El fraude por más de 160.000 millones en la Cooperativa de Caficultores de Andes

El caso está en la impunidad. Los principales afectados son los caficultores del suroeste antioqueño, a quienes la cooperativa les daba créditos con buenas tasas

Por: Andrés Felipe Ríos Fernández
febrero 26, 2021
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El fraude por más de 160.000 millones en la Cooperativa de Caficultores de Andes
Foto: Pixabay

Alexander Taborda es un pequeño productor que respira café, vive del cultivo y si se cortara no le saldría sangre, sino café, como él mismo lo cuenta. Su tienda Café Prometeo, con el aroma de conocimiento, es un espacio para significar la cultura, pues hace parte de su vida desde varias dimensiones: desde lo político, económico, social y cultural.

Comenzó siendo productor de café en el municipio de Andes, en el suroeste antioqueño, junto a su familia y recientemente inició con su propia tienda. Él recuerda que el café en Europa, especialmente en Inglaterra, se le consideraba la Universidad del Penique, en una sociedad clasista y elitista donde no se podía participar de charlas y debates intelectuales, si no se era una persona privilegiada, por eso las personas sencillas solo podían acceder al conocimiento desde los cafés, al son del diálogo para así poder aprender de sus semejantes. El café es la bebida romántica de nuestros tiempos, que invita a compartir ideas y por eso quisiera que la gente conociera lo que se puede conocer en torno al café. Colombia es el tercer país productor, no obstante, sigue siendo poco consumidor, y paradójicamente, importa este producto de baja calidad a países como Ecuador o Perú para el consumo interno.

El presidente Iván Duque entregó la distinción a la buena gestión del gerente Juan David Rendón Cañaveral, un contador especialista en finanzas de Eafit, al cual destacaron por su “buena” labor en la Cooperativa de Caficultores de Andes en junio 14 de 2019, exaltando su liderazgo. Sin pensar que cinco meses más tarde sería intervenida por la Supersolidaria (Superintendencia de la Economía Solidaria) como consecuencia de las pérdidas millonarias en una cooperativa, que este recibió años atrás con activos de más de 60.000 millones de pesos y que para 2019 dejó una deuda de 160.000 millones.

Taborda, como caficultor y exintegrante de la junta de vigilancia de la cooperativa, dio cuenta desde 2017 cómo quienes son electos en cargos de directivos no compartían los principios y valores cooperativos. “Uno puede tener la razón, y aun así, la denuncia se desmerita si no está en manos de alguien con poder. La sociedad cafetera ha sido muy dogmática y las críticas, aún con fundamentos, no han sido bien recibidas”, asegura este productor de café.

Más sorpresa generó en los veedores, que tras de ladrones, salieron bufones e hinchados, terminaron siendo demandados por injuria y calumnia, pues a principio de 2019 con documentos y pruebas, reconocen que de pronto había inexactitudes en la información, pero no se podían retractar de la verdad, que son las irregularidades evidenciadas al interior de la cooperativa. En segunda instancia, la tutela interpuesta falló a favor de los asociados. Seis meses después se destaparía todo.

En noviembre de 2019 se dio a conocer sobre la pérdida multimillonaria de la Cooperativa de Caficultores de Andes con unos pasivos, que en el último informe que recolectaron los asociados de la cooperativa, registran que asciende a más de 160.000 millones con la deuda al sector bancario. La mayoría del dinero se pierde en la bolsa de Nueva York, con la inversión que hizo el gerente especulando en la bolsa. Con el asesor que contrataron los socios de la cooperativa, denotaron que existe mérito para una acción penal, siguen pendientes de la información del Agente Especial, Alejandro Revollo Rueda, teniendo en cuenta que la pandemia ha sido la excusa perfecta para que no avance el caso y siga en la impunidad.

En la información recabada, registra el directivo Cañaveral teniendo desayuno en Miami con la firma comisionista FCStone, se iba a cazar a Texas o tuvo una glamurosa cena en Suiza al estilo clasista de la sociedad inglesa; mientras que los caficultores eran testigos de cómo se perdía el patrimonio consolidado con años de ahorro y sacrificio con más de medio siglo. Tanto así, que hasta la Junta de Vigilancia, también omitió sus funciones, obstruyeron el control como por ejemplo a un proceso que se le abrió a un consejero y luego se archivó de forma irregular, argumentando simplemente que hay que hacer borrón y cuenta nueva. No cumplieron con las funciones y solo se limitaron a refutar la mayoría de las advertencias de la revisoría fiscal.

La empresa FCStone se presentó en Colombia desde 2014, se comprometieron a mitigar el riesgo y a ofrecer garantías con la fijación de futuros e hicieron todo lo contrario. En primera plana, apareció Albert Scalla, encargado de negocios de café. Esta firma comisionista fue quien prestó el servicio de asesoría y corretaje de bolsa, con los activos de la cooperativa, sin que hasta el momento se sepa qué pasó exactamente y sin que haya respondido por la pérdida del dinero. Los asociados consideran que esto constituye un fraude; serán las autoridades encargadas de dar su veredicto final.

Así como el Agente Especial de Supersolidaria, Alejandro Revollo Rueda, asegura que siguen adelantando negociaciones con todos los acreedores, que son más de diez: Bancolombia, Davivienda, Banco Popular, Banco de Bogotá, Banco Coopcentral, Cotrafa, Confiar, El Banco Interamericano de Desarrollo, entre otras entidades. “Son más de diez acreedores que fueron prestamistas de la cooperativa. El valor puede subir o bajar, porque la mayoría se hizo en dólares, entonces dependiendo del valor de la bolsa incrementa o baja la deuda”, con respecto a la salvación o liquidación de la cooperativa sigue la misma incertidumbre: “Yo no le puedo asegurar que se logre el resultado, porque son muchos los acreedores y muchas las deudas. Aunque sigo pensando que es posible llegar a un acuerdo”. Se muestra confiado y optimista frente al caso, aunque no se sabe cuándo se presentará el informe que dé cuenta de todos los hechos, con sus detalles y además asegura no tener que juzgar a los responsables, porque, según él, eso les compete a las autoridades pertinentes.

La afectación fue bastante desde el punto de vista económico y social, con la pérdida de los ahorros que por décadas efectuaron 3.886 asociados, influyendo en cinco municipios como Andes, Jardín, Betania, Hispania, Ciudad Bolívar y el municipio de un departamento vecino como Chocó, con Carmen de Atrato.

Anteriormente, la cooperativa prestaba servicio de crédito, la principal afectación es que muchos campesinos se ven impedidos para acceder a este servicio en condiciones favorables, para utilizar fertilizantes en sus cafetales. En la cooperativa conseguían un crédito por menos de un 1% mensual, por esto han tenido que emigrar a otras entidades con tasas significativas mayores e incluso muchos tuvieron que dejar de fertilizar sus cafetales. La pérdida más sentida es de tener activos de más de 300.000 millones de pesos producto del ahorro de todos los caficultores, a esta cuantiosa pérdida.

Si algo hay que reconocerle a la anterior administración de la cooperativa es su astucia para ganarse aliados en todos los sectores para defender lo indefendible, como ocurrió en el 31 encuentro cafetero, donde hasta le entregaron una distinción a Cañaveral por su esfuerzo administrando o para otros afectación patrimonial a la entidad. En ese encuentro de dirigentes del suroeste, con presencia del presidente y senadores. Desde el 2018 ya había registros de pérdidas, pasivos que fueron ocultados por la administración, que recibió varias denuncias, pero con oídos sordos en la opinión pública y rechazadas por los actores políticos en entredicho.

En medio de la controversia, está la Universidad de Antioquia, la cual ya sea por acción u omisión de manera negligente o connivente, estuvo acompañando varios proyectos de la Cooperativa de Caficultores de Andes y con el auspicio del gobierno Municipal. En esos días los asociados estaban denunciando y dando a conocer irregularidades que ocurrieron con esta cooperativa con funcionamiento en informes de revisoría fiscal. Los asociados, aceptaban que campesinos y personas a las que se les ha negado la posibilidad de estudiar no dieran mérito a sus denuncias, pero lamentaban y les indignaba aún más que académicos de una universidad nunca hayan prestado atención a estos hechos y de alguna manera hubiesen legitimado una administración corrupta, como la de esta cooperativa y se hayan aliado con actores políticos desde el gobierno municipal, desarrollando proyectos que carecen de una base técnica.

“Teníamos críticas políticas a lo político, pero la crítica a la universidad es que debe ser científica y técnica. Conocimiento de los problemas reales de la cooperativa, puntualmente los que hoy existen en la Central de Beneficio La Chaparrala. Los productores consideran que la academia debería dedicar tiempo al estudio, y total comprensión de estos hechos, y así, corroborar, o desvirtuar la existencia de fallas en el diseño, en la construcción, contratación y la ejecución en este proyecto que costó más de 20.000 millones de pesos; haciendo todo lo anterior, sin tener estudios previos de viabilidad de carácter técnicos, económicos y sociales, cómo lo indican los estatutos de la entidad cooperativa. Se hace mención a este proyecto, ya que fue referenciado como un proyecto exitoso por la U de A; desconociendo los análisis basados en la experiencia, y los conocimientos técnicos, acumulados en años de experiencia, por parte de quienes en su momento expresamos opiniones contrarias”, manifiesta Alexander Taborda.

A la fecha no se sabe qué ha pasado con el proceso o si hay alguna sanción al respecto, ni se sabe qué pasará con la cooperativa, tampoco hay conocimiento sobre qué ocurrirá con los directivos y quienes participaron en el fraude. La pandemia ayudó a que eso quedara opacado y se postergara los términos, como también fue complejo adelantar la investigación para los socios y evidenciar que ha quedado en la impunidad. La pregunta que se hacen es si habrá avances para el 2021 o si verán cómo se pierden empresas enteras en el sector cafetero y no pasa nada. El dinero se perdió en derivados de la bolsa, otro dinero se le adeuda a los bancos y la cooperativa todavía está en riesgo de liquidación y sería viable si se puede llegar a un acuerdo con el sector bancario; la que fue la principal cooperativa de caficultores de Antioquia.

El café es una muestra de un modelo económico sumamente inequitativo a escala global que enriquece a 3 empresas como Nestlé, JAB Holdings y Starbucks con un comercio multimillonario de más de 200.000 millones de dólares, que impacta a 23 millones de familias en todo el planeta, en Colombia son más de 500.000, en Antioquia son alrededor de 79.000 y en Andes cerca de 5.000 familias que dependen del café. En el país lo que más consumen los colombianos es Nescafé y Colcafé, que es el café de peor calidad, que de manera irónica, Alexander asegura que si fuera por él, deberían ir presos o aunque sea tener una multa considerable.

El café también tiene esas contradicciones de la sociedad colombiana, es una materia prima que se exporta con muy poco valor agregado, sujeta a la volatilidad del mercado, actualmente se goza de buenos precios, pero en cualquier momento puede cambiar el panorama, desplomándose los precios e incurrir en una crisis como la de 2013.

Momento donde se juntaron cerca de 10.000 caficultores de toda la subregión del suroeste antioqueño para protestar frente a esta crisis, allí surgió Dignidad Cafetera, organización que luego del paro, agremió grandes, medianos y pequeños cafeteros, buscando que las instituciones estén al servicio de los caficultores, y no al contrario, porque de lo que siempre se han quejado, es que el ente gremial toma decisiones sin contar con la base gremial.

Alexander Taborda proviene de una familia de pequeños productores de café, del corregimiento Santa Inés, de Andes, sembrando dos hectáreas de café con alrededor de 10.000 a 12.000 árboles. En el paro cafetero de 2013 tuvo la oportunidad de relacionarse con grandes empresarios del café que tenían hasta 100 y 200 hectáreas de caficultura. Se unieron personas de todos los sectores económicos y políticos, coincidiendo en lo fundamental, que era defender la caficultura, aun teniendo diferencias en otros aspectos. Esto permitió romper esas divisiones de los cafeteros ricos, a los medianos y los pequeños, lo que les facilitó relacionarse por el bien común económico y social en torno a la caficultura, que es la vida de todos estos pueblos cafeteros.

“La Federación Nacional de Cafeteros es una organización que hace presencia en bastantes municipios del país, incluso es muy reconocida en las zonas cafeteras, es una organización necesaria, pero claramente la forma en que es gestionada resulta no ser la mejor, como la burocratización y lo aislados que se encuentran al no sentar posición por la importación del café, los problemas estructurales como el cambio de relevo generacional, el cambio climático, el costo de los insumos y de capital. También es debido a la falta de cualificación para los caficultores, facilitándoles el acceso a mejores y nuevas herramientas para que sean utilizadas por los productores, y que no sean condicionadas exclusivamente a las multinacionales y a los gobiernos de turno”, como lo cuenta este productor de café.

También insiste en lo alejados que están los gobiernos locales de la vida económica de esta subregión, que es el café, porque en los planes de desarrollo lo mencionan pero no hay proyectos o un rubro para impulsar este motor de la economía. Muchos pueden ganar votos con esto, aunque no se ven políticas públicas o acuerdos en los concejos para incentivarlo. Los proyectos solo son asistencialistas que buscan solo mover dinero y beneficiar unos cuantos contratistas para generar réditos electorales en unas próximas elecciones.

A esto se suma que el suroeste de Antioquia no es ajeno a los flagelos como el narcotráfico y el microtráfico, y dada la dinámica de las cosechas, como se requiere tanta población, no es un secreto que entre los caficultores hay algunos consumidores, es sabido que es una problemática muy sentida en los recolectores. También ha incrementado el consumo como ocurre con las veredas vecinas donde habita Alexander, hay un gran número de jóvenes que normalizaron el consumo de sustancias psicoactivas. Esto obedece al recrudecimiento del control territorial entre La Oficina y las AGC, que para mantener ese negocio, promueven la adicción. Los actores políticos no van a querer dar cuenta de esta realidad, no quieren que se hable del tema, pero sí hay una presencia y una afectación de estas empresas criminales hacia los pobladores con la reciente masacre de cinco caficultores en Andes en este 2021, homicidios en Jardín, Ciudad Bolívar y las recientes masacres en Betania, una hasta de diez personas, estando todas ligadas al tema del narcotráfico.

“Mientras que Colombia tiene de símbolo nacional el café por su exportación, es un producto que no se conoce y no se consume en nuestros hogares. En parte también porque se ha difundido el mito de que tomar café de buena calidad es costoso, yo tengo una tienda de café y eso es falso, aquí podríamos tomar el mejor café del mundo a un precio razonable, pero lo que sucede es una decisión política y económica. Yo pienso que la Federación Nacional de Cafeteros nunca le ha interesado promover el consumo de café porque ellos ganan por libra de café exportada, no tienen ningún incentivo para que la gente lo consuma, ese negocio compete a las multinacionales, en Colombia todo aquello que no beneficie un gran grupo económico pareciera que no importa. ¿Dónde queda el interés de los productores nacionales que queremos crear un mercado local y no depender del mercado extranjero para comercializarlo? Es difícil para nosotros que avance el mundo del café si ni siquiera consumimos nuestro propio producto, pero en gran medida es el modelo económico que nos han impuesto en Colombia, aunque la federación también tiene cierto grado de “corresponsabilidad”, asegura Alexander Taborda.

Sin embargo, pese a lo vivido en la cooperativa, manifiesta que la reflexión debe ser constructiva, como evaluar el rol de la universidad, de los directivos y delimitar realmente qué tipo de profesionales queremos formar en las universidades, personas con capacidades técnicas o personas éticas con sentido social y crítico, que realmente estén más conectados con el contexto y dispuestos a defender el trabajo de la gente menos desfavorecida. Para la gente tener acceso a un título universitario, sigue siendo un privilegio en este país, por eso deberían sentirse responsables de ayudarles a otros, y en este caso, no cumplieron con su labor de velar por los activos de los caficultores de la cooperativa; y esto quedará para la historia.

Lo que pasó en la Cooperativa de Andes de una pérdida de más de 160.000 millones de pesos, se convertirá en un precedente, que será un caso de estudio para los agricultores o caficultores y para quienes pertenezcan a una cooperativa. Este modelo puede crear grandes empresas sin desligarlo de lo social, desde el mutualismo, si se mira con responsabilidad, si esto no se hace le puede pasar como a la gente del suroeste antioqueño donde los cafeteros perdieron el patrimonio cultivado por décadas. Contrastando con la frase del presidente Iván Duque: “Hoy enaltecemos esta dirigencia, cuando vemos el éxito y empuje de la Cooperativa de los Andes, liderada por Juan David Rendón Cañaveral, que es orgullo nacional”. Queda en evidencia la desconexión entre el gobierno central y la realidad de las provincias.

“Me gustaría hablar de la posibilidad de impactar de forma positiva por medio de la tecnología en la caficultura. Particularmente quisiera que los jóvenes se ligaran al campo, en esta pandemia ahora vemos lo importante que es la tecnología y los medios digitales. Las posibilidades también son limitadas por el poco presupuesto que asigna el gobierno a este aspecto”, cuenta Taborda.

Por hacer su labor de control, los cafeteros fueron estigmatizados, haciéndolos ver como personas incómodas y que estaban en contravía de los intereses de la cooperativa: “Para que la planeación estratégica que teníamos para 2025 se dé, porque ese palo en la rueda que traíamos con unos consejeros, que definitivamente lo que estaban haciendo era desgastar la gerencia y la institucionalidad, ¿por qué? Porque no estábamos avanzando en los proyectos”, aseguró Álvaro Peláez Gómez, delegado de la organización. A lo que posteriormente, no se quiso referir cuando salió a la luz pública la multimillonaria pérdida. Aunque a algunos consejeros los hechos les reconocieron la verdad, los responsables fueron más eficientes con las mentiras y en su momento lograron tapar todo. Aunque se desconozca si hubo conocimiento, connivencia o alianza con la dirigencia del suroeste antioqueño, se permite dudar, crear hipótesis y sospechar si la hubo, sino por qué aplaudieron la notable labor del directivo que los llevó a la ruina. Actos tan impresentables como poder seguir utilizando la tarjeta de crédito de la organización, incluso después de ser intervenida.

Pese a todo esto, la apuesta de Alexander Taborda sigue siendo fortalecer Café Prometeo, es una evolución de un proyecto que solo se enfocó al principio en robótica para el campo, ahora busca exaltar la cultura en torno al café. Busca unir, tecnología, café y cultura; en un lugar ambientado en forma de chiva, donde es permitido hablar de lo que es políticamente incorrecto, que le permite a la sociedad conocer otras ideas aun cuando podamos pensar diferente, sembrando una semilla del conocimiento para ser un motor en la sociedad. Hasta alcanza para decir que la caficultura no es amigable para el medio ambiente por los fertilizantes y por algunos efectos en el suelo, aunque eso sea un grano de otro costal. Como también alcanzaría para decir, que la federación debería comprometerse a acompañar, apoyar y vigilar estas cooperativas que están en grave riesgo, para salvar la que alguna vez fue la cooperativa cafetera más importante de Antioquia, y no seguir tratando a los caficultores como la mula del viejo Juan Valdez, creada con recursos públicos del Fondo Nacional del Café, a favor de un privado.

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