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El circo de la temida Fuerza de tarea Júpiter del Caquetá

El general Parra de la brigada del Ejército que más ha combatido a la guerrilla, a paras y narcos, quiere que sus soldados ahora hagan reír

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Noviembre 23, 2016
El circo de la temida Fuerza de tarea Júpiter del Caquetá

El Cabo primero, José Salamanca ha dejado a un lado el fusil y empieza a cambiar las botas del combate por unos zapatones blanco y negro que lo convierten en  “Lagrimitas’’; los soldados profesionales Luis López y Carlos Augusto Lasso lo acompañan en un ritual similar que los convierte en “Zapatico” y “Cuqui”. Los tres tienen en su rostro el rastro duro de la guerra. En sus manos, la huella de las balas que quedan también cubiertas con el maquillaje blanco. La nariz la remata una bola roja y los labios toman la forma de una sonrisa perenne. El camuflado ha quedado atrás para darle vía libre a los colores y la extravagancia.

Estamos en Florencia, en el departamento del Caquetá, donde se libraron las batallas más cruentas de la guerra. Quince años de operaciones bélicas por tierra, aire y ríos dirigidas desde la base militar de Larandia o Tres Esquinas contra el Bloque Sur y la columna móvil Teófilo Forero, que dejaron muertos, lisiados, viudas, y huérfanos de todos los bandos.

El comandante gestor de la idea es el General Cesar Augusto Parra, un hombre que fue miembro de las fuerzas especiales conocidas como ‘’La Fudra’’.  Él, ha querido que los más de cinco mil soldados de la joven Fuerza de Tarea Júpiter del ejército, personifiquen las dos caras: la de la guerra y la de la alegría de vida que llega con el Circo de la Amazonía a los rincones de los departamentos del Caquetá, Amazonas y Putumayo.

Está fuerza, adscrita a la Décima Segunda brigada del Ejército Nacional, fue creada a mediados de 2013 con un objetivo específico: combatir a la columna Teofilo Forero, la más temeraria de las Farc que operaba bajo el mando del histórico jefe militar  de las Farc,  Jorge Briceño, el  ‘Mono Jojoy’ pero en el terreno por El Paisa quien terminó en La Habana a principios de este año como parte del equipo de apoyo a los negociadores de paz. Se formaron también para enfrentar narcos, paramilitares, bandas criminales, y para intentar darle una tranquilidad a la gente que pareciera ahora lo logran más gratamente haciéndolos reír.

El Brigadier General, Cesar Parra, es bajo de estura, tiene voz aguda, le cuesta acomodarse dentro de su camuflado, canta el himno a la patria a todo pulmón, y en la tropa lo respetan y lo quieren.  Se nota. En su oficina, donde se escuchan las botas chocando contra el asfalto en el entrenamiento matutino de sus hombres que trotan con cantos militares alrededor de toda la brigada,  recibe a varios periodistas de Bogotá, a funcionarios de la embajada de Estados Unidos, de la agencia de cooperación norteamericana USAID y del programa Acdivoca que presentó en Florencia el programa Alianzas Para la Reconciliación (PAR) con el que le quieren dar un aire de reconciliación al Caquetá y a otras 25 regiones apartadas de Colombia golpeadas por el conflicto. El General Parra no habla de disparos, de operativos militares, ni de resultados, a pesar de que ese mismo día sus hombres habían decomisado más de 50 kilos de cocaína a una estructura criminal que intentaba sacarla del país. Él prefiere compartir con entusiasmo el Circo de la Amazonía, una idea que sonaba ingenua pero que se volvió potente en aquel lugar  identificado en la geografía de Colombia como zona roja.

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En medio de la gigantesca Brigada se abre una gran carpa azul que empieza a llenarse de niños de las escuelas de las veredas y barrios vecinos. Juiciosamente hacen fila y esperan el refrigerio. Escapados de la rutina escolar resultaba divertido compartir con los soldados. Iban a reír. Llenaron las gradas del circo. No tardaron en aparecer  “Lagrimitas’’, “Zapatico” y “Cuqui”. Quien podría creerlo: el cabo Salamanca, y los soldados López y Lasso vestidos de payasos. Las risas se toman la carpa.

 

Las cosas van cambiando en el Caquetá en donde la gente ya no mira para atrás con amargura ni resentimiento a pesar de que cada familia caqueteña guarda un gran dolor. De los 180.000 habitantes de Florencia, 95.000 están inscritos en el registro nacional de víctimas: secuestros, muertes, “vacunas”; dolor indiscriminado ocasionado por  guerrilleros o paramilitares, indistintamente, dependiendo de la zona donde vivieran. Se siente vida en Florencia y por el gran rio Orteguanza no solo se navega con libertad sino que incluso hay un ferry turístico nocturno que hace borrar con su música y el entusiasmo de los tripulantes cualquier estela de miedo. Un miedo que cada día hace más parte del pasado.

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