El proyecto Click Living en La Macarena reabre la discusión sobre si la construcción privada aporta o aprovecha el patrimonio histórico de la zona

 - El jugoso negocio de vender apartamentos en La Macarena amenazando el encanto que el barrio construyó durante años
Texto escrito por: Ynske Boersma

¿Qué es lo que vende el proyecto de construcción Click Living, promovido por la constructora Arquitectura y Concreto en el barrio histórico bogotano La Macarena? La respuesta parece sencilla: apartamentos nuevos. Pero basta revisar la publicidad del proyecto para descubrir algo mucho más interesante. Las imágenes y los mensajes no hablan únicamente de cocinas, balcones o acabados. Hablan de vivir cerca del Centro Internacional, de caminar hasta las universidades, de disfrutar la oferta gastronómica de La Perseverancia y La Macarena, de acceder a los principales escenarios culturales, al centro político del país, a parques, museos y servicios. En otras palabras, el verdadero producto no son solamente los metros cuadrados: es la experiencia de vivir en uno de los lugares más valiosos de Bogotá.

Ese fenómeno no es exclusivo de Colombia. Hoy ocurre en las ciudades más atractivas del mundo. Quien compra o renta una vivienda cerca de Roma Norte en Ciudad de México, del Paseo de Gracia en Barcelona, o del Barranco en Lima, no adquiere únicamente un inmueble. Nadie viaja a París para conocer un edificio de apartamentos. Viaja para experimentar París.

Del mismo modo, pocos compradores llegan a La Macarena únicamente por el diseño del edificio. Lo que buscan es vivir cerca de la Plaza de Mercado de la Perseverancia, caminar hasta los museos, asistir a los teatros, recorrer las Torres del Parque, el Bosque Izquierdo, disfrutar los restaurantes del barrio o llegar en minutos al centro institucional de Bogotá. El apartamento es el vehículo; la verdadera compra es la experiencia urbana acumulada durante generaciones. La Macarena, La Perseverancia y Bosque Izquierdo forman parte de esa misma lógica.

Su atractivo no apareció con el último proyecto inmobiliario. Es el resultado de un largo proceso de construcción colectiva: espacio público, patrimonio arquitectónico, universidades, instituciones, parques, cultura, gastronomía, seguridad, infraestructura y una identidad urbana que convirtió al sector en uno de los más reconocidos de Bogotá.

Ese patrimonio constituye un verdadero capital territorial acumulado. Es precisamente ese capital el que hoy atrae al capital empresarial y financiero.

Por eso, el debate sobre la densificación necesita cambiar de enfoque.

No basta con preguntarse si un proyecto cumple las normas urbanísticas o paga las cargas exigidas por la ley; tampoco con celebrar la inversión privada o el aumento de la oferta de vivienda o de empleo. La verdadera pregunta es otra: ¿qué aporta ese proyecto al patrimonio urbano que hizo posible su propia rentabilidad?

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La historia demuestra que los mejores proyectos son aquellos que no solo aprovecharon un lugar valioso, sino que lo hicieron aún más valioso. La Plaza de La Perseverancia, construida en la década de 1930, dejó un espacio público que hoy hace parte de la memoria de la ciudad. Las Torres del Parque, en los años setenta, demostraron que un desarrollo inmobiliario podía convertirse también en patrimonio arquitectónico de Bogotá. Más recientemente, para el 2017, la III Estación de Policía de La Macarena fortaleció la presencia institucional y la calidad urbana del sector mediante una arquitectura contemporánea y de conservación integrada a su entorno.

Todas estas obras hicieron algo más que ocupar un predio: aumentaron el capital territorial del barrio. Ese debería ser el verdadero estándar para evaluar los nuevos proyectos.

Si un desarrollo obtiene parte de su valor gracias al prestigio construido por generaciones anteriores, ¿no debería también dejar una nueva contribución para las generaciones futuras? No solo mediante impuestos, cesiones o cargas urbanísticas, sino a través de una arquitectura ejemplar, mejores espacios públicos, mayor calidad paisajística, integración con el patrimonio, sostenibilidad ambiental y nuevos lugares que enriquezcan la experiencia urbana de toda la comunidad.

Quizá esa sea la pregunta que Bogotá debería comenzar a formular cada vez que se anuncie “un gran proyecto” en uno de sus barrios consolidados: Dentro de cincuenta años, ¿podrá decirse que ese proyecto hizo más valiosos la Macarena, la Perseverancia, el Bosque, el centro de Bogotá, a Bogotá?

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Por Nota Ciudadana

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