El frenazo que los indígenas Barí le pegaron a los Salcedo Baldión

La victoria de Jairo Yáñez en Cúcuta puede abrirle el camino a la derrotada familia política con negocios de minería a los que son oponen los ancestrales indígenas del Catatumbo

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diciembre 15, 2019
El frenazo que los indígenas Barí le pegaron a los Salcedo Baldión

El gran cacique electoral de Norte de Santander, José Felix Salcedo Baldión, supo combinar siempre la política y los negocios. Aliado a su hermano José Vicente encontraron una gran veta para hacerse ricos: la minería. José Vicente inició su carrera profesional como gerente del Banco de Colombia en Barrancabermeja y en 1983 constituyó la Sociedad Minera La Esmeralda Ltda. y en 1991 la Sociedad Minera Río de Oro Ltda, nombrándose representante legal de ambas. A través de estas dos sociedades adquirió dos títulos mineros en el municipio La Gabarra para la explotación de carbón a cielo abierto, el primero en 1991 y el segundo en 1993, cuando su hermano José Félix era todavía el gran barón electoral. Avanzaron discretamente sin hacer ruido, hasta que se hizo pública su pretensión. Como requisito legal la Corporación Autónoma Regional de la Frontera Nororiental —Corponor— anunció en diciembre de 2018 una audiencia pública y llamó a las empresas mineras de Salcedo Baldión a socializar los proyectos con los campesinos y los indígenas Barí que habitan la región donde sería la explotación. Un requisito obligatorio para otorgar la licencia ambiental.

La voz de los pobladores, marginados durante siglos, no tardó en hacerse oír. La audiencia se llevó a cabo en febrero de este año en Tibú. La Sociedad Minera La Esmeralda, que tiene tituladas más de 4.000 hectáreas para la explotación de carbón, prometió cerca de 400 empleos directos y otros 1.500 indirectos, pero recibieron un No rotundo por parte de los campesinos organizados en la Asociación Campesina del Catatumbo—ASCAMCAT— y el Comité de Integración Social del Catatumbo —CISCA— y los representantes indígenas de los resguardos. Allí, en la zona donde se desarrollarán los proyectos, muy cerca del Parque Nacional Natural Catatumbo Barí, están los resguardos Catalaura y Motilón Barí, que tienen procesos para su ampliación; uno desde los años 90 ante el INCODER y otro por la sentencia de la Corte Constitucional C-180 de 2005 sobre la adjudicación de baldíos frente a la constitución y ampliación de resguardos. La tensión en la zona es mayúscula.

Los dos estudios de impacto ambiental tanto de La Esmeralda como de Río de Oro reconocen que “en el área de influencia del proyecto, contrato de exploración y explotación minera […] existe indicio de presencia itinerante de miembros de las comunidades indígenas que integran la etnia Motilón-Barí, quienes realizan actividades tradicionales y de subsistencia”, como se los advirtió el Ministerio del Interior en la certificación No. 56 de 2013. Según las mineras, los trabajos de exploración se realizan a 10 kilómetros del resguardo indígena, pero sin tener en cuenta que los barí son una comunidad seminómada, es decir, aunque tienen asentamientos, constantemente se están trasladando por toda la región y se verían afectados por la zona de influencia de los dos proyectos. Incluso, en el libro Plan de Vida realizado por la Asociación de Autoridades Tradicionales del Pueblo Barí, que ha adelantado manifestaciones en contra de los proyectos mineros, advierte que en esas zonas existen territorios ancestrales que hoy todavía están en disputa y a la espera de ser reconocidos oficialmente.

Aunque José Vicente Salcedo Baldión todavía está esperando que le otorguen las licencias ambientales para sus dos proyectos, con el revolcón en el mapa político del departamento las cosas podrían mejorar. El triunfo de Jairo Yáñez en la Alcaldía de Cúcuta puede despejarles el panorama. El ganador que se ha presentado como un contendor independiente capaz de derrotar al condenado a Ramiro Corzo, a quien esta vez no le resultaron sus movidas desde La Picota, pero todo indica que podría tener cercanía con los Salcedo Baldión.

Yáñez habría recibido el favor de José Félix, quien está preso desde marzo de 2018 por una investigación en su contra que lo relaciona con el tráfico de migrantes.

No es este el único traspiés con la justicia que ha tenido, quien fuera uno de los grandes caciques liberales de Norte de Santander en la década de los 90. Después de que el senador liberal José Félix Salcedo Baldión, quien se inició en la política de la mano del exministro Enrique Vargas Ramírez y se estrenó en el Congreso en 1978, perdiera su investidura en 1994, los apellidos de la casa política de Norte de Santander desaparecieron del mapa. Salcedo Baldión, que había fundado el movimiento Unidad Liberal, era considerado el dirigente más poderoso de la región capaz de poner alcalde, gobernador y elegirse en el Congreso sin mayores dificultades: en la bolsa contaba con cerca de 70.000 votos.

Sin embargo, se le atravesó en el camino una demanda ante el Consejo de Estado que buscaba su muerte política por haber usado su estatus como senador para conseguirle a su familia un lucrativo contrato para la generación de energía eléctrica con barcazas por parte de la firma HMS Global Corporation, representada en Colombia por la sociedad Prevel Ltda. Una sociedad en la que tenía participación uno de sus cuñados.  Salcedo Baldión había aprovechado la crisis energética que vivió el país durante el gobierno de César Gaviria en 1992 para multiplicar su riqueza.

La política tan solo era uno de los negocios a los que le apuntó José Félix Salcedo Baldión a lo largo de su carrera. En los años 80 el congresista compró el Diario de la Frontera, la emisora Radio 900 y contrataba a diestra y siniestra con Centrales Eléctricas del Norte de Santander, con la administración de Cúcuta y la Empresa de Licores de Norte de Santander, mientras junto a su hermano José Vicente mantenía a flote los negocios mineros en los que habían invertido desde la década de los 70 en los municipios de Sardinata, Zulia y Cornejo, corregimiento de San Cayetano.

José Félix Salcedo Baldión actualmente está preso e investigado por tráfico de migrantes.

El alcalde electo de Cúcuta, Jairo Yáñez, logró un acuerdo con Jorge Enrique Maldonado, un empresario al que identifican como la cara del fajardismo en Norte de Santander y fue un viejo aliado de José Félix Salcedo Baldión, para aterrizar en la Alianza Verde después de no haber obtenido el aval del Centro Democrático. Maldonado incluso fue señalado en 1991 de haber participado en un fraude a la Lotería de Cúcuta por 100 millones.

Yáñez logró elegirse con 110.000 votos, derrotando a Jorge Acevedo, el candidato de Ramiro Suárez, y aunque no tenía oficialmente el respaldo del uribismo en Cúcuta, fuentes que conocen la política electoral en la ciudad aseguran que varios líderes del CD habrían movido sus influencias a última hora en favor de Yáñez después de ver que el candidato Iván Javier Gélvez no tenía ninguna posibilidad.

Los Salcedo Baldión nunca se han dado por vencidos y su intención es jugar en forma en los grandes negocios del departamento, principalmente en Cúcuta y el Catatumbo, con mayor razón si los vientos del poder local soplan a su favor.

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