El periodista que logró impedir el homenaje a Uribe en España

Con 5 mil firmas y el Presidente de Cantabria de su lado, Paco Gómez le aguó la fiesta al senador a quien conoce desde hace veinte años

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Junio 15, 2016
El periodista que logró impedir el homenaje a Uribe en España

Alborozado, el General Rito Alejo del Río le abrió las puertas de la Brigada XVII al periodista español, Paco Gómez Nadal quien, a sus 25 años y afiebrado por adentrarse en el conflicto colombiano, había elegido el diario El Colombiano de Medellín para hacer su pasantía. Rito Alejo creía que el interés que había demostrado el español le iba a servir para limpiar su imagen de militar despiadado que tenía en el exterior. Antes de concretar la cita, Gómez Nadal le había expresado el entusiasmo que le despertaba su sangrienta lucha antisubversiva. Del Río se tragó el anzuelo.

Era tan chusco, vulgar… tan varonil como desagradable su barriga en pleno apogeo” ese es el recuerdo que le quedó a Paco Gómez de la imagen del oficial, en ese viaje a Carepa, Antioquia, de enero de 1997. El gobernador de ese departamento, Álvaro Uribe Vélez, había impulsado unas cooperativas campesinas para combatir las extorsiones y los secuestros de los grupos guerrilleros a las que bautizó como Convivir.

Urabá sufrió como ningún lugar en Antioquia el azote de las nuevas políticas del joven gobernador. En 1994, un año antes de que se posesionara, se registraron 523 asesinatos. Esta cifra se triplicó en 1996: 1.454 homicidios. Carepa, el lugar donde mandaba Rito Alejo Del Rio, fue el que más muertos puso: 203. Dentro de la Brigada Paco Gómez vio como los militares entrenaban a los civiles. El monstruo de las autodefensas desplegaba apenas sus alas.

Rito Alejo, cuando vio el perfil que el español había escrito sobre él, desató su furia sobre El Colombiano. El periódico, con entereza, se mantuvo en sus trece y Paco Gómez se convertía en uno de los primeros enemigos del uribismo.

Dos años después, el 29 de abril de 1999, en un acto celebrado en el Hotel Tequendama de Bogotá, Gómez Nadal escuchó a Álvaro Uribe referirse al General en éstos términos: “nadie mejor que el general del Río comprendió que a Urabá había llegado la hora de la paz, el Estado, la Ciudadanía, y a fe que avanzó notablemente” además de ser “un buen ejemplo para los soldados y policías de Colombia”. Gracias a estas palabras encendidas del ex gobernador, Rito Alejo del Río empezó a ser conocido como el Pacificador.

Paco Gómez abrazó con pasión las causas colombianas. Se internó una docena de veces en la selvas del Chocó y en el 2002, junto al fotógrafo Jesús Abad Colorado, fueron los primeros periodistas en entrar en Bojayá después de que las Farc y las Autodefensas la devastaran a punta de pipetas de gas. Sus impresiones las escribió en el libro Los muertos no hablan editado en el 2003 por Aguilar.

Hastiado de la guerra y del gobierno de Álvaro Uribe abandona, en el 2005, su cargo en la facultad de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y regresa a España. Aunque estaba lejos nunca perdió contacto con el país y siempre estuvo presto, desde sus escritos en El País de Madrid y el Diario, a atacar al gobierno de Uribe.

Por eso, Paco Gómez fue el primero en quejarse cuando supo que la Universidad Internacional Menéndez Pelayo había decidido otorgarle una medalla de honor al ex presidente Uribe. Acusó al rector de la institución, César Nombela, de homenajear “a un enemigo declarado de la paz quien es acusado de crímenes de lesa humanidad durante sus dos mandatos”. Por eso emprendió la tarea de recoger firmas para que quedara anulada esa decisión. Dos semanas después de ésta iniciativa Paco Gómez recogió 5 mil firmas. Además logró que Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria, exprese su indignación por éste homenaje ya que “Una medalla de oro se otorga a alguien sin polémica” y a Revilla el hecho que Uribe tenga más de 150 investigaciones le parece un argumento más que contundente para oponerse.

Después de ver que su iniciativa surtió efecto y evitó el homenaje  Paco Gómez, cree que fue “lo mínimo que podemos hacer en solidaridad con los millones de víctimas del conflicto armado de Colombia que están dejándose la vida para lograr un país más democrático y en paz”.

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