Si antes de la Ley 100 tenía problemas, después de ella quedó mucho peor. ¿Podrá reformarse en pro del bienestar de todos?

 - El perverso sistema de salud colombiano

A pesar de que todos tenemos derecho al servicio de salud, tanto los que mensualmente pagan cuotas a las EPS como los subsidiados por el Estado, en la práctica sufrimos limitaciones en la prestación del servicio, paradójicamente, en mayor proporción, los del régimen contributivo, debido a que el sistema perverso, como fue diseñado, pone a las EPS a competir con las IPS, para lograr mayores ganancias.

Las EPS o aseguradoras, por invertir menos en el paciente y las IPS, constituidas por hospitales públicas y clínicas privadas, por cobrar más en la atención; quedando el paciente en medio del sándwich y sujeto a que le nieguen o demoren las consultas, exámenes y drogas prescritas por los médicos y demás personal de salud, que para rematar: son sometidos a extenuantes jornadas de trabajo, sin elementos de protección suficiente, como desnudó el coronavirus; y de repeso, aguantando salarios miserables y sin estabilidad laboral, pues son contratados temporalmente por supuestas cooperativas que buscan eludir el pago de prestaciones sociales.

El Estado colombiano, en promedio destina el 7.4% del PIB, en atención en salud, aproximadamente 40 billones anuales, de los que cerca de $900.000 mensuales asigna a las EPS, por cada afiliado, tanto del régimen privado como del contributivo.

Las EPS no aportan capital propio, sino que viven de lo que aporta el Estado por cada afiliado y su rentabilidad depende de que haya menos enfermos; y sus tratamientos y drogas sean lo más baratos posibles. De ahí el reinado del acetaminofén y el diclofenaco en la mayoría de recetas y la negación o demora a cirugías y drogas caras a las que los pacientes buscan acceder mediante tutelas, que cuando las obligan a prestar la atención requerida, sus sobrecostos son asumidos por el Estado.

La Ley 100, al desmontar la red de salud pública y destinarles la mayor parte del presupuesto a las EPS e IPS, debilitó la prevención de enfermedades, mediante la promoción de jornadas masivas de vacunación y el fomento a campañas de educación sobre hábitos de vida y alimentación saludables, e impulso al saneamiento básico para que las comunidades urbanas rurales cuenten con buenos servicios de agua potable y alcantarillado.

Otro factor que pesa sobre los sobrecostos en la salud es la libertad de precios que debido a políticas neoliberales fueron aplicadas, principalmente, durante los dos gobiernos de Uribe, que les permitió libertad de precios a los grandes laboratorios farmacéuticos, quienes los pusieron por lo alto, en comparación a países vecinos.

En el gobierno anterior, intentaron controlar la voracidad de los industriales farmacéuticos, al obligarlos a rebajar los precios de medicamentos esenciales con base en los promedios de países similares.

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Para afrontar la pandemia, el gobierno mantiene intacto el sistema neoliberal de entregar la prestación de los servicios al sector privado, y a las carreras, han intentado tapar las deficiencias en dotación de UCI, respiradores artificiales y de personal de médicos intensivistas que puedan operarlos, mientras con la cuarentena se apuesta a frenar la velocidad del contagio.

Sin duda, después del coronavirus, la estructura del sistema de salud deberá ser reformada para rescatar lo positivo de la red pública y fomentar la prevención y vacunación que funcionaba antes de la Ley 100.

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