El dossier de Paloma contra Petro

Hay una bolsa, aparecen unos fajos y el estiércol del diablo desciende: las manos quedan untadas de una esencia que ha necesitado toda una parafernalia

Por: Carlos Roberto Támara Gómez
diciembre 05, 2018
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El dossier de Paloma contra Petro

No hay duda alguna, de ninguna clase: el escenario donde Petro recibe petrodólares, se desconoce la denominación, es tétrico. Con una ironía que nunca jamás cámara alguno, solapado o no, hubiera logrado exprofeso: el rictus de lo que va a ocurrir es tan protuberante que Petro aparece con un perfil que hubiera envidiado el propio rico Mac Pato. Es obvio que la escena no es de ficción, pero tampoco sería un documental.

Esta no es la imagen de una tira cómica donde Mac Pato visita su inexpugnable Fort Knox y se deleita entre un mundo desordenado y arenoso de monedas rutilantes que por sí mismas iluminan la escena. Sabido es que las monedas en grupo nunca son capaces de armar un ángulo recto, fluyen hacia el talud de una falla que se conoce como cilíndrica. Cualquiera que hubiera diseñado la trampa escogió bien el escenario: está diseñada una falla geológica.

Sin embargo, hay algo tan sintomático como perverso que puede ayudarle ante los jueces: Petro se aproxima al dinero como pavo mirando sal. Hay una inquina que lo delata, en alguna parte se lee que nunca jamás ha visto ni verá, quizás, tanta plata junta. Incluso los fajos parece que le resbalaran huyéndole. Entonces los ojos brotan buscando la ansiedad. El esfuerzo de las manos agarradas imprime tanto la tensión ocular como el cuerpo crispado.

Pero, por qué no aparece nadie más. Se parece a un cohecho de Ledis Medina. Algo así como un falso positivo en que la víctima pareciera ir avisado a cobrar un fingido sueldo con que pagar su propia muerte: yo con yo, o ella con ella. Si no fuere doloso, cuál es el sentido dañino de la evaporación de los otros seres. Sencillo, es una entrega entre fantasmas. De allí que el escenario también sea fantasmático. En alguna parte delante de la cámara hay bambalinas. Aquella escena de Hamlet en la que alguien escruta tras las cortinas sin saber que ineluctablemente va a morir pues está espiando a un loco.

Dice Rossana Rossanda:

“El cuerpo, el sexo, (…) se resisten poderosamente a la abstracción jurídica, esa reductio ad unum que niega la disimetría y que es el fondo de la cultura y el poder masculinos”.

Ya se ha debatido esta máxima en el caso de las conversiones gestuales de Paloma, pero intentemos mirarla como un ejercicio oriental del Yin y el Yang, y qué nos dice desde lo masculino. En efecto, si no hay reductio ad unum, ni se niega la disimetría, entonces es que impera tanto lo múltiple como lo simétrico y, además, no mediaría ninguna resistencia a la abstracción jurídica si no su promoción. Se podría decir incluso que la abstracción desaparece y todo se hace explícito y transparente. Estoy seguro de que esto es lo que Rossanda quiere decir al levantar su discurso feminista.

Entonces Petro estaría siendo el estandarte de una juridicidad variada y múltiple en que el dominio masculino toma el control del poder y de la escena: la hondura de esto es tan grande que quizás no necesita testigos. Es pertinente entonces la existencia del rictus, la escabrosa piel de lo que adentro se fragua. Lo masculino de Petro también teme y se desintegra, buscando la figura caricatural de Mac Pato, ante el poder o, su quintaescencia capitalista: el dinero, es decir, la universalidad (El anti-Edipo, capitalismo y esquizofrenia) en que esa sociedad se expresa.

Y luego deviene la apoteosis: hay una bolsa, aparecen unos fajos que se van solícitos y grávidos como por entre un caño que empieza con la boca de la bolsa. Es increíble, pero parece que en ese momento la sombra es más protuberante. El estiércol del diablo desciende: las manos quedan untadas de una esencia que ha necesitado una parafernalia. Y aquí está lo extraño: en qué momento Petro se vuelve múltiple.

Hay un problema gigantesco a nivel filosófico con este asunto de lo múltiple. Quien más se aproxima, de lo que haya leído es Alain Badiou en algo publicado por la Universidad Nacional. El principal problema es que lo múltiple no sería una esencia, pues no admite una definición. Lo múltiple postula una diversidad y la diversidad no admite reducción a uno. Obviamente ese es el océano en que se decantan las personalidades múltiples del capitalismo, y del capitalista. De allí podría desprenderse que la juridicidad padezca de tantas caras y sea tan amorfa, incluso literaria.

En calidad, de qué o de quién asiste Petro a la escena. Lo inmediatamente obvio es que Petro no es quien nos está diciendo qué es.

Pero cómo hacer para que nuestra lectura no sea un juicio anticipado de culpabilidad. Rossana Rossanda nos habla de que el necesario juicio en el caso de las mujeres no se realiza: la mujer es castigada ipso facto. Es más, ella no acude a ningún juez porque no solamente no se da cuenta, ni el juez tampoco advertiría de qué se trata: así sería de inmanente semejante perplejidad. Todavía es más catastrófico: la mujer se trastoca y desdobla voluntariamente. En cambio, Petro tendría que asombrar adonde un juez a demostrar que su rostro transfigurado está siendo deformado por una realidad que no le pertenece. Es esta paradoja lo que hizo quizás que el gesto de Paloma en su momento nos sonara tan estrambótico y asaz desproporcionado. Como en un efecto Dopler, hay algo chirriante de las dos velocidades contrarias por el género que se aproximan.

Es posible que el gesto de los billetes yéndose por el caño, volviéndose seminal adentro, sea una protuberancia homosexual o, por lo menos bisexual. Su máquina de gestión del deseo se deschavetó: Petro estaría siendo penetrado por el dinero. Un falo terrible de forma cuadriculada y filosa. A estas horas todavía Petro podría estar sufriendo. Claro, también podría ser lo contrario. En el momento de la posesión pudo haber tenido una erección como si se aproximara a apoderarse del mundo. Todo es vana ilusión.

Ahora bien, hay algo valido e irrebatible en todo estos. Tanto Paloma como Petro están invadiendo el mundo de la literatura. Y si no, enfréntese la pregunta: ¿cuántas formas de interpretación no admitirían estas semiosis?

Un aspecto tremendamente confuso de la diversidad múltiple es que desaparece el principio de no contradicción. Aquel mundo que viene de lo aristotélico, que llega hasta lo hegeliano se desvanece. En efecto, cuántas contradicciones podrían engendrar lo múltiple. Si hay muchas, se vuelve trivial. Por eso es que se asume que al no admitir la definición lo más cercano es el axioma. Pero, de reversa, Hegel podría tener razón: necesitamos una filosofía para cada tiempo.

Petro enfrenta el axioma. Su culpabilidad será tan veloz e inmediata como lo axiomático: no necesita demostración. Cuando lo de las conversiones gestuales de Paloma mencionaba a Osama Bin Laden. A eso queríamos llegar: Osama Bin Laden inventó socialmente las guerras instantáneas. Una vez estallaron las Torres gemelas, Estados Unidos había perdido no la batalla, perdía la guerra contra Bin Laden: un pobre diablo contra un imperio. Ni siquiera usó armas. En ese escenario, la osadía es la batalla. Para tener una imagen de las guerras instantáneas recordemos aquellas luchas, que no duran más que una milésima de segundo, entre marido y mujer: tan pronto la mujer entabla el combate, lo mejor es desaparecer evaporado. A los pocos segundos un silencio cada vez más tensionante y polvoriento recoge los restos seminales de las Torres Gemelas regados por el suelo.

Por ello Paloma se equivocó y estaría obligando al Estado a gastar un dinero innecesario. Y se equivocó porque Paloma no está sabiendo de qué está yendo. Paloma, por favor, Petro ya está condenado. No hay nada más irracional y contundente y antigenérico que una dentellada de Paloma.

Solamente debemos asombrarnos ante la perplejidad que sigue; el trabajo infinito que le toca al fiscal: tendrá que demostrar que Petro es inocente.

En medio de todo esto Rossana Rossanda nos ha demostrado por qué el poder en manos femeninas sería de una naturaleza alucinantemente insondable. A riesgo de aparecer peyorativo demos una imagen: podría tener tantas fases como la luna. Tanto Margaret Thatcher como la esposa de Mao, Chiang Ching, durante la revolución cultural son someras estrellas de ese firmamento.

En cierta parte de un texto sobre aurículo terapia china leí, pues le es pertinente, que en algún momento de la antigüedad se supo la superioridad explícita de la mujer: entonces les hacen huecos en las orejas para quitarles poder.

Nota: Ya di referencia del texto citado de R. Rossanda.

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