El esencial rol docente en un contexto de desigualdad

La escuela tiene un papel central y activo en la construcción de sociedades humanizadas y en la puesta al día con la sociedad del conocimiento

Por: William Macias Orozco
octubre 20, 2021
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El esencial rol docente en un contexto de desigualdad
Foto: Pixabay

Si nos quedamos callados nos matan,
y si hablamos también,
entonces hablamos
(Cristina Bautista)

En la sociedad colombiana impera un orden social y económico de privilegios sostenidos por lógicas irracionales de desigualdad, exclusión, corrupción y violencia estructural. Un orden social que reproduce exclusiones históricas llevándolas al plano de lo irresoluble, sin importar el sufrimiento y la degradación de la vida humana. Y dichas lógicas se profundizan por tres décadas de neoliberalismo y violación de los derechos económicos sociales, el ataque del bloque dominante al acuerdo de paz y a la democracia.

Observemos las lógicas de la exclusión y la desigualdad. A 2020 la pobreza monetaria es de 42,5, a pesar de los subterfugios estadísticos que pretenden ocultarla, muestra su verdadera tendencia al afectar 5 personas de cada 10. En cifras 21,02 millones de colombianos subsisten con $331.688 o menos mensualmente; en tanto más de 7,47 millones de colombianos lo hacen con $145.004 o menos al mes. Esta situación contrasta con la indignante cara de la desigualdad que nos dice que el 0,001% más rico gana en promedio $526 millones mensuales; es decir más de 1500 veces los ingresos de un pobre y más de 3600 veces los ingresos de quienes están en pobreza extrema. Esto ubica al país entre los países más desiguales del mundo, con un Gini de 0,54.

La exclusión y la desigualdad se observan también en el desempleo con sus consecuencias económicas, sociales y las zozobras personales de no tener ingresos para sobrevivir. A junio de 2021 una tasa de 14,3%, nos dice que tres millones quinientos mil personas sufren esta condición. Otra realidad generadora de sufrimiento es la del empleo informal, una tasa del 48%, ¡casi la mitad de los trabajadores!, 5 de cada 10, laboran en condiciones precarizadas o sobreviven con trabajos inventados como limpiar parabrisas en un semáforo.

Mientras, por tres décadas, los gobernantes han repetido incesantemente que si los salarios son bajos la inversión extranjera inundará al país por sus perspectivas de rentabilidad y el empleo automáticamente aumentará. Y sí, las ganancias de las multinacionales y el sistema financiero han sido exorbitantes, pero el desempleo persiste como un problema social sin solución, al lado de la precarización laboral, la pérdida de derechos laborales y salarios de hambre. Entre tanto el sistema financiero cuenta cínicamente sus 21,73 billones de ganancias a junio de 2021, en plena pandemia, además de recibir billones en exenciones tributarias y subsidios por parte del gobierno.

Así las reformas neoliberales laborales, pensionales, tributarias entre otras, han configurado un escenario donde el enriquecimiento sin esfuerzo y con mucha corrupción, de unos pocos, se hace a costa del desempleo, pobreza, y precarización de las condiciones de vida de las mayorías. Han configurado un modelo económico violador de derechos fundamentales, sociales y económicos contracara de un orden político clientelista, corrupto y antidemocrático que reproduce unas élites parasitarias.

Los recientes casos de corrupción, MinTIC InvÍas, Odebrecht, y un largo etc., solo reflejan las lógicas irracionales de las redes de corrupción que han cooptado y puesto a su servicio al Estado. A estas violencias estructurales se suman las lógicas irracionales y crueles de la violencia estatal contra quienes ejercen y exigen derechos ciudadanos, lo que puede verse en las cifras de asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos humanos, más de 126 entre enero y septiembre de 2021; violencia estatal que también fue desplegada salvajemente por el gobierno en relación a la reciente movilización social, como consta en los informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Violencia, concomitante a una violencia simbólica ejercida desde el gobierno y las élites dominantes mediante leguajes de odio, racismo, calumnia y estigmatización en contra de sus víctimas y de quienes denuncia su barbarie. Se trata entonces de un orden social configurado alrededor de las lógicas irracionales de la violencia estructural que niega la democracia, la paz, la ciudadanía, los derechos y la vida misma.

Tal orden social de privilegios, además ha devenido en obstáculo para que la sociedad colombiana asuma los retos que le depara el siglo XXI como afrontar las crisis globales, la evolución hacia una sociedad del conocimiento y la construcción de la paz. El reto de la construcción de la paz requiere una sociedad basada en el reconocimiento de derechos, la diversidad cultural y la inclusión social. Pero las lógicas irracionales, que sostiene el orden prevalente precarizan y desvalorizan la vida.

El calentamiento global, el cambio climático, la variabilidad climática, la crisis de convivencia, migración, y el postconflicto requieren políticas públicas, en particular educativas, pensadas desde una sociedad del conocimiento. Los avances en la biotecnología, la genética, la recuperación de saberes ecológicos, y de la diversidad humana son escenarios para afrontar dichas crisis. Pero las lógicas irracionales desvalorizan y declaran subversiva a la educación pues se convierte en un espacio que revela la irracionalidad e inhumanidad del orden establecido. Por ende, el gobierno no solo no invierte en educación, sino que abiertamente precariza las condiciones laborales de los docentes, y los estigmatiza por cuestionan el orden injusto vigente.

Dicho orden genera tensiones con lo escolar, por lo que cabe preguntarse ¿Cuál es el sentido de la escuela en el contexto anterior? La escuela, como espacio potenciador de capacidades y sensibilidades del humano tiene un papel central en la construcción de sociedades humanizadas y en la puesta al día con la sociedad del conocimiento.

En tal sentido, el contexto educativo es un escenario potencial de transformación social desde la formación de sujetos críticos capaces de convertirse en actores de cambio con sensibilidad humanista. Es un espacio de potenciación de las capacidades humanas para la investigación, la afectividad, la convivencia, la participación, la empatía, la libertad y la democracia; espacio potenciador de sujetos individuales y colectivos reflexivos que desnaturalicen las lógicas-irracionales de la violencia estructural. La escuela potencia en los sujetos la autonomía para el aprendizaje para la vida, orientado a la humanización continua del ser, para devenir en un ser más con el otro incluida la naturaleza.

En este momento cabe preguntarse ¿cuál es el papel social del docente? El maestro debe devenir en trabajador critico de la cultura, ser capaz de comprender el contexto social histórico y generar un discurso pedagógico reflexivo. Esto implica poner en práctica la pedagogía de la pregunta para incidir a través de los procesos de aprendizaje, en la formación de sujetos críticos y transformadores en la búsqueda de una sociedad más humana y equitativa.

El maestro debe devenir en investigador de su experiencia pedagógica, debe cuestionarla permanentemente, así como preguntarse cómo su práctica cotidiana se contextualiza y es coherente con las necesidades de las comunidades locales y los retos de una sociedad humanizada. El maestro debe devenir en un pedagogo en proceso de formación-reflexión continua que le permita problematizar la acción educativa y generar una práctica pedagógica transformadora y humanizante.

El maestro debe devenir en sujeto, asumirse a sí mismo como sujeto político que cuestiona la realidad social y educativa; se pregunta a quien le sirve la realidad que está así, el estatus quo cimentado las lógicas irracionales. Un maestro que se asuma desde los discriminados y de su capacidad para ser sujetos de acciones colectivas orientadas a construir sociedades cimentadas en los derechos, la justicia, democracia, el conocimiento y el humanismo.

En el contexto colombiano bajo el imperio de un orden necrófilo, violento corrupto y fatalista actuar desde el compromiso ético y político implica reconocer la diversidad, los contextos sociales y las grandes problemáticas que atraviesa nuestra sociedad. Ello impele a retomar la concepción de la praxis, de Freire, desde la conjunción entre reflexión y acción; se trata del diálogo colectivo para apropiarnos de la vida.

Un diálogo que desnaturalice los problemas actuales, las lógicas irracionales y permita comprender que la “realidad está así” porque existen poderes excluyentes que se benefician del sufrimiento humano. Implica en nuestros espacios educativos y en relación con las comunidades, asumir el compromiso de ser potenciadores del diálogo colectivo que permita comprender los desafíos históricos que enfrentamos y las posibilidades de construir nuestra propia historia y apropiar la vida.

Es el compromiso de retomar el senti-saber pedagógico de forma reflexiva y crítica para generar prácticas educativas transformadoras desde nuestro diario vivir. Prácticas que reconozcan al otro como ser sentipensante, como colectivo y en su posibilidad de ser más; prácticas reflexivas y transformadoras para enfrentarnos a las dificultades, a lo desconocido, a lo incierto y por venir, en la aporía irresoluble del ser con otros, y soñar ser con otros en una sociedad fundada sobre la lógica de la vida.

Se trata entonces de un compromiso ético y político con la pedagogía de la pregunta, desde la que sea posible problematizar la realidad, la historia y la subjetividad, ¿Acaso es nuestro papel social reproducir un orden de privilegios injusto y violento, o pensar en su humanización posible?

Es hora de que los maestros colombianos asumamos esas peguntas incomodas al poder, a los privilegiados, a los dominadores; preguntas incomodas a las lógicas irracionales que imponen la muerte como condición de silencio a la palabra. Es hora de asumir esas preguntas sobre ¿por qué la realidad está así? ¿Por qué las realidades de la desigualdad, desempleo, exclusión y corrupción están así y a quien benefician? ¿Por qué ha imperado la política necrófila que arrebató la vida a más de 6002 personas y a cientos de líderes sociales? ¿Por qué los asesinan y a quién beneficia?, ¿Por qué los pobres son pobres? ¿Por qué en medio de tanta información hay tanta ignorancia política funcional?

Parafraseando a Helder Cámara, obispo brasileño, nos dirán comunistas por cuestionar las lógicas irracionales, del orden excluyente e inhumano, pero el orden de muerte hoy prevalente requiere que seamos más comunistas, más humanos, más críticos, más políticos, y hagamos las preguntas que incomodan al poder irracional que asola con su mezquindad y muerte. Es hora de hacer emerger la pedagogía de la pregunta, que pregunta por qué se acalla la vida, quiénes la calla, y cómo es posible hacer emerger la vida.

Si no preguntamos nos matan,
Y si preguntamos también,
Entonces preguntemos.

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