'El irlandés', la carta de Netflix para ganar el Óscar

'El irlandés' es la perfecta reunión de Martin Scorsese, Robert De Niro, al Pacino y Joe Pesci en tres horas y media de una obra de arte fílmica.

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diciembre 01, 2019
'El irlandés', la carta de Netflix para ganar el Óscar

Los amantes del cine sabemos de sobra que Martin Scorsese es una leyenda del séptimo arte. El neoyorquino nos ha regalado verdaderas obras de arte, que hacen parte de la lista del canon del cine, de esos filmes que no deben faltar en la filmografía mental de todos, como 'Taxi Driver', 'Buenos muchachos', 'Pandillas de Nueva York' o 'El aviador', entre otras.

Por esa razón, cuando su nombre aparece junto al título de un nuevo filme, esperamos ansiosos por correr a la sala de cine a verla, porque es garantía de que nos encontraremos con una buena historia, contada de forma magistral a partir del buen uso de los recursos técnicos.

Como era de esperarse, con su nuevo filme, 'El irlandés', Scorsese no decepciona. Este es uno de sus proyectos fílmicos más ambiciosos, se dice que costó cerca de 160 millones de dólares, y, para ser sincero, el neoyorquino hizo valer cada centavo, porque nos entrega una obra de arte que tiene toda la madera para convertirse en una película de culto de la generación del streaming.

Y hablo de la generación del streaming porque, si bien 'El irlandés' se puede disfrutar en salas de cine seleccionadas (Tonalá, Cinemanía y la Cinemateca Distrital, entre otras) desde el 21 de noviembre, estará disponible en Netflix a partir del 27 de ese mismo mes.

'El irlandés' es una adaptación del libro biográfico 'I Heard You Paint Houses' ('Escuché que pintas casas') de Charles Brandt, que nos cuenta la historia de Frank Sheeran (Robert De Niro), un veterano de la Segunda Guerra Mundial, que trabaja como camionero y se involucra con el crimen organizado de Filadelfia, para convertirse en un sicario y hombre de confianza de la mafia, especialmente de la familia Bufalino, teniendo como amigo cercano a Russell Bufalino (Joe Pesci).

Estar tan cerca al crimen organizado le abre paso a Sheeran para hacerse una carrera en el sindicalismo camionero y la política estadounidenses, de la mano del líder sindical James 'Jimmy' Hoffa (Al Pacino), cuya desaparición, aún sin resolver, es muy conocida y recordada en Estados Unidos, especialmente en la cultura pop, y termina siendo esencial en este filme.

Este relato de poder, amistad, política, mafia y familia, cuyo guion es escrito por Steven Zaillian ('American Gaster' y 'Pandillas de Nueva York', entre otras), es también un retrato de la sociedad y la condición humana, que se narra desde la voz de un anciano Sheeran, que recuerda lo malo y lo bueno de haberse involucrado tan de cerca con el crimen organizado, con el perfecto tono nostálgico que solo un anciano puede tener y que logra de manera espectacular la impresionante actuación de De Niro.

Con los nombres de De Niro, Pacino y Pesci es innecesario y casi redundante hablar de la poderosa calidad del reparto, que también incluye a personajes de la talla de Harvey Keitel, Bobby Cannavale, Anna Paquin, Stephen Graham, Jesse Plemons y Ray Romano. Las buenas actuaciones están garantizadas y no decepcionan ni un solo segundo, sobre todo porque, desde el guion, los personajes (especialmente los principales) están construidos magistralmente, dejándonos ver cada parte de su personalidad y de su alma en toda su profundidad.

A esto le sumamos la hermosa fotografía del experimentado mexicano Rodrigo Prieto ('Amores perros', 'Argo' y '21 gramos', entre otras), que nos entrega encuadres y movimientos de cámara que no solo son llamativos por su belleza, sino también porque ayudan en el relato, potenciando el gran trabajo que se realiza en el diseño de producción, destacando edificaciones y otros detalles del viaje por diferentes épocas que es este filme.

Pero, además, la fotografía se convierte en un personaje más, en un elemento que potencia las sutilezas, las crueldades y todas las sensaciones que quiere generar el filme, en el momento específico. Además, la fotografía, sumada a un gran trabajo de edición, también hace juego con el ritmo del filme y, de la misma forma, con las sensaciones que quiere generar, como un plano secuencia para hacer ágil un momento caótico o movimientos rápidos de cámara para que el espectador se sienta más involucrado y atento durante una conversación.

Ya que hablamos de sensaciones, vale la pena mencionar que 'El irlandés' juega con todo tipo de géneros y lo hace de forma magistral: el eje central es un drama, pero se mueve entre la comedia (negra y muy bien trabajada) y el suspenso (que te pone al borde de la silla, sobre todo cuando se narra la desaparición de Hoffa), con un toque de acción y cine noir.

A todo esto hay que sumarle la maravillosa mezcla de elementos, técnicas y tecnologías clásicas y modernas. Por ejemplo, el filme narra la muerte de casi todos los personajes que aparecen con textos que salen en la pantalla en el mismo momento en el que congelan la imagen, con un estilo que recuerda a películas viejas. Pero, por otro lado, podemos disfrutar de ver a Al Pacino, De Niro y Pesci jóvenes gracias a las técnicas de CGI de rejuvenecimiento y envejecimiento, que permiten jugar con los saltos temporales que hay durante toda la película. Y, como eso, podemos ver combinaciones de elementos modernos y clásicos en todo: la música, las luces, el color, el estilo visual...

De momento, todo lo que he dicho parece hablar de la película más perfecta jamás creada, pero no es así y, al menos en lo personal, tengo algunos reparos. El primero tiene que ver con el uso del tiempo y el CGI que mencioné antes. Los saltos temporales no vienen acompañados de nada que alerte al espectador, entonces, por momentos se entra en un caos en el que no se sabe bien en qué período de la historia que se narra estamos ubicados y apenas notamos los cambios temporales por los rasgos más o menos juveniles de los personajes, que a veces es difuso y llega a confundir.

Por otro lado, tengo reparos con el ritmo y una parte del guion. No hablaré de errores, porque no creo que lo sean, sino de problemas normales de una historia compleja como esta.  Paso a explicar: el filme tiene tres etapas, en cuanto a ritmo, desde mi perspectiva. En la primera,  va acelerando de forma acertada y fluida, enganchando al espectador. Sin embargo, en la mitad parece que hubieran puesto el freno de mano y frena en seco. El filme, que ya traía un grado de caos manejable, se vuelve una tormenta caótica, llena de nombres y acontecimientos, que uno no termina de comprender completamente y se tornan difíciles de digerir. Luego de pasar ese bache, la película toma ritmo, para llegar a un final que nos deja comprender completamente lo que intentaban contar Scorsese y Zaillian.

Pero hay una solución para los problemas antes mencionados, que está precisamente en que Netflix sea la distribuidora: verla en cine por disfrutar la experiencia de ver en la pantalla la magia de Scorsese y dejarse cautivar por la bella fotografía de Prieto.

Y, luego, cuando esté en la plataforma de streaming (el 27 de noviembre), y a pesar de sus tres horas y media de duración, repetirla con la calma que da tener el control para pausar, devolverse y saborear a su propio ritmo cada parte del filme, entender todo el relato en su complejidad y su cambiante ritmo, para disfrutar a Scorsese, De Niro, Pacino y Pesci en toda la extensión de su talento, como si uno no estuviera viendo la película, sino catándola, igual que uno de los mejores vinos.

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