El campo podría desaparecer en Carmen de Viboral

En el municipio antioqueño, el área rural se está deteriorando. El agua y los bosques sufren fuertes problemas ambientales que ya amenazan a las comunidades

Por: Daniel Alejandro Quintero Zuluaga
febrero 14, 2020
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El campo podría desaparecer en Carmen de Viboral
Foto: Fernando Gallo B. CC BY 3.0

Como lo hemos expresado a través de diferentes escritos, diversos son los aspectos que están contribuyendo a que nuestro municipio se quede sin ruralidad. Entendiendo esta, como el conjunto de elementos que durante toda la vida han existido en nuestros campos carmelitanos; como por ejemplo los bosques, el agua, los campesinos, la producción agrícola de pan coger, la fauna, la flora, entre otros elementos que han sido característicos de nuestros campos.

Digo esto porque no vasta si no andar las veredas de esta localidad para darnos cuenta de que ya no hay, por ejemplo, agua en el municipio.

Por este verano que estamos viviendo, diferentes acueductos veredales están sin este líquido vital, de hecho, están racionando el agua porque no tiene como abastecer a sus asociados o usuarios, a pesar de ser el tercer municipio del oriente antioqueño con más agua. Es evidente que hoy por hoy este recurso está bastante comprometido, debido a la mala planificación urbana y rural que han tenido en este terruño. Uno no entiende cómo es posible que este municipio no tenga políticas claras para proteger los bosques y las cuencas hidrográficas.

Pero qué más se puede esperar si hasta la fecha no ha habido un alcalde ni unos concejales que realmente se preocupen por este importante tema, pues no se han diseñado estrategias claras que contribuyan a la protección y preservación de nuestros bosques y montañas, tanto así que, según dicen como comentarios de pasillo, cuando una persona iba a sacar una licencia ambiental en administraciones anteriores, se la entregaban así no más, sin una visita técnica que permitiera identificar si se podía expedir la misma generando impactos ambientales supremamente complejos.

Lo único que han hecho estos alcaldes, que para eso si la tienen clara, es, por una parte, incrementar los impuestos en la zona rural como lo hizo hace un par de años un mandatario que por ahí anda haciendo de las suyas en la comunidad, como si no estuviese satisfecho con todo el daño que le hizo a este pueblo. Y lo más paradójico de todo, es que aún hay líderes sociales y habitantes que aún le creen.

¡Cuándo despertaremos, Dios mío!

Y, por otra parte, son felices expidiendo “los alcaldes” con sus funcionarios de planeación, licencias de construcción, tanto de parcelaciones en las diferentes veredas como de construcciones civiles en la zona urbana.

Por consiguiente, esto está contribuyendo a que, por una parte, el incremento en los impuestos de la tierra obligue a los campesinos a vender, ya que no les es viable vivir allí por fines económicos y sociales; y por otra parte, los emporios construyan sus parcelaciones, conllevando a un desplazamiento casi forzado de nuestros campesino y una disminución de la producción agrícola de forma considerable, trayendo como consecuencia a su vez una demanda de servicios inimaginables que atentan contra el medio ambiente y un incremente exacerbado en el costos de vida.

De otro lado, un PBOT aprobado por unos concejales que parecieran desconocer la ruralidad, al parecer es más un corte y pegue que una real solución para la problemática que vive el municipio en temas de ordenamiento del territorio, y no solo esto, lo más delicado del asunto es que, si bien este PBOT puede tener cosas interesantes, la ejecución o el cumplimento del mismo pareciera ser que a muchos funcionarios que han pasado por la administración municipal les importase un pito. Pues aquí en El Carmen se construye donde no se debe o no está permitido, se dan licencias sin más ni que, para hacer cosas que según el Plan Básico de Ordenamiento Territorio no se puede; dice uno entonces ¿quién es el garante de que esto se cumpla?

Estos son aspectos que sin lugar a dudas son los más determinantes para que nos quedemos sin ruralidad, es decir, sin campesinos cultivando productos de pan coger, sin bosques, sin aguas y todos los servicios ecosistémicos que nos brindan los recursos medioambientales que satisfacen nuestras necesidades.

Es claro que el municipio ha pasado por olas de calor años atrás, como esta que se está viviendo por estos días, pero ¿acaso paran las construcciones, tanto en la zona rural como urbana?, ¿acaso hay políticas en la municipalidad que a su vez ayuden a restringir tanto la frontera agrícola como la frontera urbanística? ¡Sin lugar a dudas que no!

Espere en el próximo escrito cifras muy preocupantes de cómo nos estamos quedando sin ruralidad y ¿por qué nos damos cuenta de que no han hecho nada, ni los burgomaestres y concejales anteriores para proteger nuestra ruralidad?

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