El español que se llevó a Nairo Quintana a Europa

El ex ciclista Vicente Belda descubrió al boyacense cuando éste era un jovencito que llevaba, durante 12 km de subida, a su hermana en el manubrio de su bicicleta

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septiembre 09, 2016
El español que se llevó a Nairo Quintana a Europa

Todos los días, mientras era un muchacho, bajo la canícula del mediodía, Nairo Quintana subía los 12 kilómetros del alto del Moral llevando a su hermana en el manubrio de una bicicleta que pesaba 15 kilos. De Arcabuco, a donde quedaba la escuela, hasta Cómbita, el pueblito donde los Quintana Rojas vivían a orillas de carretera, es la ruta preferida por los ciclistas para preparar sus carreras. A veces el muchacho de 14 años se dejaba tentar y seguía a los pelotones un buen trecho de carretera. Los directores deportivos al verlo se asombraban, ¿de qué inframundo había salido ésta criatura mitológica? Pronto el ciclismo se le convertiría a Nairo en una pasión y una profesión.

El primero que le echó el ojo fue su coterráneo Rusbel Achagua, quien acompañado por Don Luis Quintana, recorría los almacenes de Cómbita buscando patrocinio. Raúl Malagón, un comerciante que tenía un taller de bicicletas llamado Ciclorama fue su primer patrocinador. Victor Hugo Silva, quien era el alcalde de Arcabuco a mediados de la década pasada, se encargó de conseguirle la indumentaria. En las carreras locales, siendo cinco años menor que sus competidores, Nairo se acostumbró a no tener rival.

Ahí es donde aparece Vicente Belda, el español que fue capaz de desarrollarle todo su potencial. Los colombianos empezamos a saber de él cuando era de los pocos europeos en disputarles etapas de montaña a los primeros escarabajos que viajaron al viejo continente con la firme intención de conquistarlo. Tercero en la vuelta a su país en 1981, Belda se caracterizaba por su explosividad y por su corta estatura: medía 1.54. Una vez se retiró del ciclismo a finales de la década del ochenta, empezó una exitosa carrera como director deportivo del equipo Kelme en donde descubriría a deportistas tan talentosos como Oscar Sevilla. Sus éxitos se vieron empañados en el 2002 cuando su nombre se vio vinculado a la Operación Puerto, la ofensiva contra el dopaje más agresiva de la historia.

Desprestigiado en Europa a Belda no le quedó más camino que aceptar la oferta que le hiciera en el 2008 la Lotería de Boyacá para dirigir un equipo de ciclismo. Debutaría en una clásica en Girardot y cuando creía que su estrella para descubrir talentos se había apagado apareció en su vida Nairo Alexander Quintana Rojas. Cuenta la leyenda que para probar al ciclista más completo que había dado Boyacá lo subieron sobre una bicicleta con un medidor de potencia. Cuando empezó a dar los primeros pedalazos Belda creyó que el aparato se había dañado; los resultados eran anormales, nadie, ni campeones de la talla de Santiago Botero, habían desarrollado siete vatios kilo. Lo normal es que sacaran cinco pero siete era un resultado de otra galaxia. Comprobaron que el potenciómetro estaba bien así que Belda llamó a Eusebio Unzúe, el hombre que había pulido a los multicampeones Pedro Delgado y Miguel Induraín y le dijo que ya tenía otro diamante colombiano.

Si querían ficharlo tenían que apurarse, detrás de él estaba Johan Bruynell, el belga que había conducido a Lance Armstrong a sus siete toures. En el 2008 el escándalo del doping no había desprestigiado aún al norteamericano.  El argumento con el que convenció Belda a Quintana fue simple: en el Movistar no sólo iba a ganar lo mismo que con Bruynell sino que además hablarían el mismo idioma. El boyacense no lo pensó dos veces.

Las expectativas de Unzúe y su equipo se vieron colmadas cuando en la Vuelta a Madrid del 2009 fue el mejor joven y en el Circuito Montañés de ese mismo año duró todo el día escapado y hasta le disputó la clásica al Igor Antón. Nadie había hecho eso a los 19 años. Un año después se convertiría en el segundo colombiano en ganar el Tour de l’avenir y lo que vendría ya sería parte de la historia del ciclismo mundial.

El artífice fue Belda quien pasa la mitad del año en Alfafara Alicante, el pequeño pueblito donde nació y la otra mitad en Boyacá intentando descubrir talentos. El último fue Miguel Angel López, un jovencísimo corredor cuyo sueño era ser torero y ahora, después de ganar el Tour de L’avenir y la Vuelta a Suiza, es tal vez el corredor con mayor futuro del pedalismo internacional. A sus 61 años es el nuevo entrenador del equipo Boyacá raza de campeones en donde, por supuesto, ya empieza a frotarse las manos pensando en las nuevas estrellas que saldrán de ahí a conquistar las carreteras europeas.

 

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