El rodolfismo: su ética, lógica y estética

El rodolfismo: su ética, lógica y estética

Echando mano de una peculiar interpretación de la filosofía kantiana, Rodolfo irrumpió en el escenario electoral. Pero la mentalidad conservadora manda la parada

Por: Fredy Alexánder Chaverra Colorado
junio 09, 2022
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El rodolfismo: su ética, lógica y estética
Foto: Canva/ Archivo

La primera vez que escuché sobre Rodolfo Hernández fue en octubre de 2015. Recuerdo que me pareció bastante curioso que la plataforma que lo llevó a la alcaldía se denominara: “Lógica, Ética y Estética”. Echando mano de una peculiar interpretación de la filosofía kantiana, un outsider empresarial irrumpió en el escenario electoral. Desde su optimista perspectiva adversarial -habla con frecuencia de lo argumental numérico y la confrontación democrática-, el ingeniero cree que su aspiración activó el “imperativo categórico” y abrió espacio a una filosofía antipolítica cuya teleología se simplifica en galvanizar emociones.

Sé que suena algo ridículo, pero así lo plantea el mismo Hernández y sin duda le resultó funcional, pues entró a segunda vuelta y movilizó a millones de personas.

Ahora bien, en su intención de llegar a la Casa de Nariño, el ingeniero liquidó a “Lógica, ética y estética” e inscribió su candidatura en diciembre de 2021 con una plataforma nominalmente más posmoderna: La liga de gobernantes anticorrupción -La Liga-; sin embargo, la esencia práctica de la filosofía que le otorgó la victoria en 2015 se mantiene vigente. Y es una mezcla desnivelada de cierta hibridez ideológica, mucha demagogia, un regionalismo exacerbado y la reafirmación colectiva de incentivos propios de una mentalidad conservadora.

Todos esos elementos se cruzan con vectores de todo el espectro ideológico -derecha, centro e izquierda- para cohesionar un movimiento electoral, antipolítico y unipersonal que el mismo candidato no ha dudado en bautizar como rodolfismo.

Aunque el estudio y análisis del “fenómeno Hernández” será, a mediano plazo, tarea de sociólogos y politólogos, ya sea para clarificar si se trata de un outsider o un populista de derecha (así lo vienen presentando los medios internacionales), ad portas de la segunda vuelta, sí resulta necesario acercarse a la naturaleza del rodolfismo. Me parece bastante reduccionista analizar la irrupción de Hernández tan solo desde una estrategia digital (el viejito de Tik Tok); es más, considero que su posicionamiento electoral es sintomático de una profunda crisis institucional, una progresiva desideologización de la política, una efectiva movilización de las emociones y el cierre de un ciclo histórico.

 

El discurso antipolítico y la movilización de las emociones

La dimensión más antipolítica del rodolfismo se cimenta desde una crítica feroz a los políticos y a los partidos tradicionales; es decir, a la “gavilla” que ha saqueado el país (el Congreso y los partidos son las instituciones más desprestigiadas según la mayoría de las encuestas). Así, el ingeniero crea en el imaginario de sus seguidores una visión antagónica de la realidad -a blanco y negro-, sin matices o claroscuro, pues en la perspectiva del rodolfismo solo existe un pueblo oprimido por la pobreza y una camada de políticos corruptos. De esa forma, el mensaje se simplifica e incentiva emociones en redes sociales y humanas.

En el rodolfismo poco importan los sesudos diagnósticos macroeconómicos, resulta más funcional como elemento cohesionador afirmar que el presidente se gasta más de cuatro mil millones al día o que “la robadera se tranca” quitándole las camionetas a los congresistas.

Además, Rodolfo refuerza esa emocionalidad antipolítica apelando a su condición económica y profesional, no duda en presentarse como un millonario preocupado por los pobres y que no necesita del sueldo o la pensión presidencial; insiste, autopercibiéndose en un aura de ser unidimensional, que solo es un ingeniero civil que ya tiene la vida resuelta (en un país donde la política es vista como una vía de rápido ascenso social) y que dedicará el último tramo de su existencia a luchar contra los corruptos.

Pero ese cariz unidimensional de entrega por los pobres contrasta con la forma como adquirió parte de su fortuna (según sus propias declaraciones, inflando el valor de venta de los lotes o con hombrecitos pagándole intereses por 15 años); su renuncia intempestiva cuando fue concejal y alcalde; y el escándalo de corrupción de Vitalogic que lo tiene en el banquillo de los acusados.

 

La apropiación de la mentalidad conservadora

No creo que Rodolfo sea el títere de Uribe o que el rodolfismo sea la “nueva piel del uribismo”. Nada de eso (insistir en eso me resulta erróneo). La lógica que subyace a la irrupción del rodolfismo como movimiento nacional debe ser analizada desde un contexto temporal, social y cultural especifico; inclusive, como un contrarelato al uribismo.

Ese desplazamiento de figuras del uribismo hacia las huestes del ingeniero es comprensible desde el sentido estratégico del antipetrismo, y ciertamente no implica un proceso de identificación o concertación racional con la visión programática de Hernández (todavía incierta), para el uribismo, en su posición más difícil en dos décadas, todo se reduce a una sola cosa: detener a Petro.

Lo interesante del rodolfismo fue que arrasó en departamentos caracterizados por albergar una mentalidad conservadora (a excepción de Antioquia), los mismos que votaron NO en el plebiscito del 2016 y que apoyaron a Duque en la segunda vuelta de 2018; pero esto no quiere decir que sean la base social del uribismo o que el rodolfismo se configure como un personalismo de corte conservador, más bien es el resultado articulado de dos variables; la primera, un regionalismo reivindicativo en el centro-oriente (algo que Fico solo pudo lograr en Antioquia); y la segunda, la percepción del ingeniero antipolítico como un hombre de “mano dura” con la capacidad de poner la casa en orden y castigar la robadera.

Y esa estética de hombre fuerte resultó teniendo más peso entre su electorado que su visión social (con posiciones progresistas en temas sensibles), su postura favorable al acuerdo de paz o distante a condicionamientos culturalmente religiosos. Esa conexión con la mentalidad conservadora del interior del país fue lo que Federico Gutiérrez no pudo lograr; en mayor medida, como resultado de la debilidad estructural de su aspiración, el desprestigio del gobierno y el uribismo.

 

¿Qué se viene?

Independiente del eventual resultado de la segunda vuelta, el rodolfismo no será un movimiento sostenible en el tiempo. Dudo que pueda generar anclajes subnacionales (pensando en las elecciones locales de 2023) o que se convierta en un movimiento con sólidas expresiones territoriales (a excepción de Santander). Y así lo creo porque el rodolfismo solo es una combinación exótica de antiuribismo, antipetrismo, uribismo, antipolítica, regionalismo y cierta mentalidad conservadora. Es algo que opera muy bien en una coyuntura nacional, pero que se disipa en las realidades territoriales.

De ahí que el mayor incentivo de Rodolfo para sus electores no sea un programa milimétricamente diseñado o la activación de un imperativo ético, lógico y estético, no, solo se limita a una consigna: Yo le creo al viejito.

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