Opinión

El dolor como enfermedad

El dolor puede persistir más allá de la curación de la enfermedad o trauma, pasando a convertirse en un problema en sí mismo

Por:
Febrero 02, 2019
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El dolor como enfermedad
El dolor convertido en enfermedad llega a extremos en que no se le cree a la persona que lo está sufriendo. Foto: Pixabay

El dolor es el principal signo de alarma de nuestro organismo. Algo anda mal. Una enfermedad está presente, gestándose. El dolor repentino, agudo, requiere consulta médica inmediata para determinar su origen y corregir la enfermedad subyacente. Así se elimina el dolor, sanando la enfermedad que lo produce. No tomando analgésicos indiscriminadamente, perversa costumbre social, actual. Valga la cuña.

¿Puede persistir el dolor luego de sanar su origen? Sí, y la respuesta es contundente. Sí, el dolor puede persistir más allá de lo esperado, más allá de la curación de la enfermedad o trauma. Es el momento en el cual el dolor se convierte en enfermedad. Deja de ser una alerta y se vuelve un problema en si mismo.

Sin entrar en profundidades anatomo-fisiológicas, ello se da a nivel cerebral. Luego de meses de un dolor que no se ha podido controlar adecuadamente, el cerebro produce circuitos en los cuales se forma, por decirlo así, un círculo vicioso de estímulos que hacen sentir dolor en la parte antiguamente lesionada. (aunque ella no esté, como ejemplo clásico, el del dolor fantasma en una extremidad amputada). La hernia lumbar intervenida, la distrofia simpática; la neuritis posherpética; los traumas osteomusculares resueltos y muchos otros, son ejemplos cotidianos.

or, entonces, se convierte en enfermedad, no solo a nivel del cuerpo físico, sino que pasa a ser enfermedad emocional, laboral, familiar y social. Aquel dolor que inició, por ejemplo, en un sobreesfuerzo lumbar laboral, comienza a afectar a distintos niveles, así: el rol de proveedor del padre de familia cambia al bajar el ingreso económico; produce un vacío en el cuidado y el compartir con los hijos al no poder cuidarlos o jugar con ellos; distancia sexualmente a la pareja; produce lástima en los amigos, lo aíslan; el problema para la empresa y el sistema de salud crece, con coberturas muy prolongadas por enfermedad.

 

 

Socialmente se desestima el valor del dolor,
“no sea flojo”,
es una desafortunada expresión

 

 

El dolor convertido en enfermedad llega a extremos en que no se le cree a la persona que lo está sufriendo. “Si su enfermedad sanó, usted no puede continuar con dolor”, le dicen a la persona. Se duda de él. (Casos hay de engaño y manipulación de personas que simulan dolor para obtener beneficios al interior de su familia y la sociedad, mas no es este el momento de ahondar en esta circunstancia, solo dejarla planteada). No creerle a la persona suma un dolor emocional, al físico que ya venía. Muchas personas con dolor crónico producen un dolor social al ver restringida su alegría. Difícil estar alegre con un dolor continuo. Difícil una sociedad alegre si muchos de sus miembros no lo son.

Reconozcamos, entonces, que el dolor es -en ocasiones- una enfermedad. Que por tanto tenemos derecho a ser tratados en ese aspecto y no ser rechazados por empresarios, médicos, familiares, amigos, como tristemente sucede con frecuencia. No podemos continuar minimizando el problema del dolor como enfermedad. No podemos seguir haciendo caso omiso a los tratamientos interdisciplinarios dispuestos para ello.

Se estima que entre el 20 % al 40 % (calculando por lo bajo) de las personas con dolor  no son bien manejadas. Socialmente se desestima el valor del dolor, “no sea flojo”, otra desafortunada expresión, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud ha reconocido su existencia y que su tratamiento es un derecho fundamental. La comunidad médica lo puso como el quinto signo vital, óigase bien –vital-, dándole la importancia que tiene.

No quedar callados ante las instituciones y los profesionales de la salud, tampoco ante familia y sociedad, es el camino a reconocer y manejar algo, que me atrevo en mi ignorancia, a calificar como problema de salud pública.

[email protected]

www.lamisiondelalma.com

 

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