El río Cauca, ¿una mujer desnuda?

"Si tuviéramos suficientes lágrimas todavía podríamos concedernos la esperanza de ahogar sus pudibundas partes"

Por: Carlos Roberto Támara Gómez
febrero 11, 2019
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El río Cauca, ¿una mujer desnuda?
Foto: Twitter @RiosVivosColom

Mientras se intenta desvanecer la razón por la que el río Cauca está desapareciendo, ningún miembro importante, ni organismo del gobierno ha mostrado el menor ápice de interés, es decir, algo que resulte proporcional considerando el impacto del río en millones de seres humanos, animales y miles de millones de plantas. No he estado en sus inmediaciones recientemente, entre otras cosas, por un pudor casi religioso. Veo las fotos: el río parece poco menos que una mujer desnuda; mostrando sus curvas repletas de piedra en los labios de sus bordes; algunas obscenidades casi grotescas de sus partes húmedas; pequeñas manchas seminales de lo que fue; algunos senos descolgados y flácidos de algún color encarnado con marca en su piel del apretado brasier; alguna larga canoa con alguna intención penetrante en sus humedales.

Y esa mujer otrora hermosa, vestida a veces de amarillo lodo, sin un trapo elegante y fluido sin con qué taparse sus exposiciones mórbidas. “Quien de amarillo se viste de su belleza confía o de sinvergüenza se pasa”, leo en una línea de Google.

Creo que el presidente, él en su pudor, se siente inepto —que palabra tan difícil de usar aquí— para tomar un raudo helicóptero, como otrora en circunstancias de terror, y recorrer desde el aire el sitio de los acontecimientos del Cauca. En cambio, ha realizado una reunión en Coveñas donde, imagino, ha aprovechado algún minuto de solaz para mostrarle sus propias reconditeces de vestido de baño al mar de los atlantes. Por eso es que nadie ha visto hasta ahora un presidente tan desnudo.

Y es que quizás no hay una escena de terror, ni más más grandilocuentemente terrorista y mórbida, que la de un río despareciendo delante de nuestros propios ojos. Si tuviéramos suficientes lágrimas todavía podríamos concedernos la esperanza de ahogar sus pudibundas partes. En algunos charcos todavía los peces que podría tener se escapan cual pringos de semen. Un cerco de tierra pareciera evaporar el agua con su fragor caliente. Y todo eso todavía no recibe una visita presidencial.

Si el río pudiera hablarnos podría decirnos que este quizás es el mejor momento para saber, sin mayor batimetría, los anchos más propicios y las profundidades mayores que midieran la mayor aproximación posible del volumen de su cauce. Quizás un urgente estudio aerofotogramétrico, un decreto nacional que declare el emergente terrorismo de su desnudez, que quizás produzca miles de víctimas, nos podría decir porqué cuando la dama está vestida derrama sus chorros e inunda las poblaciones ribereñas que se bañan con sus labios. Cuántos millones de datos más podría arrojarnos investigar una mujer desnuda cual río.

Hace apenas unos meses el país se encrespaba ante la posibilidad de que Hidroituango colapsara y se fuera Cauca abajo destruyendo inermes poblaciones con olas tipo tsunami hasta de 20 metros de alto. Algunos borbollones de aguas embravecidas y nefastas socavaron algunos cimientos y, según informaciones de prensa, el pie de la presa se corrió, sin que ello fuera catalogado como una falla estructural. ¿Cuánto corrimiento era admisible hasta que llegara un desastre? ¿Cuánto sería necesario para declarar la pérdida total de la inversión, pero con sanidad estructural futura garantizada?

Y ahora viene la sequía. Sequía que todavía no se le podría cargar al fenómeno de El Niño que, según los datos que cualquiera puede consultar en los boletines de la NOAA es todavía neutral, por lo que aquella desnudez bíblica sería más achacable a factores asociados a un veranos fuerte donde el Cambio Climático sería el más incidente. Si esto fuera así el río más que una mujer desnuda, sería una mujer encuerada, desvestida flagrantemente en plena vía pública, por la acción antrópica.

Y entonces ahora ocurre no una onda tipo tsunami. Ocurre otra más perversa, pero lamentablemente, casi asintomática y subterránea: la quiebra y abatimiento del nivel freático de grandes y extensísimas zonas de cuya humedad de campo o de saturación depende gran parte de cosechas en zonas ya casi resecas de La Mojana sucreña y bolivarense. El drama o tragedia que esto pudiera significar sería otro acto terrorista que merecería un rápido sobrevuelo con Ministro de Guerra a bordo. Pero eso no ocurrirá, obviamente lo aquí comentado hasta ahora será abordado como una exageración literaria.

Y sí, quizás lo sea. Eso es parte del arte.

Pero lo que puede ocurrir, lo que ya está ocurriendo no será simplemente literario. ¡No!

Y es que si Hidroituango no podría haber justificado una eventual hecatombe —recuerdan la palabrita—, ¿será que ahora sí puede dar razones acerca de porqué los niveles freáticos aguas abajo de su embalse podrían perjudicar toda la biota hidrófila y ribereña del Cauca, ahora y para siempre, con sequía o sin ella, debido a una regulación del cauce que nadie conoce ni ha sido socializada jamás a quien pudiera interesarle?

Si el nivel freático del Cauca abajo desciende para siempre, el río no será una mujer desnuda, ni desnudada, podría ser una chica cuyas reconditeces núbiles, aquellas que favorecen grandes producciones, incluso cinematográficas de estupenda cosecha, nunca volverán a ser húmedas y eso es muy, muy doloroso. Un amor reseco, incluso para un río, produciría escaras interiores demasiado íntimas.

¿Será que los gobernadores tan ilustrados que tenemos en Sucre y Bolívar —digo, por aquello del Festival del Jazz que disfrutaron ambos en Mompox— se darán por enterados? Si el presidente no viene al Cauca, por irse a visitar a Trump, y traernos 5.000 marines, bien pudiera prestarles el helicóptero a los gobernadores para que presenten sus imágenes de terror concupiscente: las exquisiteces de una mujer desnuda llegarían de vuelta a palacio. Cuando los marines han venido a Cartagena ha habido siempre buenas noticias de algunos indiscretos sobrepagos con chicas en la actual condición del Cauca.

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