El monstruo sísmico de los falsos positivos

"A esta luz, ¿cómo debería llamarse de verdad el gobierno de la supuesta Seguridad Democrática"

Por: Carlos Tamara
febrero 24, 2021
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El monstruo sísmico de los falsos positivos
Foto: Pixabay

Un monstruo recorre Colombia. La JEP ha divulgado una cifra de muertos poco menos que exorbitante como habiendo ocurrido una mini pandemia de falsos positivos durante el gobierno de la Seguridad Democrática. Un análisis aparecido el domingo pasado en El Espectador de las cifras divulgadas e irrefutables de la JEP pone el dedo en la llaga departamento por departamento.

Sin embargo de alguna manera tal análisis se queda corto.

Por ejemplo, si la muerte de 6.402 víctimas no eran guerrilleros, cómo se puede seguir admitiendo el nombre de Seguridad Democrática asignado a aquel gobierno.

Por qué se concentraron las muertes en Medellín (1.613 víctimas) si tal ciudad no estaba siendo el epicentro de la acción de ningún grupo guerrillero. Qué estudio militar o acto administrativo de guerra pudo haber soportado tan continuamente tal desastre. Acaso provenía de ejercicios gubernativos anteriores desde la gobernación de ese departamento. Qué relación pudo tener todo este asunto con las guerras abiertas de la mafia y otras cohortes criminales. Al servicio de quién estaban esas muertes pues, estaría probado, no eran a beneficio de la seguridad del Estado.

Esto de por sí supone que el Centro de Memoria Histórica, si estuviera bien dirigido, debe tomar cartas en el asunto y desnudar muchas de las aseveraciones y denominaciones políticas e ideológicas, sobre las cuales pudiera fundarse una nueva concepción de los contenidos, tanto como de las formas, de lo realmente ocurrido.

Pero hay más elementos escalofriantes en todas esas historias. Debía ser absolutamente evidente para los victimarios y los autores intelectuales que estaban produciendo crímenes. Una persona que viaja desde Soacha a alguna parte de Santander o Santa Marta engatusado por ganarse unos pesos, se sabe de calle, que no puede ser un guerrillero. Además, se necesitaría un arrojo especial para, siéndolo, acudir a alguna brigada y seguir fingiéndolo en las mismas barbas del enemigo. Para meterse en la boca del lobo, ¡se necesitaría una sagacidad y un arrojo de ficción fílmica que ni siquiera MacGyver, o 007, ni superhéroe de Marvel pudieran ostentar!

Eso sin mencionar que los estudios militares, incluso los estudios elaborados de guerra psicológica, levantan perfiles tipo CIS de cómo se comporta un guerrillero. Y en eso forman milimétricamente los altos mandos militares que, ahora se sabe, de alto mando no tenían nada. Un guerrillero tendría su propia facha, un psiquismo especial. Y si las víctimas eran a veces retrasados mentales o incapacitados pues mucho más evidente el contraste.

Y el asunto es, ¿entonces cómo pretendían ganar la guerra si los combates contra la guerrilla se subvertían? ¿Qué clase de forma de lucha, absolutamente novedosa, era esa para enfrentar la sedición? ¡Algo se pudre en Dinamarca! Aquello estaba siendo y así debería concebirse ahora, como una subversión de la guerra. Y una subversión del Estado a partir de la toma de su aparato militar y de defensa, por el crimen institucional desembozado.

Y esos crímenes fueron subvencionados con dineros del Estado, luego sus presupuestos de funcionamiento también fueron subvertidos y puestos al servicio del crimen y el asesinato de civiles inocentes y en condiciones absolutas de indefensión. Y si provenían de fuentes internacionales, como de los Estados Unidos, ¿cuál sería la responsabilidad de este país en este peliagudo asunto? ¿Cuándo sale a flote de haber alguna complicidad solapada y silenciosa?

Es claro que el sentido de esa guerra contra la guerrilla estaba siendo amangualado y convertido en un negocio. No para traer la paz que supuestamente debería venir con el triunfo sobre la subversión, sino contra la propia población inerme de ciudadanos. Había sido subvertida hasta trocarla en una guerra contra el pueblo de Colombia.

Pero en algunos casos hubo unas alevosías que claman al cielo. Cuando se averiguó de algunos crímenes flagrantemente perversos y mentirosos, se plantaron falsas armas, falsos tiroteos y los altos mandos se tragaban ingenuamente el cuento, como si estuvieran siendo unos angelitos del Señor. Y es que desde sus mandos no estaban precisamente recogiendo café.

Es indudable que aquí rebosan ríos caudalosos y amazónicos de cobardía. Cobardía que se ha estado haciendo más ostensible cuando avanzadas las investigaciones se remite la culpa a los soldados. Es decir, pueblo sometido a un mando militar, matando pueblo engatusado y en la miseria que moría por intentar ganarse unos pesos. Y luego giraban campantemente o entregaban personalmente los dineros a los supuestos héroes que estaban ganando la guerra.

Pero no eran ellos los que recibían las recompensas. O sea que también los habrían robado.

Esto es de una crueldad moral y de una inferioridad moral que no tiene nombre. Y luego se espantan del karma de Colombia.

El Espectador relieva el caso espeluznante del Batallón La Popa. Su teniente coronel al mando, de cuyo nombre no quiero acordarme, “fue condenado (…) por alterar actas oficiales, y por conformar un grupo especial llamado Zarpazo responsable de 18 homicidios presentados falsamente como bajas en combate”

La noticia no dice que hayan muerto en los Montes de María. Fue en la propia Cartagena que, desde aquella época de La Heroica jamás habría vuelto a ser epicentro de grupo guerrillero alguno. Entonces, ¿cómo es que el supuesto Alto Mando Militar, no se daba por enterado de semejante desproporción y burla desfachatada? ¿Quiénes conformaron el grupo Zarpazo? ¡Mire usted qué imaginación! Muestra una dinámica por fuera del estamento militar, una fuerza paramilitar desembozada y financiada por el gobierno. ¡Eso es subversión del Estado!

Y nadie, ni siquiera los Ministros, ni el Presidente de la República, se percataba de tan desproporcionado avance de las fuerzas del orden contra los supuestos frentes guerrilleros.

Contrasta esto pues en el Cauca donde posiblemente si había grupos guerrilleros las bajas fueron de 266 y en el Caquetá 344. No podían decir que estaban ganando la guerra.

¡Y en Medellín, 1.613! ¿Por qué se privilegió a Medellín para matar?

Lo que están diciendo estas cifras es que la guerrilla se había desplazado hacia las ciudades de manera harto clandestina. Pero ningún estudio de inteligencia militar lo estaba sosteniendo así. Claro, no podría decirlo porque habría sido otro falso positivo todavía más grande. Implicaba la subversión de todo el aparato ideológico político y operativo de Inteligencia Militar, aunque, de alguna manera de facto lo habrían implementado.

Y en Antioquia, en el Oriente hubo casi la tercera parte: 501 muertos. ¿Qué había, oro quizás, por esos tiempos en esa zona? ¿Había otro negocio tras bambalinas además de las recompensas? ¿De allí sobrevinieron todas las ofensivas mineras que luego siguieron en Colombia? ¿Quiénes se quedaron con el negocio minero? ¿Hubo transnacionales detrás de esos negocios? ¿Fue la defensa o lanzamiento del negocio minero transnacional al servicio del imperio, que además puso la plata, lo que realmente generó y produjo los falsos positivos en Colombia?

Dice El Espectador: “Incluso según Human Rights Watch el inspector general del Ejército 2009, (…) les dijo a diplomáticos estadounidenses que (…) le ordenó detener las investigaciones relacionadas con falsos positivos porque “estaban minando la moral de los oficiales”

¡Cuánta desfachatez! ¡Qué soberbia ignominia! Todo esto revela que hubo un golpe de Estado. A esta luz, ¿cómo debería llamarse de verdad el gobierno de la supuesta Seguridad Democrática? No se pueden encarar las realidades supérstites sin acabar concluyendo que la refundación del Estado se había tomado el poder, con el beneplácito de los Estados Unidos de América.

Refundación lograda a costa de 6.402 víctimas inocentes. ¡Y el rancho ardiendo!

No hay gota homeopática suficiente, ni siquiera a cántaros, para dejar dormir en paz.

¿Por qué el presidente actual, así como salió a recibir la vacunas, no frentea la situación derivada de las aseveraciones de la JEP? ¿Qué dirá el Congreso o hará mutis por el foro?

Los falsos positivos tienen toda la característica de ser un movimiento sísmico, es decir, genera un horizonte de sucesos. Alguna lava miasmática todavía no ha salido a flote. Sabemos, por leyes cosmológicas, que el universo no se queda con nada. Toda esa energía se hará materia.

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