El Nobel de cada año, llevar la literatura al 'rating' de la televisión

Últimamente ha habido una tendencia: el desconocimiento generalizado de los nobeles de literatura. Casi nadie sabe quiénes son hasta que la academia los premia

Por: Ángel Castaño Guzmán
octubre 13, 2021
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El Nobel de cada año, llevar la literatura al 'rating' de la televisión
Foto: YouTube/ University of Kent

Ya es un ritual: cada octubre las casas de apuestas abren una categoría insólita en sus ofertas: barajan los aspirantes a recibir el Nobel de Literatura. Los lectores del mundo esperan con ansia el nombre del autor coronado con el laurel mediático. Casi siempre la escogencia de los académicos suecos produce desconcierto: a veces por la rareza de la decisión —¿Bob Dylan escribe literatura?—, otras por el anonimato del bendecido por los reflectores. Tal es el caso del novelista Abdulrazak Gurnah, cuya obra es por completo desconocida por el público hispanohablante. De las ficciones del tanzano solo tres han sido editadas en español, en tirajes inferiores a los 3000 ejemplares. En los años noventa, el sello El Aleph publicó la novela Paraíso mientras en 2001 Poliedro dio a la imprenta En la orilla. Una consulta rápida de los catálogos virtuales de las librerías más grandes del país —Buscalibre, Nacional, Lerner— revela que ninguna tiene a la fecha títulos disponibles del Nobel 2021. 

Este hecho supera lo anecdótico. Lo mismo sucedió en 2012, cuando el premio lo recibió el chino Mo Yan, y en 2019, cuando le fue concedido a la polaca Olga Tokarczuk. ¿Qué revela lo anterior? La ruptura entre los libros al alcance del lector promedio y las tendencias de ciertas literaturas. Ante dicho fenómeno cultural hay dos interpretaciones. Por un lado, los apocalípticos —término de Umberto Eco— señalan al mercadeo como el responsable de establecer el canon de lecturas. Semejante postura encuentra respaldo en las ideas expuestas por Mario Vargas Llosa en el ensayo La civilización del espectáculo. Allí el peruano llama a la publicidad la madre y la maestra del mundo, cargo antes concedido a la Iglesia católica. En la otra trinchera se ubican quienes, por el contrario, se toman las cosas con calma y señalan que los nombres más votados en las quinielas anuales —Margaret Atwood, Haruki Murakami, Mircea Cartarescu— no son inventos de las agencias publicitarias. Ambos concluyen algo similar: el talento no basta para ocupar los lugares de honor en los estantes de las librerías o en las listas de mejores ventas.   

Discusiones aparte, el premio a Abdulrazak Gurnah abre la puerta al lector occidental de explorar registros escriturales ajenos a los hegemónicos —estadounidenses o europeos, para ser precisos—. Hasta la fecha cinco africanos han obtenido el Nobel de Literatura. Dos de ellos de piel blanca —los sudafricanos J. M. Coetzee y Nadine Gordimer—. Sin embargo, esta idea también es puesta en duda. Ninguno de los cinco, por ejemplo, publica sus obras en las lenguas nacionales africanas. Desde luego, esta es una de las consecuencias del colonialismo europeo, tema principal del arte y las letras del continente negro. Gurnah cuestiona la validez de entender la literatura a partir de etiquetas geográficas: “No estoy seguro de si existe un canon de literatura africana oriental. Es un asunto controvertido. Pero si estás hablando desde el punto de vista de una institución occidental o de fuera de África, es posible confeccionar una lista de libros que podrían conformar ese canon”, dice en un texto académico de la UCLA. 

Antes de darse a conocer la escogencia del tanzano medios internacionales coincidieron en el keniata Ngũgĩ wa Thiong’o como el más fuerte candidato de África. Para muchos estudiosos la obra de Thiong’o profundiza con mayor crudeza y valentía en las contradicciones del colonialismo y en las fisuras de los procesos independentistas. No obstante, por su edad y por las políticas del comité sueco se teme que él engrose la fila de los ignorados por el premio del inventor de la dinamita. Y este es uno de los puntos polémicos del Nobel de Literatura. Los latinoamericanos no olvidamos la negativa de los suecos de refrendar con la presea la escritura de Jorge Luis Borges. La relación no termina ahí e incluye escritores trascendentales del siglo XX: Virginia Wolf, León Tolstoi, César Vallejo, James Joyce, George Orwell, Chinua Achebe, Ledo Ivo y Philip Roth. 

Mientras cocinaba Abdulrazak Gurnah recibió la noticia que partió su vida. Según informó a las cadenas inglesas de noticias, al principio pensó ser el blanco de una broma. Luego, con el peso tremendo de la llamada de la Academia, cayó en la cuenta de la importancia de esa mañana en su periplo vital. Cada octubre el premio Nobel lleva la literatura a las primeras páginas de los diarios y a los minutos de rating alto en la televisión. Los lectores del mundo se familiarizan de inmediato con la grafía de un nombre desconocido. También husmean entre conocidos y amigos a ver quién había leído al señor cuyo rostro está en todos los medios noticiosos. El Nobel siempre da tela para cortar. Este, no hay duda, no fue la excepción. 

 

 

 

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