El golpe a Venezuela hace dos semanas marcó el punto más álgido en las tensiones entre Washington y la región.
Sobrevino después de un despliegue militar sin precedentes en el Caribe durante más de cuatro meses. Han sido asesinados al menos 115 pescadores por los bombardeos, acusados de narcotraficantes, sin evidencia alguna.
Aunque el objetivo claro era acabar con el gobierno de Venezuela, apoderarse del petróleo e imponer su mandato, persisten las amenazas de intervención militar en México, Colombia y Cuba, así como los insultos a sus mandatarios.
Todo ello deriva del Corolario Trump de la nueva doctrina de seguridad, anunciada en diciembre pasado. Se señala allí explícitamente que, en la tarea de recuperar su poderío global, el hemisferio occidental es estratégico. «Este es NUESTRO hemisferio», reza una publicación del Departamento de Estado después del ataque a Caracas.
En esta misma línea, la semana pasada concretó su decisión irrevocable de anexarse Groenlandia, en el corazón del Ártico, un país cercano a Alaska, pero asociado históricamente a Dinamarca. Además de su posición estratégica, tiene enormes riquezas de petróleo, tierras raras y otros recursos fundamentales para el nuevo proyecto colonizador del imperio.
Esta decisión ha provocado fuertes movilizaciones en los dos países y la amenaza del magnate de incrementarles los aranceles a los 8 países europeos que rechazaron al proyecto anexionista. No descartó apoderarse de la isla por la fuerza, si no había acuerdo.
Pero fuera del hemisferio también pretende afianzar todavía más su poder. Anunció un posible ataque contra Irán. Es claro que, conjuntamente con Israel, está interviniendo abiertamente en la movilización social de la población en contra del gobierno islámico, con el objetivo claro de propiciar su caída y desestabilizar todavía más la región del Medio Oriente.
Aunque las sanciones de Occidente al país han causado muchas penurias a la población, muchas de las demandas populares al gobierno son válidas. Pero Washington está instrumentalizando y manipulando las protestas. Ahora impulsa a Pahlevi, el hijo exiliado del Sha derrocado. Trump llama a la población a que siga protestando.
También en la región, la semana pasada anunció la lista de integrantes de la Junta de paz, incluida en la segunda fase del plan para Gaza, respaldado por el Consejo de Seguridad. En dicha entidad “tecnocrática” que él mismo presidirá de por vida, estarán Marco Rubio, Tony Blair, Jared Kushner, su yerno. Mejor dicho, a velar por los negocios.
La doctrina Trump que ha pulverizado la legalidad e institucionalidad internacional, es altamente peligrosa. No se trata de amenazas, sino de hechos cumplidos, como nos lo mostró el asalto a Venezuela.
Es un proyecto que parte del incuestionable e inalcanzable poderío bélico estadounidense. Se apoya en el avance del neofascismo en el mundo entero y en las múltiples historias y narrativas que fabrican sus medios afines para tratar de legitimar sus crímenes.
En pocas palabras, este es el panorama global que tendrá como telón de fondo el encuentro de Petro con Trump en Washington el próximo 3 de febrero.
Por tanto, la situación es realmente crítica. Es cierto que la conversación telefónica entre los dos, realizada en medio de la importante movilización social convocada en Colombia en respaldo al presidente, alivió la tensión.
Como señaló Petro en posterior entrevista, Trump le informó que efectivamente preparaba una acción militar contra Colombia. Y él mismo temió que en cualquier momento una fuerza de asalto aterrizara en la azotea de la Casa de Nariño, la residencia presidencial.
Pero no es cierto que Colombia pueda “dormir con tranquilidad” después de dicha llamada, como señalaron algunos funcionarios del gobierno. Tampoco puede aceptarse el argumento de que la animadversión de Trump contra él era porque no estaba bien enterado de la realidad.
Sin embargo, en este punto, sí debe insistirse en que la ultraderecha colombiana, liderada por el uribismo, ha jugado un papel fundamental en los ataques de Trump al mandatario colombiano.
Son sectores apátridas, políticos y grandes empresarios, congéneres de María Corina. Ahora se esfuerzan al máximo para que la reunión de Washington no se concrete o fracase. Su prioridad es ganar las próximas elecciones. Por eso, lo único que les sirve es impulsar la guerra, el odio y el desprestigio del presidente. “Trump, haz lo tuyo”, expresó con fervor una de sus candidatas.
El trabajo diplomático previo que realiza el gobierno colombiano es muy importante y debería concretarse en algunos acuerdos básicos. Seguramente se suscribirá la lucha conjunta contra las bandas criminales asentadas en la frontera con Venezuela, dedicadas al narcotráfico y otros negocios ilegales.
Allí también están el ELN y las disidencias de las antiguas Farc, causándole estragos a las comunidades. Por priorizar sus propios intereses mezquinos, estos grupos se negaron a negociar la paz total con el gobierno.
Petro ha defendido la soberanía y la autodeterminación nacional; la paz territorial, regional e internacional; el trato digno a los migrantes; la inversión territorial y la justicia social.
Denuncia la voracidad del capitalismo y el sector financiero como causante de la crisis climática y de todas las demás crisis. Con ello se ha forjado un liderazgo regional y mundial.
Pero Trump no lo ha bajado de drogadicto, matón, narcotraficante y testaferro de Maduro.
Vance, el vicepresidente, señaló que, más allá de «controlar los increíbles recursos naturales de Venezuela», el ataque tenía como objetivo «hacer que la gente tuviera miedo de cruzarse en nuestro camino». Es decir, se trata de impedir el surgimiento y afianzamiento del progresismo en la región.
Por eso, más que diplomática, la contradicción entre los dos mandatarios es política, de fondo, Por ello, más allá de la necesaria diplomacia, no hay mucho espacio para el optimismo.
Como señala la Internacional Progresista, la Internacional Reaccionaria ya se está formando y está lista para servir a los intereses corporativos y estratégicos de Washington.
Pero la situación de Latinoamérica es muy difícil. EEUU interviene en sus procesos electorales en favor de sus amigos.
Se impone la unidad de nuestros países para frenar a la ultraderecha y el neofascismo y defender los avances del progresismo y la democracia.
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