
La vida y el arte van de la mano. Cada artista produce lo que le conviene, la geografía, a la experiencia reconocida la cultura vivida. Son hechos culturales que lo conforman. Teresa Sánchez nos confirma se dependencia quien expone sus primeros y sus últimos trabajos en la galería Nueve Ochenta. Nació en Santa Marta en 1957. Tuvo suerte en su infancia, sus padres salían a explorar los lugares más recónditos de las Costa Atlántica. Su padre Eduardo Sánchez tenía un Jeep Willis en donde cambian todos y llegaban a destinos inolvidables: recuerda, por ejemplo, la carretera a Cañaveral y todas las cascadas del camino. En esa época, casi nadie conocía esa ruta de los indios que hoy son dioses en la Sierra Nevada.

En el camino, pasaban del mar a las cascadas, de agua caliente a agua fría – y eso creó su sensación por los contrastes que por fin encontró. Como dice Johan Huizinga : el empeño por ser el primero en tantas…..

Por el camino, ella iba recolectando piedras, hojas de mangle, semillas, espinas etc. Aquello se convirtió en el inconsciente de ritmos orgánicos que empezaron a darle una luz a su universo creativo que comenzó con formas en madera muy simples y acabó evolucionando hasta que en 1991, llegó a su madurez con esculturas severas. Abandonó el color para creer en el calor de la madera y sus contrastes que, con objetos metálicos que le dan la búsqueda una situación definitiva. Es un salto al vacío. Ella los llama geometría abstracta. Y buscaría algo más poético: geometría sensible. Ella conquista formas sutiles y para nada severas. La madera es un instrumento para encontrar desde raíces hasta semillas, desde nubes hasta estrellas de mar. Toda la naturaleza se une en madera y hierro fundido. El frio y el calor. La tierra y el cielo.
Galería Nueve Ochenta, Diagonal 68, 12-42
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