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El Cartel de los buenos: se buscan menores de 25 con ideas que salven vidas en Medellín

Cinco amigos, asediados por drogos y ladrones armados con pistola y cuchillo, le arrebataron los jóvenes a las bandas criminales a punta de cine y deporte

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Diciembre 21, 2017
El Cartel de los buenos: se buscan menores de 25 con ideas que salven vidas en Medellín

¿Por qué los jóvenes casi no leen? Fue la pregunta que quiso responderse Sebastián Barragán Arango, un joven de 24 años estudiante de Ciencia Política, mientras veía que la muerte, la droga y las amenazas rondaban su barrio Palmar del Robledo, en la Comuna 7 de Medellín. Creció oyendo estadísticas de muerto  y luego estudiándolas en la Universidad Nacional donde estudia.

Hace 25 años Medellín tenía una de las tasas más altas de homicidios del mundo. En los años 90, cuando los carteles de la droga eran los mayores enemigos del Estado, la capital antioqueña alcanzó los 400 homicidios por cada 100.000 habitantes. Es decir, cuatro veces el promedio de El Salvador, considerado el país más violento. Ahora, la ciudad ha logrado reducir esa cifra en un 90%, convirtiéndose en uno de los mayores logros de los últimos años. Sin embargo, los rezagos de esa oleada de violencia aún quedan en las comunas más pobres, y diferentes grupos criminales todavía tienen el control del microtráfico en los barrios.

Comenzó con cineforos para entusiasmar alrededor del cine. A veces les prestaban el sonido para proyectar las películas, pero no lograban conseguir el video beam; y otras era al revés. Sin embargo, Sebastián le encontró solución al problema y con los muchachos del barrio optaron por  pintar una pared en el parqueadero de carros localizada al frente de los edificios de vivienda de interés social que construyó el gobierno.  Este fue el comienzo de la casa taller que se identifica con este aviso “Corporación Con-ciencia y Dignidad”.

Siguieron con el deporte. Resultaba la mejor manera de ayudar a que renaciera el sentido de identidad, de  barrio, de territorio y se sintieran parte de una comunidad, protegidos y no amenazados. “Los pelaos comenzaron a jugar acá porque no tenían una cancha o un parque. Un día les dije que montáramos una cancha, y a los ocho días ellos mismos empezaron a tumbar los bolardos del parqueadero para poder jugar. Después de eso inauguramos la cancha con un sancocho con toda la gente y hace poco construimos los arcos con barandas de una construcción que las iba a botar”.

Sebastián, Cristina Monsalve y los otros tres amigos de la Corporación se han propuesto innovar todo el tiempo.  Al problema de consumo de drogas y seguridad,  la corporación se ha enfrentado con actividades culturales y talleres comunitarios. No faltan los voluntarios, incluidas las señoras del barrio quienes trabajan hasta doce horas diarias. Ellas resultan ser las más interesadas en que los jóvenes ocupen el tiempo libre. “¿Qué hace un pelao con tanto tiempo libre? La cultura de hacer plata fácil que nos dejó el narcotráfico todavía es el objetivo de muchos y eso es lo que estamos intentando cambiar”.

Lo que antes era un parqueadero para carros y motos, ahora es una cancha de microfútbol

Mujeres y madres del barrio se unieron a la Casa para montar un taller de arte y manualidades. Con pequeñas partes de baldosas incrustadas han construido paisajes, además de ser un espacio en el que pueden conversar y compartir problemas y preocupaciones.

Los proyectos comunitarios se convirtieron en la excusa de integrar a toda la gente del barrio, incluso llegan personas de otros lugares de la comuna para participar en la corporación. El graffiti que pintaron en una de las casas o la huerta comunal en la que tienen lechuga, tomate, cilantro y algunas aromáticas ha sido una forma de unirlos. “Estamos demostrando que todos debemos cuidar el territorio del que nos tenemos que apoderar. La huerta, por ejemplo, se trata de eso, que la gente entienda que dependen de ellos mismos para poder comer”, explica Cristina.

La Alcaldía de Medellín ha querido apoyar el trabajo de estos jóvenes que intentan hacerle frente a las circunstancias que suelen ser ásperas y difíciles, y a través de la Secretaría de Juventud crearon ProyectoR para darle un espaldarazo a iniciativas que muestren la esencia creativa y vital de los jóvenes, contraria a la imagen que con frecuencia se presenta de ellos, y así demostrar que en las Comunas de Medellín lo que hay es un verdadero Cartel de los buenos.

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