El emporio de colchones que empezó con 35 pesos

El fundador de Colchones Eldorado no la tuvo fácil pero la perseverancia y estar a la vanguardia de la tecnología fue clave

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diciembre 04, 2019
El emporio de colchones que empezó con 35 pesos
Foto: El Espectador

En el año 1936, en Ciénaga (Boyacá), la guerra partidista acaba con la vida de Gumercindo Gómez Guerra, al que perseguía la Policía, acusándolo de estar involucrado en la muerte de su tío y opositor político Abel Gómez. Su muerte deja a una viuda embarazada: Concepción Caro, quien es detenida por las autoridades, pero, luego de la intervención de la Iglesia, y debido a su estado de gravidez, la liberan para, finalmente, dar a luz a Gumercindo Gómez Caro, el primero de septiembre de 1936, en la vereda Las Tapias, ubicada en Raquira (Boyacá).

Para acrecentar el drama y hacer más difícil la vida de Gumercindo Gómez Caro, su abuelo le arrebató las tierras que pertenecían a su padre y que, luego de su muerte, le correspondían legalmente como herencia. Como jamás pudieron recuperar esos terrenos, Concepción Caro tuvo que trabajar labrando la tierra, vendiendo huevos, criando gallinas y elaborando cuajadas, entre otras actividades con las cuales buscaba alimentar a su hijo y sostener su hogar.

Mientras tanto, ella obligaba al pequeño Gumercingo Gómez Caro a ir a la escuela, que no le gustaba, a pesar de su evidente inteligencia (aprendió a leer y escribir antes que sus compañeros). Su disgusto por las clases hizo que solo cursara dos años y enfocara su inteligencia y esfuerzo en conseguir dinero para comprarle una casa a su madre. Con esa idea en la cabeza, a la edad de nueve años, se va para Tunja (Boyacá) y trabaja con el esposo de su tía, Ulpiano Alarcón, en ornamentación. Luego se va al colegio jesuita José Joaquín Ortiz, en donde trabaja en la cocina, como mensajero y en otras labores, a cambio de estadía, comida y educación.

Sin embargo, debido al cansancio que le generaba trabajar y estudiar, decide dejar la escuela y, con ayuda de Alarcón, consigue empleo en una panadería, en donde preparaba y entregaba pan. Tras ahorrar el producto de su trabajo, a la edad de 13 años logra reunir 300 pesos (actualmente serían unos $250.000), con los que alquila por tres años una finca en Ciénaga, con el fin de que su madre viviera allí y trabajara la tierra. Sin embargo, al poco tiempo su madre enfermó y falleció. Él, con 14 años, y luego de quedarse huérfano, se va con su tío Miguel López a Bogotá. En la capital del país trabajó como obrero de construcciones y carpintería. Más tarde comenzó a estudiar en el Sena y, debido a que su jefe en la carpintería, Luis Zárate, no le mejoraba el sueldo, pese a llevar tres años en el oficio, encontró un empleo en una fábrica de muebles. Luego de irse, negoció con su Zárate en la carpintería para tapizarle los muebles en las noches, aumentando sus ingresos.

Mientras realizaba sus labores, Zárate le aconseja aprender a fabricar colchones, una de las actividades que se realizan en la fábrica de muebles para la que también trabajaba Gómez Caro, con el fin de crear una empresa en sociedad. En sus descansos para almorzar, Gómez Caro comienza a aprender de sus compañeros a elaborar colchones, una labor que, sin saberlo, le cambiaría la vida y sería la piedra angular sobre la que construyó una empresa que hoy es conocida por casi todos los colombianos: el 7 de mayo de 1957, con 35 pesos de la época (que, según el gerente de tecnología de Colchones El Dorado, William Gómez, serían unos $50.000 en la actualidad), producto de la reparación de un mueble, se asocia a Zárate y crean la empresa de colchones Sueños Dorado, que más tarde, luego de separarse de su socio, Gómez Caro convierte en Colchones El Dorado, empresa que hoy tiene 62 años de fundada.

Antes de separarse de su socio, en 1960, Gómez Caro hace una gira por diferentes países del Caribe, como Puerto Rico, Aruba o Trinidad y Tobago, gracias a un agente de Agroexpo que buscaba empresarios que tuvieran productos atractivos para exportar. Durante ese viaje, Gómez Caro se dedica a abrir los colchones de los hoteles en los que se hospedaba para saber con qué materiales los fabricaban y los cosía con una técnica llamada 'costura invisible', que no dejaba rastro de su trabajo de espionaje, con el que mejoró la manera en la que elaboraba sus colchones e incluso lo llevaron a inventar una máquina para crear sus propios resortes y un sistema de clips para unirlos, lo que le ayudó a reducir costos. Con la máquina de su invención trabajó durante 22 años y elaboraba, junto a 15 empleados, unos 300 mil resortes al mes. Luego compró una máquina de alta tecnología.

En la actualidad, la empresa tiene 22 puntos de venta directos en el país, además de una distribución por medio de almacenes por departamentos, pequeños muebleros y tiendas de grandes superficies en todo el país. Cuenta con más de 200 empleados directos y más de 600 indirectos. Son líderes en la venta de colchones para la industria hotelera y siguen estando a la vanguardia en tecnología, como en sus inicios.

“Nos consideramos la empresa líder a nivel nacional en innovación a nivel tecnológico para los colchones”, dice William Gómez, que agrega que fueron "la primera empresa de colchones en Colombia en vender online”.

Para estar a la vanguardia tecnológica, se apoyan de la empresa caleña proveedora de software y servicios tecnológicos Siesa, con la que tienen una relación de más de siete años y que recientemente les actualizó los software con los que trabajan en Colchones Eldorado. Por ejemplo, y como explica William Gómez, antes tenían un software estadounidense para el área financiera, que no estaba adaptado para la realidad legislativa colombiana y, por esa razón, procesos sencillos, que deberían tomar poco tiempo, se vuelven lentos y complicados. Con los nuevos programas, los cambios legislativos se hacen de forma rápida y se adaptan de forma ágil y sencilla a las necesidades de la empresa. "Por ejemplo, un tema de cruce entre cuentas por cobrar y cuentas por pagar, en el área contable, nos estaba llevando más o menos cuatro horas. En la actualidad nos está llevando prácticamente cero, porque solo requiere un clic para hacer ese cruce automáticamente”, explica Gómez.

“Siesa ayudó sobre todo a la agilización de procesos normales, que se nos estaban volviendo largos y complicados en el software anterior”, indica Gómez, que también asegura que los nuevos programas les ayudaron a renovar y mejorar los sistemas en los puntos de venta, lo que significó una mejora en agilizar procesos, la entrega oportuna de productos a los clientes, que en muchos casos pasaron de cuatro días a dos. Los nuevos softwares también ayudaron a que pasaran del Excel a procesos más rápidos y sencillos en el área manufacturera.

Por otro lado, los software también les ayudaron a mejorar el sistema de comercio electrónico para ventas online, que antes realizaban por medio de otra empresa y que, con los nuevos software pueden hacer ellos mismos, de manera autónoma e integrada a otros procesos. Incluso optaron por implementar un software de inteligencia de negocios, que orienta a la alta gerencia en la toma de decisiones, luego de recolectar datos. Ahora, William Gómez le pide a Siesa que implemente tecnologías con inteligencia artificial e Internet de las cosas, que mejoren los procesos de Colchones Eldorado para seguir a la vanguardia de la tecnología, que está en el ADN de la empresa desde que Gumercindo creó la máquina para fabricar resortes.

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