El racismo se niega a abandonar el Carnaval de Barranquilla

La negritud no es un disfraz. Además, la ridiculización de la apariencia y actitud de los afro, tan arraigada en esta festividad, no está bien. Algo tiene que cambiar

Por: SANTIAGO VALENCIA RODRIGUEZ
marzo 06, 2019
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El racismo se niega a abandonar el Carnaval de Barranquilla
Foto: Jdvillalobos - CC BY 3.0

Analizando el racismo que encierra una práctica muy común en Colombia y que revive cada año en los carnavales de Barranquilla.

Este día martes murió Joselito Carnaval, marcando el final del reconocido Carnaval de Barranquilla, patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad. Sin embargo, además de los tradicionales bailes, sonidos y coloridas imágenes de siempre, este Carnaval de 2019 dejó algo más, un amargo recuerdo: el racismo en Colombia está más vivo que nunca. Esto quedó plasmado en dos situaciones. La primera, el conocido blackface amparado por las festividades, que salió del carnaval y llegó hasta Bogotá. Y la segunda, la polémica frente a la publicidad de Cerveza Águila y su concepto de la evolución del hombre negro en hombre blanco.

En primera instancia, debemos definir qué es el blackface. Es una práctica que tiene su origen en los tiempos de la Colonia, donde para las obras de teatro y actuaciones la gente blanca se pintaba la cara de negro, los labios de rojo y usaba grandes pelucas para personificar a hombres y mujeres de la comunidad negra, quienes no podían participar directamente en estas actividades. El objetivo de la práctica es la ridiculización de la figura del negro a través del estereotipo, la exageración de características físicas, la estupidez, el desorden y la hipersexualización.

Cabe anotar que esta práctica es bien conocida en los Estados Unidos y acabarla ha sido una de las principales luchas de los movimientos antiracistas. En Colombia, por otra parte, ha sido asimilada por la mayoría mestiza, que lo percibe como un hecho jocoso pero inofensivo. El tema se puso sobre la mesa hace algunos años, cuando la comunidad afrodescendiente protestó en contra del acto realizado por el humorista Roberto Lozano, llamado el soldado Micolta, en el cual se pintaba de negro y hacía su rutina basada en el estereotipo del negro estúpido, perezoso, desordenado, cobarde y bebedor. Sábados Felices finalmente cedió ante la presión y retiró el acto por un tiempo, pero este regresó, solo cambiando el color del personajes, pero representando los mismos estereotipos raciales.

No obstante, existe otro espacio donde la práctica del blackface ocurre a la vista de todo el mundo y es totalmente aceptada y celebrada: el Carnaval de Barranquilla. Ojo, antes de continuar, el blackface como hecho ridiculizador es mucho más que pintarse la cara, como ocurre en el Carnaval de Negros y Blancos, el cual tiene un contexto histórico totalmente diferente. El punto es la deshumanización y la ridiculización de las características físicas intrínsecas de un afrodescendiente, y cubrirlo con todos los prejuicios en la personalidad y actitudes que se promulgan desde los tiempos de la esclavitud.

Ahora bien , el carnaval cuenta con una herencia cultural muy extensa, que muestra la mezcla triétnica (blancos, negros e indígenas) que predomina en Colombia, pero de la misma forma evidencia las grandes diferencias entre las 3 comunidades y la incapacidad de la mayoría de entender la desigualdad de nuestra población afrodescendiente. Estos hechos se pueden encontrar en una de las danzas tradicionales del carnaval: la danza de las negritas puloy.

Este reconocido baille tiene su origen en los años 60, tiempo en el cual las mujeres para poder integrarse a las actividades del carnaval sin ser identificadas decidieron tomar la imagen de una empleada doméstica negra, inspirada en la etiqueta de un detergente llamado “Puloil”, del cual también se desprende el nombre. Este disfraz trae consigo el imaginario de la mujer negra en mitad del siglo XX como sirvienta y niñera de las clases medias y altas... esta representación guarda una estrecha similitud con el personaje del blackface estadounidense “Mammy”, resaltando las características físicas exageradas y su actitud benevolente.

La cuestión aquí, como se mencionaba anteriormente, es que Barranquilla es una ciudad con influencia de varias etnias, siendo la herencia africana una de las más acentuadas (60% de población afrodescendiente) pero también una de las más negadas. El hecho de que la sociedad barranquillera conciba la negritud como un disfraz refuerza el secreto a voces del blanqueo y la cultura del “no negro” en una región que ve en lo afro, la otredad.

Esta práctica no se limitó al Carnaval de Barranquilla, sino que permeó a la capital. Y es que el principal motivo de escribir este artículo radica en unas imágenes que pude ver en las redes sociales del evento “Andresito Carnaval”, celebrado en el famoso restaurante Andrés Carne de Res y su filial Andrés D.C. Las imágenes, que pueden encontrar fácilmente buscando el hashtag #AndresitoCarnaval en Instagram (y que parecen sacadas de Dear White People), muestran la celebración del carnaval, en la cual no podían faltar las “negritas puloy” con sus caras pintadas y sus exagerados rasgos. Esto, en lo personal, me generó tanta indignación que decidí pronunciarme sobre el tema. Simplemente el hecho de que la rancia élite blanca bogotana celebre ridiculizando mi identidad afro, perpetuando los estereotipos que los tienen en la cima, me da asco. Esta es una burla descarada e irrespetuosa hacia una comunidad que ha sido maltratada durante siglos, y cosas como esta hacen que ser un afrodescendiente siga siendo una desventaja en este país racista.

Por otra parte, Cerveza Águila, en un desesperado intento de no dejarse opacar por el lanzamiento de Cerveza Andina, decidió cambiar su imagen. El problema fue que decidió hacerlo con una campaña publicitaria que hacía referencia a la evolución de Colombia y de sus ídolos, mostrando que la evolución del Joe Arroyo era… J Balvin. Por supuesto que esto levantó ampolla en muchos sectores, especialmente por los comentarios del senador Gustavo Petro frente al tema. En lo personal, pienso que uno tiene que ser muy ignorante acerca de la realidad y de la historia de este país para hacer esa publicidad y no entender que va a ofender a mucha gente, además de arruinar completamente un excelente tema como “la rebelión”, transformándolo en un insulso sonsonete urbano, quitándole su espíritu original y dejando el mensaje light de #TrátamelaSuavecito.

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Por eso, el espíritu de este escrito es: primero, invitar a la organización del Carnaval de Barranquilla a que replanteen estos espacios culturales, pues ya es hora de deshacernos de los aspectos racistas que los empañan; segundo, hacer un señalamiento a estos establecimientos y marcas que se lucran con la ridiculización y explotación de la imagen afrodescendiente. Este es un golpe en la mesa para decir que ya no vamos a callar ante este tipo de humillaciones, para decir “no soy tu disfraz”.

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