'El Chavo del Ocho', la gran oda a la pobreza

"El programa trata de romantizar esta situación, mostrándola como algo parecido a una virtud"

Por: Dustin Tahisin Gómez Rodríguez
septiembre 17, 2019
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'El Chavo del Ocho', la gran oda a la pobreza

Cuando era niño uno de los programas que más me gustaba ver era El Chavo del Ocho y sus derivados: Chespirito, El doctor Chapatín, Chapulín Colorado, etc. Sin embargo, a medida que pasaban los años, las experiencias, las lecturas, inició un desagrado garrafal por estos contenidos pero sobre todo por la creación cumbre de Roberto Gómez Bolaños, la cual considero ahora una apología a la pobreza. Entendiendo apología desde los postulados de Sócrates, Platón y Aristóteles como el acto de defensa, del griego ἀπολογία, “hablar en defensa”.

Precisamente el presente apartado concibe El Chavo del Ocho como una apología de la pobreza, dado que a nuestro juicio trata de romantizar la pobreza, siendo que esta no es una virtud y que la miseria jamás es algo positivo. En efecto, si uno se pone a ver con cuidado El Chavo del Ocho encuentra cómo los diálogos ratifican que la pobreza es virtuosa cuando es todo lo contrario. Un ejemplo de ello es que el protagonista vive en un barril, no tiene mamá, pasa hambre, es un pésimo estudiante, sus compañeros de vecindad abusan de él tanto verbal como físicamente, pero lo catalogan de “tierno”, “honesto” y “servil” .Calificativos utilizados por los esclavistas colombianos como Sergio Arboleda o por los hacendados hablando de los campesinos. De igual modo, es miserable enaltecer el vago, el que no trabaja, pero que es un duro para evadir sus compromisos como la renta. Precisamente Don Ramón es el típico hampón que vive del diario pero con toque quijotesco se le vuela al señor Barriga.

Así mismo, no es “hermoso” ver trabajar a un señor de la tercera edad como don Jaimito en una bicicleta y además que a su edad viva solo de una pensión. Tampoco ver a una señora que tenga que aceptar la falta de respeto por parte de niños malcriados, pobres y brutos que la califican en todo momento de “bruja” sin que sus papás tomen cartas en el asunto, ratificando precarias pautas de crianza. Sin olvidar, la típica pobretona que vive con pobres pero que se cree de mejor familia, evidenciando arribismo, solo porque tiene una pensión (aunque está enamorada de un profesor que solo la utiliza para tomar café). Acotando que el señor profesor es un tirano, que se esfuerza por enseñar en forma memorística, pero no tiene dominio de grupo ni genera construcción y deconstrucción del conocimiento, pues cada vez más son más brutos sus estudiantes y se contenta con llevarle flores y calentarle el oído a doña Florinda.

En consecuencia, la presente disertación simplemente es una breve queja contra los héroes de la niñez, donde en particular se quiere reflejar cómo desde corta edad nos tratan de meter discursos que intentan enaltecer o romantizar las características de la pobreza... como si ser pobre fuera una virtud en el sistema capitalista y sobre todo en el capitalismo primitivo de Colombia, donde adolecemos tantas injusticias sociales, económicas y políticas.

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