El ELN, entre la resolución del fenómeno multicrimen y un otrosí

Hay un asunto que estamos pasando por alto: sea quien sea el ganador, el ELN está preparado para emprender su sexta negociación en tres décadas. ¿Será la definitiva?

Por: Fredy Alexánder Chaverra Colorado
junio 09, 2022
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El ELN, entre la resolución del fenómeno multicrimen y un otrosí
Foto: Flickr

A pocos días de concurrir a la segunda vuelta y sin la salida negociada como un tema medular en el ambiente electoral, la opinión pública viene pasando por alto un asunto de gran importancia: el ELN sí ha cumplido con el cese al fuego unilateral decretado desde el pasado 25 de mayo. Al menos, así se desprende de la lectura del informe del Monitor del segundo cese al fuego a cargo del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos -CERAC-.

De esta forma, la guerrilla envía dos mensajes; por un lado, reafirma que se ajusta a la perspectiva de Antonio García en el sentido de que se sentará a negociar “con cualquiera que gane”; y por el otro, problematiza la narrativa que vienen posicionando algunos analistas del conflicto sobre una posible desconexión entre la cúpula residente en La Habana y los mandos en terreno.

Con fortuna, tanto Gustavo Petro como Rodolfo Hernández se han comprometido en encontrarle una salida negociada a la “cuestión elena”; sin embargo, sus visiones sobre cómo encarar un proceso con esta guerrilla son muy diferentes y parten de diagnósticos diferenciados.

Para Petro, la salida negociada con el ELN pasa por la resolución del fenómeno multicrimen, es decir, se debe cimentar en la necesidad de “quitarle el poder al narcotráfico”, democratizar el crédito -restándole incidencia al prestamista usurero- y avanzar en dinámicas de sometimiento con las estructuras vinculadas al paramilitarismo.

Así, el programa del Pacto plantea, en prospectiva y sin ingenuidades, profundizar la implementación total del Acuerdo de Paz -la reforma rural integral y la política de sustitución -e integrar la base social cercana a la guerrilla a diversos esquemas de gobernabilidad territorial.

Sobre un escenario de negociación, el candidato ha mencionado que deber ser “rápido” y surtirse en pocos meses, pero no deja de ser una visión poco ajustada a la naturaleza conflictiva del ELN en procesos de negociación, pues solo hay que recordar que es la guerrilla con más experiencia en mesas de diálogo y siempre se ha caracterizado por tener negociadores de “línea dura”.

Personalmente, considero que una clave para negociar con el ELN se encuentra en que un eventual modelo de desarrollo -ya sea desde un Plan nacional o desde Planes sectoriales- se articule a las reivindicaciones subnacionales de esta guerrilla, tal vez así, y lo digo pensando con el deseo, se podría restar solidez a su monolítico ideal de “resistencia armada”.

No sería tanto como entregarle espacios de gobernabilidad al ELN, pero sí implicaría descargar, en la medida de lo posible y en virtud de las posibilidades que ofrece una negociación política, un modelo de desarrollo transicional a los anclajes territoriales donde el ELN opera como un actor estatal.

Si el afán de Petro se reduce a ejecutar la clásica receta de DDR -Desarme, Desmovilización y Reinserción - sin incluir en su visión de país las reivindicaciones de la base social cercana al ELN -que va desde la participación de la sociedad civil a sendas trasformaciones para la paz- el único camino esperado será el tantas veces visto: la frustración.

Además, resulta erróneo reducir el ELN a una mera expresión de un fenómeno multicrimen, ya que, debido a su alto grado de federalización y la amplitud de repertorios vinculados a economías ilícitas, se debe precisar su naturaleza en contextos específicos (son los múltiples rostros del ELN).

Para Rodolfo Hernández, víctima del conflicto y quien arrasó en bastiones históricos del ELN (municipios fronterizos con Venezuela), la resolución de la cuestión elena pasa por adjuntarle un otrosí al Acuerdo de Paz. La propuesta de Hernández no tiene ni pies o cabeza, no se sustenta en algún diagnóstico o si acaso se preocupa por comprender la naturaleza de la guerrilla, pues el ingeniero, renuente a las “negociaciones eternas” (solo hay que recordar que votó no en el plebiscito), pretende imponer su visión gerencial concluyendo que en el Acuerdo de Paz se descarga el ideario del eleno.

El otrosí de Hernández no resiste un mayor análisis. Acaso, ¿se preocupará por conocer el punto de vista de la guerrilla sobre ese acuerdo?, ¿pasa por alto que el mismo ELN ha sido crítico de la forma como se concertó y se viene implementado ese acuerdo?

Por el momento, solo tengo una certeza, sea quien sea el ganador, el ELN está preparado para emprender su sexta negociación en tres décadas. ¿Será la definitiva?

 

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