Película: El extraordinario viaje de T. S. Spivet

La historia de un niño genio que desafía las leyes de Newton

Por: Marsares
septiembre 25, 2014
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Película: El extraordinario viaje de T. S. Spivet
Foto: Archivo del Autor

Los niños son siempre niños, no importa que vivan en la desolada Siberia, en el Kurdistán iraquí, en la restringida Arabia Saudí o en un rancho perdido en Montana; ellos quieren su lugar en el mundo… y lo consiguen a pesar de los adultos. En la última película del ciclo “El mundo real y fantástico de los niños” de Jean-Pierre Jeunet, que se presenta en septiembre en la biblioteca pública Virgilio Barco de Bogotá, “El maravilloso viaje de T. S. Spivet” nos muestra, en una deliciosa historia, cómo un niño genio de 12 años realiza la conquista del este.

No la tiene fácil. La niñez, para empezar, es un factor en contra. ¿Quién puede tomar en serio a un “bajito” que hace poco gateaba y chillaba en busca de la teta maternal? La hermana adolescente se arma de infinita paciencia ante un ser raro, que piensa en cosas raras y habla en un lenguaje raro. Explicable que de vez en cuando se escuchan sus alaridos. Ella sólo quiere tener una familia normal, hablar por celular, gozarse los concursos de belleza y navegar en las redes sociales. ¿Pero en Montana?

T. S. que entiende la física cuántica, le cuesta trabajo descifrar a su familia. Su padre debe ser un viajero del pasado o al menos se equivocó de siglo al nacer. A diario lo ve enfundado en sus botas de vaquero trazando círculos con el lazo, montado en un brioso caballo, soñándose en el salvaje oeste o metido en una buhardilla, con su infaltable vaso de whisky, quizás pensando en las viejas cantinas donde matar o morir era cuestión de estilo.

Su madre no es que ayude mucho. Con un PhD en las espaldas, busca desde que tiene memoria el santo grial de los escarabajos, esa especie desconocida que presume que existe. Miles de ejemplares pasan por sus manos, catalogados cuidadosamente, mientras T. S. trata de entender qué fue lo que halló en común con su padre. Quizás el agua y el aceite después de todo se pueden mezclar, aunque las leyes de la física lo nieguen. Por fortuna tiene a su hermano gemelo… a ratos, cuando se cansa de dispararle a todo lo que se mueve, en pos del rastro que deja su padre.

Pero un genio es un genio y responde al desafío de concebir la máquina del movimiento perpetuo. Un premio, el más importante al que puede aspirar un científico, se le concede por su invento maravilloso que pone en tela de juicio una de esas leyes que un tal llamado Newton descubrió y que todos acatamos sin fórmula de juicio. Sólo tiene un problema, es un niño y a un niño nadie le cree, así que aparte de convencer a toda una comunidad de sabios, deberá cruzar el país, con una maleta de supervivencia que incluye todo lo que una mente brillante puede necesitar, como cuadernos de colores, fósiles, lámparas de emergencia y el álbum de la familia, con la respectiva clasificación de emociones y cruces sentimentales.

Al oeste lo conquistó el ferrocarril, justo es devolverle el favor al este de la misma manera y T. S. Eliot emprende su aventura en esa larga e interminable culebra mecánica que lo llevará a otro mundo, donde las leyes sociales cambian, donde un niño genio sirve para aumentar el rating y servirle de mascota a una Cruella de Vil singular, que huele sangre y quiere exprimirle al buen chico de Montana, hasta la última gota de fama, pero un niño es un niño, incluso los genios y al final de cuentas todo lo que quiere es…

Una película que nos deja con una sonrisa preocupada cuando termina el último plano y nos marchamos a casa, porque ese niño que llevamos dentro se nos aparece para interrogarnos sobre los sueños y las realidades, que a veces se cruzan. Sólo es cuestión de estar atentos, de aprender a mirar, de no olvidar lo que fuimos porque a pesar de nuestra seriedad, de la pose de grandes sabios que adoptamos cuando nos convertimos en adultos, siempre queremos regresar al tibio hogar donde una madre es capaz de romper las estadísticas en la quema de tostadoras mientras su vaquero, sobre un caballo legendario soporta la lluvia y la soledad, en espera de la inevitable reconciliación, porque a la larga, él y sólo él, es el legendario escarabajo. Sólo es cuestión de tiempo para que ella se dé cuenta.

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