El castrochavismo no es ningún juego

"Que el presidente norteamericano haya utilizado este término le da seriedad política a algo que la llamada izquierda ha mirado de manera burlesca". Escribe Ariel Peña

Por: Ariel Peña González
octubre 15, 2020
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El castrochavismo no es ningún juego

No habíamos conocido que un mandatario de EE.UU. se hubiera referido específicamente al término castrochavismo, como lo hizo hace pocos días el presidente Donald Trump en un efusivo mensaje en Twitter, con ocasión de la libertad del expresidente colombiano Álvaro Uribe, mencionando lo siguiente: “ Un héroe, antiguo merecedor de la medalla presidencial de la libertad y un aliado de nuestro país en la lucha contra el castrochavismo”. Por lo tanto, el término en mención utilizado por el presidente norteamericano le pone seriedad política en la región a algo que la llamada izquierda ha mirado de manera burlesca y que por ignorancia o maldad ha pretendido vender como un invento de origen colombiano.

Militantes de la estafa comunista del marxismo-leninismo, en sus diferentes versiones, afirman que el concepto de castrochavismo fue inventado por el expresidente Álvaro Uribe, cuando en realidad eso es cosecha del chileno Fernando Mires, historiador y sociólogo, quien relacionaba el término con las intenciones expansionistas del tirano Fidel Castro para Latinoamérica de la toma del Estado desde el Estado, y no como el anterior proyecto castroguevarista que era la toma del Estado desde afuera. Claro que debemos acotar que en anteriores escritos hemos explicado el asunto.

Ahora bien, para la campaña electoral de 2022, los demócratas le están advirtiendo a los colombianos el peligro de que el país se convierta en otra Venezuela, saliendo algunos grupos de lo que llaman izquierda a decir que eso es imposible, sin tener una explicación lógica, y olvidando que de ser el caso nuestra situación sería aun más calamitosa. Por ejemplo, los recursos económicos de nuestro país en materia petrolera son exiguos, cosa que no ocurría en la nación bolivariana cuando Chávez llegó al poder; y en el caso del agro, con los acuerdos de La Habana, prácticamente harían desaparecer la producción en el campo, pues la concepción feudal comunista acerca del territorio no es para trabajar el agro sino para tener dominio político, social y económico sobre las comunidades, olvidando que la tierra esencialmente es un medio de producción.

En esa circunstancia, así como vemos a miles de venezolanos venir a Colombia como refugiados por el hambre, eso mismo ocurrirá con millones de jóvenes colombianos en un futuro con un gobierno de la denominada izquierda, a quienes les tocará irse a Perú, Chile, Argentina o Panamá, debido a que Colombia estará bajo la férula del castrochavismo, pues no hay que olvidar que a las élites del comunismo totalitario no les interesa el bienestar de las masas, ya que lo que les importa es el poder político para siempre.

No hay que olvidar que la logia marxista-leninista en Latinoamérica culpa al imperialismo del fracaso del socialismo del siglo XXI, olvidando que la región dejó de ser vital para el imperio hace más de 43 años, cuando el partido comunista chino se alió con el capital financiero internacional para montar las grandes factorías de las transnacionales en el país asiático, superexplotando a los obreros y repartiéndose la plusvalía, lo que condujo a que el “plan básico” diseñado por los gringos para América Latina a principios de la década de los 70 del siglo pasado no se concretara. Y con la alianza entre el partido comunista chino y las transnacionales fue que surgió el neoliberalismo que sirve para que sectores de la llamada izquierda metan alaridos ignorando su origen que causó la flexibilización laboral en el planeta, perjudicando a los trabajadores del mundo; con el agregado de el COVID-19 que actualmente padece la humanidad, cuyo origen y propagación por el mundo es responsabilidad del régimen chino, siendo ese otro resultado de la globalización.

La riqueza que hoy tiene China no apareció por milagro o porque la tumba de Mao Tse Tung se convirtió en una guaca, sino que surgió de los capitales venidos de otros países como Estados Unidos. De ahí que la confianza inversionista de la que hablan no es una anatema como muchos alucinados marxistas creen, porque a pesar de la superexplotación a los obreros chinos, ello ha contribuido a sacar de la pobreza a millones de personas en el país asiático.

El Foro de Sao Paulo tiene como receta para Colombia el modelo político y económico de Venezuela para el 2022 con sus diferentes partidos, porque a los burócratas comunistas totalitarios lo que les importa es la perpetuidad en el poder, pues así como la jerarquía comunista china echó mano de la economía de mercado para salvarse de la hecatombe que la podría haber defenestrado del poder a mediados de los 70, para nuestro región la miseria de las masas es la condición necesaria para eternizar un sistema comunista en donde con cartillas de racionamiento o carné de la patria con los CLAP (Comité Local de Abastecimiento y Producción) se envilezca a la población para tenerla subyugada al régimen comunista el cual nunca dejará el poder.

Lo anterior demuestra que el comunismo totalitario se vale de cualquier triquiñuela para alcanzar sus objetivos estratégicos, por ello en las próximas elecciones es un deber moral denunciar las patrañas del comunismo totalitario que pretende esclavizar a Colombia como lo está haciendo con la patria de Bolívar, en donde el castrochavismo, que es otro remoquete comunista, no es ningún juego.

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