En 2021, con 19 años, Zion Hwang aterrizó en Bogotá para aprender español. Ese día no sabía que el único riesgo de venir al país era que quisiera quedarse. Se instaló en Engativá, donde vivía un amigo pastor de su padre. En su primera noche, salió a buscar comida y casi lo roban con cuchillo en mano, pero persiguió al ladrón y recuperó el botín.
Aquella experiencia, que habría atemorizado a la mayoría de extranjeros que visitan el país fue para él una señal de que estaba en el lugar correcto. Así empezó su historia en Colombia.
Aprendió el idioma hablando con la gente en la calle. "Qué chimba", "parce", "de una" y "no dar papaya" empezaron a entrar en su repertorio de frases de combate para la experiencia de ser coreano en tierras remotas. Además, descubrió la changua, la bandeja paisa, el ajiaco y los corrientazos, protagonistas frecuentes de los videos con que ha alcanzado la cifra de 15 millones de seguidores en redes sociales.
Ese mismo año abrió en Bogotá el restaurante de comida coreana Arirang. Durante la pandemia, el negocio estuvo cerca de cerrar. De nuevo, Hwang sacó a relucir el tesón coreano y comenzó a dictar clases virtuales de su idioma. Paralelamente, publicaba videos comparando la cultura de su país con la colombiana.

El crecimiento fue progresivo. Pasóde escasas reproducciones a millones de visualizaciones gracias a un formato basado en recorridos por barrios, plazas de mercado, restaurantes populares y conversaciones espontáneas con los colombianos de a pie. Un hit intercultural que lo tiene como el extranjero radicado en Colombia más exitoso en las redes sociales.
Una muestra del reconocimiento llegó en febrero de 2026, cuando fue invitado a The Juanpis Live Show. La entrevista, titulada "Acá usted me habla español, Zion Hwang. Nada de Konnichiwa o Wakarimasen" ya supera los 11 millones de visualizaciones en YouTube.
Una infancia de sacrificios entre Corea y China
La historia de Zion comenzó a 830 kilómetros de su casa. Cuando tenía apenas siete años, su padre decidió enviarlo a estudiar a China convencido de que aprender mandarín le allanaría el camino hacia el trabajo honrado y la estabilidad económica. Estuvo diez años en un internado. Allí, lejos de sus padres y sus costumbres, aprendió a cocinar, lavar su ropa y vivir solo. Una hazaña aún más grande que la que habría de realizar, años después en Colombia, con su trabajo en redes sociales.
Tal como le sucedería años después en su experiencia bogotana, los días de adaptación a una cultura diferente fueron tortuosos. Sin dominar el idioma, sufrió burlas y agresiones por parte de otros estudiantes. De ese modo, aprendió a callar lo que ocurría para no preocupar a su padre.
Después apareció el baloncesto. Sin embargo, un grave accidente de tránsito acabó con la ilusión familiar de que se convirtiera en ídolo deportivo. La depresión fue inevitable. En el peor momento de su vida, apareció Colombia en el mapa de sus opciones para salir de la crisis.

Conquistador en tierras lejanas
Mientras la mayoría de influenciadores colombianos construyó su audiencia desde el humor, la música, el entretenimiento o los videojuegos, Zion encontró un camino distinto: mirar a Colombia con ojos de extranjero. Tal vez sin quererlo, de ese modo, encontró un tono que ocasiona risas a propios y extraños y lo tiene en la cima de los influenciadores en el país.
Sus videos más exitosos muestran recorridos por plazas de mercado, comidas típicas, pequeños negocios familiares, viajes por municipios y comparaciones entre las costumbres de Corea del Sur y Colombia. En lugar de exhibir autos deportivos como futbolista o cadenas de oro como reguetonero, convirtió la vida cotidianidad de los colombianos en el mayor atractivo de sus contenidos.
Con cerca de 15 millones de seguidores entre TikTok e Instagram, logró posicionarse como el creador extranjero radicado en Colombia con mayor alcance digital. Su comunidad incluso compite en tamaño con la de algunos de los influenciadores colombianos más reconocidos y lo ha convertido en ídolo de miles de jóvenes interesados en la cultura asiática y colombiana al mismo tiempo.
"Coreano en Colombia, ¡qué chimba, home!"
Cinco años después de llegar al país, Zion Hwang ya no habla de Colombia como un destino temporal. En la descripción de su página de Facebook resume su historia con una frase que se convirtió en su eslogan: "Coreano en Colombia. ¡Qué chimba, home!"
En sus videos agradece la llegada al país como un regalo del destino y asegura que esta tierra es su segundo hogar. Ahí está la raíz de su éxito: a pesar de sus ojos rasgados, su piel amarilla y su acento asiático, parece un colombiano más. La jerga, su chispa para contar historias y su acercamiento espontáneo a la cultura local son la innovadora mezcla con el que la sacó del estadio.
Más que enseñar coreano o mostrar su gastronomía, comparte el asombro de quien todavía descubre una nueva expresión, un plato típico o un personaje popular.
Hoy, Zion Hwang representa un caso poco común en las redes sociales latinoamericanas. Llegó como un estudiante extranjero, sobrevivió a un intento de robo en su primera noche, probó la changua y la chicha con gusto. Además, estuvo a punto de perder su restaurante y terminó construyendo una comunidad de millones de seguidores alrededor de una idea sencilla: contar Colombia desde la mirada de un coreano que se decidió por el país porque entendió que el único riesgo que corría era quedarse.

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