El Jaime Garzón de RCN

La línea ideológica del canal arrastró las producciones de entretenimiento, que en su mayoría gozan de calidad técnica, rigurosidad y cuidadosos trabajos actorales

Por: Jaime Wilches y Mauricio Hernández
Enero 22, 2018
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El Jaime Garzón de RCN

Garzón, la novela del canal RCN ha cumplido su primera semana de proyección y, como era apenas previsible, la avalancha de comentarios y críticas ha sido uno de los temas de la semana. El canal defiende la producción como una oportunidad de memoria y reconciliación, pero el público es escéptico de un mensaje que no se ve reflejado en la declarada y polarizante posición ideológica que la empresa informativa ha decidido tomar en los últimos años.

Coherencia interna

En el canal RCN no se explican por qué razón sus producciones están en el destierro de las frías, pero inevitables cifras del rating. Algunos defienden al canal (caso de la actriz Laura Londoño en entrevista realizada el pasado lunes en la emisora la W) y dicen que el rating no es un parámetro para medir la calidad (y no les falta la razón, pues su competidor Caracol televisión lo supera con discretas o apenas aceptables producciones en contenido y calidad técnica). No obstante, los ejecutivos de las grandes marcas no tienen mucho tiempo para análisis cualitativos, y se inclinan por los reportes de las cifras.

No es gratuito que estrellas consentidas del canal de Ardila Lulle hayan migrado a la competencia (caso de las presentadoras Carolina Cruz, Andrea Serna y Jessica Cediel) o que se hayan dado polémicas salidas (como las de Vicky Dávila y Pirry). A esto se suma la soberbia del canal, que llegó a tal extremo, de expresar sin rubor y de manera categórica ser un canal opositor al gobierno y el proceso de paz. De manera errática, los ejecutivos y algunos periodistas del canal quisieron hacer una labor de buenos oficios mostrando su lealtad a la ideología expresada por Uribe y los votantes del “no” al plebiscito por la paz.

El resultado de la decisión de RCN ha sido desastroso. Su línea ideológica arrastró las producciones de entretenimiento, que gozan de calidad técnica, rigurosidad en los libretos y cuidadosos trabajos actorales. Y su alianza con la ideología de lo que representa Uribe, le ha servido para generar prevenciones en las audiencias, pues si hay algo más odioso que las Farc para los uribistas, es que esta posición sea liderada por alguien diferente a Uribe. En otras palabras, la gente cree en Uribe, pero no en quien los acompaña, pues su discurso es visto como algo tan puro, que cualquier apoyo, es visto como oportunismo o banalización.

Todos los medios se deleitan con Uribe y sus dichos, pero RCN se lo tomó muy en serio, y terminó convertido en un portavoz monotemático que espanta a esos mismos que fascinados por las ideologías de la derecha prefieren no hacerlo público. De ahí la sorpresiva votación del “No”, compuesta por votantes que ven en Uribe ese amigo que es mejor no exponer.

Por esa razón, la apuesta de RCN por retratar episodios de la vida de Jaime Garzón es arriesgada y atemporal. Arriesgada porque sus 4-5 puntos (según la firma Ipobe) de televidentes le reclamarán no cuidar el discurso sectario (opuesto a lo que expresa Uribe) que predican al posicionar a un personaje que en dichos sectores no tiene otro calificativo que “guerrillero” o “amigo de la subversión”.

En la otra franja, los que dicen ser defensores de la memoria de Garzón llegarán al extremo de cuestionar que este personaje fuera mujeriego (como si se tratara de hacer la vida de un santo, y no de un ser humano, que logró su espacio en la memoria gracias a su autenticidad).

Y en la franja del medio, están las audiencias que siguen en buena parte a Uribe, pero prefieren no radicalizarse en público, y mostrar lealtad a su líder en una que otra campaña electoral, o algunos mensajes en las redes sociales. Mientras tanto, prefieren ver un entretenimiento que no polarice, discuta o ponga en cuestionamiento sus preferencias ideológicas…y ahí está Caracol, con su humor, sus cantantes y sus narcos no moralizantes.

Ideología de género: ¿novela? ¿serie? ¿documental?

En los días previos al lanzamiento de Garzón, RCN justificó la pertinencia de la historia en los más de dos años de preparación, las cien entrevistas a personajes que lo rodearon y la autorización de dos de los tres hermanos del asesinado humorista. Tienen razón, en los tres argumentos, pero no son los que están en el centro del debate. El punto álgido, está en la elección del género televisivo para afrontar una historia tan dolorosa y con final hasta el momento enigmático (nadie sabe desde el punto de vista jurídico quién mató a Garzón).

Los expertos en televisión coinciden en afirmar que la cuestión del género y el formato es una frontera que se desvaneció con las nuevas condiciones comerciales, la entrada de la televisión paga y la crisis de la novela latinoamericana. Aún, con estos fenómenos, las novelas y su ubicación como espacio de entretenimiento en la franja prime time, todavía cala en las percepciones e imaginarios a de los colombianos. Al respecto:

– Moda que ya pasará: el analista Jonathan González indica que esto no pasará de ser una moda en la que “Hoy todos hablan de Garzón, pero no de su lucha, sino de su novela” con lo que se seguirá alimentando una suerte de amnesia colectiva sobre lo acontecido en el país y que ha sido constitutiva de nuestra impronta identitaria.

– Era para una novela: Marisol Garzón, hermana de Jaime, señala que debería pensarse el género empleado al momento de hacer un ejercicio conmemorativo. La pregunta que parecería cobrar vigencia e importancia en el análisis es si ¿la telenovela se constituye como el más adecuado al momento de preservar la memoria de algo o de alguien? De esta pregunta se desprenden otra ¿Es posible que un género (cuyo fin es el entretenimiento) alcance fines educativos?

– Ejercicios de memoria: ¿No será acaso pretencioso atribuir funciones moralizantes, conmemorativas y ejemplarizantes a una telenovela? ¿Si el interés es conducir a la reflexión y al análisis, por qué no recurrir a otros géneros que parecerían ser más adecuados para estos propósitos como lo son el documental o incluso una película? El diablo está en los detalles, y bajo este caso particular parecería que RCN (en una salida en falso) se expuso a un ejercicio exacerbado en función de sus fines trayendo o provocando sobre la audiencia mensajes equívocos.

– Necesidad vs convicción: a diferencia de la novela sobre Pablo Escobar, producida por Caracol televisión (el canal preparó a las audiencias con tres producciones previas sobre narcos), RCN lanza a “Garzón vive” más como un salvavidas por volver a sus viejas glorias –Café, Betty la Fea, El Fiscal—, que por un interés genuino de hablarle al país. Si se vale la redundancia es un esfuerzo forzado y carente de naturalidad.
Elogio al olvido

Aunque no pareciera, la memoria y la conmemoración no dan para todo. Elizabeth Jelin, socióloga argentina, apunta a señalar que las memorias sociales se construyen a través de prácticas y de “marcas” las cuales pueden adquirir diferentes formas. Así, por ejemplo, habla de monumentos, memoriales y marcas territoriales; espacios físicos públicos que se transforman en lugares con significados particulares. Jaime Garzón cuenta con estos espacios

– La escultura en bronce fundido ubicada en el barrio Quinta Paredes y realizada por Alejandro Hernández.

– La declaración del 13 de agosto (día de su asesinato) como el Día Nacional de La Esperanza, en homenaje a su memoria y que se encuentra respaldada por la ley 1491 de diciembre 26 de 2011 “por la cual el Congreso de la República honra la memoria del abogado, pedagogo, periodista y analista político Jaime Garzón, en reconocimiento a su labor social, periodística, política y cultural”.

A lo anterior se podría sumar y dejar en el aire el interrogante de si hoy en día llegan a ser tan necesarios como pertinentes los ejercicios de memoria desde medios de comunicación de un personaje como Jaime Garzón, el cual no deja de ser polarizante y si estos son los vehículos apropiados para dicho propósito (como lo señalamos unas líneas atrás).

Con todo y lo política y moralmente incorrecta que pudiese parecer, nos encontramos con las tesis de David Rieff en sus textos: Contra la memoria (2012) y Elogio del olvido. Las paradojas de la memoria histórica (2017) podría haber lugar para pensar la memoria colectiva no tanto como un imperativo moral (deber) sino como opción (derecho).

Esto nos coloca ante una situación particular en la que se habría de reflexionar si es necesario continuar con el deber tradicional de preservación y promoción de la memoria o, por el contrario, la opción del olvido (como reto pero también como derecho) no en aras de promover un “borrón y cuenta nueva” o, en términos del mismo Rieff, una suerte de “amnesia premeditada” o de “alzhéimer moral” sino como posibilidad misma de elección en búsqueda de nuevos mecanismos de reconciliación disímiles a la preservación de la memoria, toda vez que “en muchos lugares del mundo, no es la renuncia sino el apego a la memoria la causa aparente de que las sociedades sean inmaduras”.

Se abre así un panorama tan problemático como interesante pero no por ello menos descabellado al momento de pensar fenómenos televisivos como el aquí examinado. Habría que ver hasta qué punto la pretensión conmemorativa, más allá del entretenimiento, es realmente un objetivo acertado que se pueda alcanzar o, en otras palabras, si efectivamente la telenovela, como género, se convierten en un vehículo apropiado para tramitar la memoria y la conmemoración de uno de los capítulos más dolorosos de nuestra violencia política.

La cuestión no es menor, porque la reflexión ahonda mucho más, a punto acentuar no tanto en qué o a quién se recuerda sino cómo y a través de qué mecanismos se rememora ello.

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