El cambio de tono no pasó desapercibido. Un mensaje bastó para evidenciar una ruptura que dice mucho más que un desacuerdo personal.
Durante la campaña de 2018, Gustavo Petro recibió un espaldarazo clave. El economista Salomón Kalmanovitz lo apoyó públicamente y el entonces candidato respondió con gratitud, calificándolo como “uno de los mejores economistas del país”. Era un gesto de confianza técnica. Un punto de partida.
Hoy el panorama es distinto
El 31 de diciembre de 2025, Kalmanovitz publicó una crítica directa al manejo económico del Gobierno. Advirtió que las decisiones presidenciales podrían generar inflación, cuestionó los intentos de incidir en el Banco de la República y alertó sobre riesgos para la estabilidad macroeconómica y la autonomía institucional. No hubo matices. Tampoco rodeos.
El contraste sorprende. Y preocupa
Para algunos analistas, este giro refleja el distanciamiento de sectores técnicos que inicialmente vieron con expectativa el proyecto económico y ahora expresan una ruptura abierta. Otros consideran que se trata de un debate necesario en democracia, donde la crítica experta cumple un rol de control.
Lo cierto es que el mensaje es claro. La confianza no es estática. Se construye y también se pierde.
En medio de un contexto de inflación sensible y debates sobre política monetaria, la voz de Kalmanovitz reabre una pregunta incómoda pero inevitable: ¿Qué tan sólido es hoy el respaldo técnico al rumbo económico del país?
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