar un par de papeles, le indicó el camino demarcado con cintas de seguridad que lo llevaría hasta el horno crematorio, destino final del fallecido.

Carlos Martínez es administrador del Cementerio Parque Serafín desde noviembre de 2019.

Martínez —economista de profesión— lleva más de 10 años en el negocio exequial, pero aquel 18 de marzo recordó uno de sus primeros días de trabajo. Entonces era asesor comercial de Monte Sacro, uno de las funerarias más grandes en el país. Tuvo que enfrentarse a una familia que apenas si podía tomar decisiones en medio del dolor. Los escuchó, los aconsejó y al final les ofreció el servicio que nadie quiere contratar. Sin embargo, esta vez, en medio de la soledad, sintió nuevamente la crudeza de la muerte, la importancia de un familiar. Ahora era él quien debía acompañar el féretro y despedirlo en las puertas del horno, que espera a 1000ºC.

Los ritos fúnebres en medio de la emergencia sanitaria quedaron en un segundo plano. Ya no hay velaciones, tampoco misas y mucho menos salones repletos de personas vestidas de negro. El COVID-19 trastocó la tradición y ahora los cuerpos son recogidos por la funeraria en la clínica para ser trasladados inmediatamente hacia el cementerio.

Si una persona falleció, pero no por coronavirus, el gobierno hizo una excepción para realizar velaciones con máximo cinco personas presentes y las funerarias tuvieron que adaptarse para transmitirlas de manera virtual. Sin embargo, solo duran 20 minutos y no puede haber personas mayores de 65 años. Un panorama poco alentador para las familias que no se encuentran en la misma ciudad o familias con numerosos miembros.

Esta nueva dinámica fue llamada “cementerios virtuales”. Con un enlace y una contraseña entregada por la funeraria, las personas pueden acceder a una plataforma que registra video y audio en tiempo real. Se puede interactuar como si se estuviera presente por medio de la opción de encender velas virtuales, seleccionar oraciones para que sean recitadas durante la ceremonia y se puede recibir condolencias de allegados.

Con un meticuloso procedimiento, los cerca de 800 metros de camino que recorre el coche fúnebre desde la entrada del Serafín hasta el edificio donde está el horno son desinfectados con hipoclorito por los funcionarios del cementerio. Y apenas el féretro es descargado del carro, este también pasa por una limpieza profunda para eliminar cualquier rastro del virus que ponga en riesgo a los demás funcionarios. Cada uno de ellos en total utiliza tres trajes antifluidos distintos, y todos son tirados a la basura en bolsas rojas cuando la cremación ha terminado.

Aunque en Bogotá los tres cementerios distritales —el del norte o Chapinero, el del sur y el Serafín— tienen la capacidad para adelantar las cremaciones, por el momento la Secretaría de Salud del distrito y la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP) escogieron el Serafín, ubicado al sur de la ciudad muy cerca del relleno doña Juana, como el único cementerio para llevar a cabo el proceso. Sin embargo, si su capacidad se desbordara, los otros dos ya están habilitados.

El Cementerio del Norte cuenta con tres hornos crematorios y el del sur tiene otros dos. Cada uno es capaz de cremar entre 96 y 108 cuerpos diarios, pero si se llegara a presentar el trágico escenario en el que incluso esto sea insuficiente, la UAESP también dispuso de un conteiner con refrigeración en cada cementerio para albergar otros cien cadáveres.

Ya son 144 los muertos por COVID-19 en el país. 60 de ellos han fallecido en Bogotá, y casi todos han llegado al cementerio de Carlos Martínez, quien hasta ahora viene acostumbrándose a los cambios provocados por la pandemia. Ya ni los servicios fúnebres de personas fallecidas por otras causas están tan acompañados como antes. Las familias tienen miedo, y pocas están dispuestas a salir por la cuarentena obligatoria, que también hizo que los entierros en el Serafín disminuyeran.

Carlos sigue despertándose cada mañana dispuesto a recibir en el cementerio Serafín a los solitarios muertos que nadie puede despedir, únicamente él, quien se ha convertido en el caronte de los fallecidos por COVID-19.

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