El Loco Barrera, el narco que se quemó los dedos para que nadie lo identificara

Su alianza con las Farc lo hizo imbatible. Era el hombre más buscado del mundo. Hoy una carta suya desmintió al abogado De la Espriella: no tuvo nada que ver con Petro

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Diciembre 14, 2018
El Loco Barrera, el narco que se quemó los dedos para que nadie lo identificara

En el 2001 el Loco Barrera era el segundo hombre más buscado del  mundo. Sólo lo superaba Osama Bin Laden, el cerebro de los atentados a las torres gemelas. Es que sólo Chupeta, ayudado por el Chapo Guzmán, lo superaba: el promedio que tenía al día era el de meter 5.000 kilos de cocaína al mes entre los años 1998 y 2000 en los Estados Unidos. Toda una invasión. Él resume el clásico ejemplo de como un simple raspachín se convierte en Capo de Capos.

Su asenso se debió a que él mismo compraba la base de coca a los campesinos y él mismo traficaba. Ahí empezó su larga y fructífera relación con las Farc. Él fue quien se dio cuenta del crecimiento que tenían en el negocio del narcotráfico las Farc fomentado por John 40, quien actualmente comanda una de las disidencias y el negro Acacio. Los hombres que respaldaban sus operaciones eran dos ex integrantes de las AUC, Pedro Oliverio Guerrero, alias Cuchillo y alias Pirata. Poco a poco fue creciendo hasta ser uno de los más crueles, ricos y excéntricas.

Al popularizarse su nombre Barrera optó por irse a vivir a Venezuela. Allí siempre se movilizó en vehículas de baja gama. Se cuenta que tuvo cinco Chevrolet Spark de diferentes colores. Eso lo hacía en sus días en San Cristobal pero cuando se desplazaba a otros lugares turísticos de Venezuela lo hacía con sus carros prefereidos: Porshe, Mercedes Benz, Alfa Romero y Jaguar. Incluso uno de las peores rabietas que tuvo el Loco fue cuando su hijo estrelló en Venezuela, con pérdida total, un Porshe. Fue en la Isla de Margarita donde pasó el accidente. Dicen que el Loco se preocupó más por la suerte del auto que la de su hijo.

El loco tenía dos casas, una en la Delta del Tigre, en Argentina y otra en Venezuela. En Buenos aires vivía su esposa y en San Cristobal recibía a sus amantes. Nunca se contaron entre ellas, a diferencia de lo que sucedía con otros capos de la mafia, modelos, actrices o reinas de Belleza. Incluso una de ellas tenía 55 años y era la mamá de tres hijas. Cuando el cerco sobre él se estrechaba, decidió poner sus dedos en un sartén hirviendo y se quemó las huellas digitales.  Aunque su base de operaciones eran los Llanos Orientales, en donde andaba como Pedro por su casa gracias a su alianza con Bacrim, Autodefensas y Farc, el Loco se movía con solvencia entre Uruguay, Argentina y Venezuela. Su pasaporte estaba lleno de sellos que hacía el mismo desde su casa. Todo lo falsificaba. Una de sus obsesiones era el ciclismo, con el que perdió más de cuarenta kilos. En la finca de Guanare en Venezuela donde lo atraparon le encontraron más de 40 bicicletas.

Lo increíble es que al loco lo entregó la gente que más quería. Un primo lo entregó a cambio de $5.000 millones que era lo que le ofrecían de recompensa. Desde el 2012 está preso en una cárcel norteamericana. Después de 6 años de silencio un trino del abogado De la Espriella lo volvió a poner en el ojo del huracán: se le sindicaba de que era el hombre que le había entregado el efectivo a Petro que sale en el controversial video. Esta carta, emitida desde Estados Unidos, despeja cualquier tipo de dudas.

 

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