Las fuertes lluvias que cayeron al norte de Bogotá durante la tarde del lunes 9 de marzo de 2026, inundaron una vez más el deprimido de la calle 94 con carrera 30. Según la información entregada por Guillermo Escobar, director del Instituto Distrital de Gestión de Riesgo y Cambio Climático (IDIGER), la emergencia se presentó cuando el desagüe de la infraestructura colapsó a causa del incremento de las fuertes lluvias en la ciudad.
La inundación dejó como resultado varios vehículos atrapados, en uno de los cuales había un bebé de meses de nacido, y, por supuesto, el bloqueo en la circulación de automotores durante varias horas, mientras los organismos de emergencias evacuaban las aguas acumuladas en el deprimido.

En el lugar estuvo presente el director del IDU, Orlando Molano, y los organismos de emergencias, quienes atendieron y dieron solución al problema generado por las fuertes lluvias. Los funcionarios explicaron que la inundación se produjo porque la capacidad del sistema de bombeo del deprimido es insuficiente para evacuar la cantidad de agua que se acumula. Sin embargo, según el cuerpo de Bomberos de Bogotá, la acumulación de basura en los puntos de desagüe también afectó el drenaje de las aguas.
Este problema no es nuevo, un año después de que la obra entrara en funcionamiento en 2017 se presentó la primera inundación, luego se han registrado inundaciones en 2019, 2022, 2024, 2025 y ahora en 2026.
Deprimido de la calle 94 con carrera 30
Esta obra es una herencia del carrusel de la contratación que se dio durante la administración del exalcalde de Bogotá Samuel Moreno. Pertenece a las obras ejecutadas en la ciudad por valorización de beneficio local del Acuerdo 180 de 2005 aprobado por el Concejo de Bogotá, y su presupuesto fue de $46.000 millones.
La construcción del deprimido le fue adjudicada por la entonces directora del IDU, Liliana Pardo Gaona, al contratista Julio Gómez, quien fue condenado a más de 10 años de prisión en 2014 por el carrusel de la contratación, en el que cometió irregularidades junto a los hermanos Miguel y Manuel Nule y a su primo Guido Nule.
Gómez fue dejado en libertad condicional en 2019 por el juez 38 penal del Circuito de Bogotá por haber colaborado con la justicia y cumplir parte de su pena. Por su parte, la exdirectora del IDU Liliana Pardo Gaona se encuentra prófuga de la justicia desde 2014, cuando se anunció una medida de aseguramiento en su contra. En 2016, la Interpol emitió circular roja en su contra para capturarla; entretanto continuó un juicio en su contra, en el que un juez de Bogotá la condenó a 20 años de prisión. Desde entonces se desconoce su paradero.

El pasado 2 de marzo de 2026, la sala de casación penal de la Corte Suprema de Justicia confirmó parcialmente la condena en su contra por el delito de cohecho propio. La sala la encontró responsable de las obras de valorización previstas en el Acuerdo 180 de 2005 aprobadas por el Concejo de Bogotá, y consideró probada su responsabilidad en las irregularidades cometidas. Según la sala penal, Pardo Gaona aceptó la solicitud de ayuda en la adjudicación ilegal de los contratos de valorización de Héctor Julio Gómez y demás implicados en el carrusel de la contratación, situación que fue reconocida por la defensa.
La condena para Liliana Pardo quedó fijada en 108 meses de prisión y una multa de 99.5 salarios mínimos legales mensuales vigentes, término que igualmente cobija la sanción accesoria de inhabilidad para ejercer cargos públicos por 11 años emitida por la Procuraduría General de la Nación.
Adjudicación del contrato para construcción del deprimido de la 94
En 2009, durante la Administración del exalcalde de Bogotá Samuel Moreno, Liliana Pardo Gaona, en calidad de directora del IDU adjudicó a la Constructora Arkgo Ltda., para la época propiedad de Héctor Julio Gómez, el contrato para la construcción del deprimido de la calle 94 con carrera 30 por un valor de $46.000 millones, un valor que según los expertos fue sacado de la manga, dado que no había estudios de prefactibilidad, factibilidad, ni diseños de ningún tipo. En el Acuerdo 180 de valorización se había proyectado un monto de $78.000 millones.
A pesar de los incumplimientos evidentes del contratista Julio Gómez en la construcción del deprimido, el IDU no hizo nada al respecto para subsanar los problemas, sino que tardó dos años para declarar la caducidad del contrato a la Constructora Arkgo, el 2 de septiembre de 2011 porque no había entregado los estudios y diseños que estaban en un 80 %. Ese mismo año estalló el escándalo del carrusel de la contratación con Emilio Tapias y los Hermanos Nule, donde también resultó salpicado Héctor Julio Gómez.

A finales de 2011, el Instituto de Desarrollo Urbano abrió un nuevo proceso licitatorio por un valor de $86.000 millones para terminar los diseños y construir las obras. El nuevo contrato fue entregado al Consorcio AIA Concay 2012 (Arquitectos e Ingenieros Asociados), representado por Luis Fernando Carrillo Caicedo. Esta empresa, con más de 75 años de trayectoria en Colombia, informó en 2012, luego de realizar los estudios y diseños, que para realizar la obra se necesitaban recursos por $166.000 millones. El Consorcio inició trabajos y debía entregar las obras en un plazo de 12 meses, sin embrago, la intervención fue suspendida durante dos meses, lo que generó retrasos de aproximadamente 3 años, con nueva fecha de entrega en julio de 2016.
En 2012, cuando llegó el hoy presidente de Gustavo Petro a la Alcaldía de Bogotá, nombró a María Fernanda Rojas en el IDU y fue en dicha administración que se adjudicó el nuevo contrato, las obras debían ejecutarse en un tiempo de 20 meses que terminaron por convertirse en 53, y no fue entregada sino hasta la siguiente alcaldía, encabezada por Enrique Peñaloza, en 2017.
En su momento, el Contralor de Bogotá Juan Carlos Granados Becerra dijo que en dicha construcción hubo un detrimento patrimonial de $8.000 millones. Por lo ocurrido, el ente de control inició un proceso de responsabilidad fiscal en contra de los exdirectores del IDU María Fernanda Rojas, William Camargo, Félix Gómez y Yaneth Mantilla. Hoy, el deprimido de la 94 con carrera 30 no funciona en óptimas condiciones y se sigue inundando cada vez que caen fuertes aguaceros.
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