Por suerte existen hoy recursos que permiten conocer cómo fue que se sucedieron determinados hechos. Y no solo eso, sino que gracias a esos recursos podemos balancear la veracidad de las versiones oficiales y constatar directamente su mala intención, cuando no su abierta falsedad. Las recientes muertes de Renne Nicole Good y Alex Pretti a manos de agentes de ICE en Mineápolis, Minnesota, Estados Unidos, así lo demuestran.
Aceptemos, en gracia de discusión, que los Estados Unidos tienen el derecho de regular el flujo y la permanencia de ciudadanos extranjeros en su territorio. De una u otra manera cada país tiene sus propias regulaciones. Sin embargo, llama la atención que, en América, como se llaman a sí mismos, las políticas y prácticas contra los migrantes están definitivamente atravesadas por un sentido de superioridad racial y moral abiertamente inhumano.
Donald Trump acusa públicamente a todos los migrantes de ser delincuentes, de ser los responsables de la situación de inseguridad que afecta a muchas ciudades de su país. No hace la menor distinción. Millones de latinoamericanos, caribeños, africanos y demás extranjeros trabajan honradamente y sostienen importantes ramas de la producción económica, lo cual no reconoce ni le importa. Los trata, además, de feos, sucios, repugnantes.
Lo expresado repetidamente contra los somalíes y su país ofende el más elemental sentido del respeto. Dentro de los supuestos valores que inspiran a MAGA, el movimiento político que lo llevó al poder en nombre del partido republicano, está la preeminencia de lo que se conoce como WASP, o White Anglo-Saxon Protestant en inglés, en español Blancos Anglo Sajones Protestantes, los elegidos por la divinidad para dirigir su país y con él a todo el continente y de ser posible el mundo.
El Destino Manifiesto que llaman, la odiosa concepción que inspiró el desplazamiento forzado y el genocidio de las comunidades norteamericanas originales o la guerra de conquista contra México, y años después contra España para arrebatarles Las Filipinas, Puerto Rico y Cuba. Por la que dieron el zarpazo a Panamá y ejecutaron numerosos golpes y guerras. La filosofía que inspira la ambición de Trump por Groenlandia, Canadá, México y Cuba.
Una ideología totalitaria, inadmisible desde cualquier punto de vista humano, que encuentra identidad no sólo con el sionismo israelí, tan de gusto de la élite del poder estadounidense y europeo, sino con el nacionalsocialismo alemán del siglo XX, tan emparentado ahora con el nacionalismo ucraniano, que se ufana constitucionalmente de su pureza genética. En palabras más sencillas, las ideas de Donald Trump son peligrosamente fascistas.
Lo cual salta a la vista, concretamente, con los asesinatos referidos en el primer párrafo de esta nota. Ninguno de los dos era extranjero, ni tenía rasgos de tal. Ciudadanos norteamericanos de nacimiento, blancos y seguramente protestantes. Pero con una imperdonable inclinación a solidarizarse con los inmigrantes golpeados, detenidos y torturados por las autoridades federales encargadas de la lucha por la conservación de la pureza racial.
Que es lo que en realidad se oculta tras la lucha contra la inmigración. En medio de las operaciones cumplidas diariamente por las autoridades del ICE, Renne Nicola Good y Alex Pretti, conmovidos por el injusto sufrimiento de las víctimas, se atrevieron a expresar su solidaridad con los afectados. Grabando, con sus teléfonos celulares a mano, lo que sucedía. Al igual que muchos otros ciudadanos que expresaban su repudio con silbidos y admoniciones.
Motivo suficiente para que los oficiales de ICE descargaran su ira contra ellos. Hasta el punto de accionar sus armas con el propósito de matarlos. Los videos sobre lo sucedido se pueden ver en las redes sociales, en los noticieros de televisión, en la prensa en general. Trump y su séquito presentaron inmediatamente los hechos como una defensa legítima de las autoridades, ante las inminentes agresiones terroristas de gente peligrosa y armada.
Lo grave es que Trump no está solo, lo acompañan altos funcionarios, el Congreso, las altas cortes, gobernadores
Sin manifestar siquiera la mínima consideración por las víctimas, ni por esclarecimiento de la verdad. Lo que nos permite deducir el propósito de escarmentar al resto de la población. No sólo se comete el crimen y se defiende de inmediato su impunidad, sino que se agrega un mensaje, no se tolerará oposición a lo que se está haciendo. Lo grave es que Trump no está solo, lo acompañan altos funcionarios, el Congreso, las altas cortes, gobernadores, el conjunto de las agencias federales.
Fascismo puro, manifestado allí, pero también en la agresión y las amenazas contra Venezuela, en sus planes contra Irán, en su complicidad con el genocidio en Palestina. Lo cual enciende las alarmas contra quienes aquí, desde sus candidaturas presidenciales, manifiestan sin ningún pudor su respaldo incondicional a ese accionar. No son anglosajones, algunos, como Abelardo, afirman no creer ni siquiera en Dios, pero su identidad con Trump indudablemente los delata.
Fascistas de segunda, sus sirvientes. Afortunadamente, allá y aquí es enorme el pueblo que los rechaza y condena.
Del mismo autor: La matanza entre las supuestas guerrillas
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