Opinión

El peligro de que maten a Vicky Dávila

Lo que le dicen sus enemigos en redes sociales es tremendo; ojo con promover bloqueadas masivas en Twitter, eso se llama linchamiento, y la amenaza, la acusación rastrera, un crimen

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septiembre 09, 2020
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El peligro de que maten a Vicky Dávila
Vicky Dávila es la campeona del rating, nada qué hacer. Foto: Semana

No estoy de acuerdo con la posición que ha asumido la revista Semana de tratar a Uribe como si fuera un perseguido político. No hay nada más peligroso para el periodismo que la militancia. Sin embargo, Vicky Dávila y Salud Hernández pueden asumir la posición que se les dé la gana. Es su proyecto y tomar posición es un derecho que tiene cualquier persona, incluido un periodista. He sido un feroz contradictor de Vicky Dávila y desde esta columna no solo he atacado su trabajo sino también su persona. Solo hasta que vi el nivel de odio que destila en sus trinos personajes como Levy Rincón, me di cuenta de lo irresponsable que es alimentar el fuego de las hogueras donde la izquierda piensa quemar a las que ellos consideren brujas.

Es que en una de estas matan a Vicky Dávila. Me puse a hacer un ejercicio de lo que le dicen sus enemigos en redes sociales y es tremendo. Únicamente se recurre al adjetivo barato, a rebajar a la periodista al nivel más bajo de la escala humana para después pisotearla como una cucaracha. Es casi una invocación al asesinato. Ni siquiera a Luis Carlos Vélez, quien también ha promovido el uribismo, se le ha vilipendiado tanto. Claro que hay un componente machista en el ataque desmedido a Vicky. Por eso Martín Santos, alias El Delfín, arremete contra ella para ganar los aplausos del público progresista que ha heredado de su papá. Es mujer, es más fácil quemarla. Da puntos.

A Vicky la hemos subestimado y de qué manera. Su llegada a Semana significó para buena parte de los periodistas del impreso, el apocalipsis. La miraban por encima del hombro a pesar de su disposición a hablar, a escuchar, a ayudar. Es que es buena persona, buena parte de los que han trabajado con ella lo afirman. Si alguna vez tuvo sus poses de diva -sobre todo en RCN- eso es cosa del pasado.

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Martín Santos, alias El Delfín, arremete contra ella para ganar los aplausos del público progresista que ha heredado de su papá

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Le plantaron una pelea dentro de Semana que ella ganó porque los números -nos guste o no- la acompañan. No es la primera vez que Vicky transforma un espacio muerto, como eran los Facebook Live de Semana, en algo más taquillero que las películas de Harry Potter. En la W pasó lo mismo, la franja del mediodía era el desierto del Sahara y ella dio audiencia y de qué manera. Es la reina de las tendencias de Twitter. Si la revista impresa de Semana tenía alguna oportunidad sobre la faz de la tierra, la desaprovecharon despreciando a Vicky. Ya quisiera tener uno a una aliada que entiende tanto a su audiencia, eso no es fácil.

Obvio, yo prefiero una buena investigación de Ricardo Calderón a sus live pero, ojo, el periodismo, desde que hizo simbiosis con las redes sociales, es una extensión de Twitter. El reto está en darle calidad a ese producto. Las grandes crónicas siguen siendo importantes, pero en una sociedad posliteraria como esta, forman parte de un nicho cada vez más reducido.

Basta hablar con Ariel Ávila, con el mismo Matador para darse cuenta de la libertad que gozan en la nueva Semana. El hecho de que convivan en una misma casa editorial María Jimena Duzán y Vicky habla muy bien de la salud que goza el medio. Además, están los resultados y Vicky Dávila es la campeona del rating, nada qué hacer.

Acá no nos debe preocupar Vicky, nos debería preocupar es la Matarifecisación del periodismo, el Levynismo de redes. La investigación, los datos, siempre pasarán a un segundo plano, lo que importa es el deseo primario, la reacción. Claro, entiendo a los muchachos que creen en eso. Acá se vivieron ocho años de algo muy parecido a una dictadura y se tiene un nudo en la garganta y, a veces, el grito, el insulto, es la única respuesta racional a la barbarie. Pero ataquen a los políticos, a los grupos económicos, no a periodistas que cumplen su trabajo. Ojo con esos trinos contra Vicky que a cualquier loco le puede entrar la idea de actuar, de agredir físicamente. Ojo con promover bloqueadas masivas en Twitter, eso se llama linchamiento. Se puede rebatir lo que diga, pero la amenaza, la acusación rastrera es un crimen. Qué peligro que un senador como Gustavo Petro -por el que voté y seguiré votando-alcahuetee a estas barras bravas de Twitter.

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