Opinión

El ´brexit´ lleva al gobierno de Theresa May al límite

Guerras intestinas y unas enredadas negociaciones dejan a May colgando del hilo de que ningún político quiera sucederla para no hacerse cargo del desastre

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julio 16, 2018
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El ´brexit´ lleva al gobierno de Theresa May al límite
Theresa May ya ha perdido dos alfiles: el secretario para el ´Brexit´, David Davis, y al canciller Boris Johnson, partidarios de un ´brexit duro´

Como ya lo había anticipado en una columna anterior las negociaciones entre la Unión Europea y el Reino Unido para su salida de la UE (lo que conocemos como el brexit) nunca iban a ser fáciles. Especialmente, porque hay una enorme presión de tiempo para llegar a un acuerdo que establezca los pormenores de esta salida y la naturaleza de las futuras relaciones entre ambas partes. Gran Bretaña está legalmente obligado a salirse del bloque el 29 de marzo de 2019, exactamente dos años después de haber manifestado su voluntad de abandonar la Unión.

Hasta el momento, las negociaciones han avanzado muy poco, más que todo porque en Londres existen serias dudas y contradicciones sobre el camino a escoger: La salida completa (brexit duro) que cortaría todos los lazos con Bruselas, o la salida relativa (brexit blando) que minimiza los impactos negativos para la economía británica, manteniendo algunos aspectos y reglas del mercado común.

En los últimos meses se ha sabido de las guerras intestinas al interior del gobierno de la Primera Ministra Theresa May entre los radicales nacionalistas, que se oponen a cualquier concesión a los europeos, y los representantes de la comunidad financiera y empresarial que quieren proteger sus intereses económicos. Por meses, May ha evitado tomar una decisión al respecto, temiendo una rebelión en sus propias filas y la eventual caída de su gobierno.

Finalmente, el 6 de julio pasado optó por una salida aparentemente salomónica: Un “libro de reglas comunes” compartido por Londres y Bruselas, que sería obligatorio también para los británicos. Este plan fue inmediatamente rechazado por los euroescépticos más radicales, entre ellos el secretario para el Brexit, David Davis, responsable de las negociaciones con la Union, quien renunció a su cargo en señal de protesta. Al día siguiente, el canciller del Reino Unido, Boris Johnson, quien abogaba por un brexit duro, presentó también su renuncia. En su carta de dimisión, Johnson advirtió que “el sueño se está muriendo.” El plan de May reduciría a Gran Bretaña al “estatus de una colonia”.

En realidad, el supuesto contraste entre el brexit duro y blando es más ilusorio que real. Evidentemente, los nacionalistas quieren probar sus credenciales demandando una ruptura total con Europa, pero como se ha probado en el último año y medio, ni ellos ni nadie tienen idea de lo que eso significaría en términos prácticos. El brexit blando podría sonar menos atractivo pero es probablemente la única política que tiene chance de éxito. Muchos proponentes del brexit como Jacob Rees-Mogg o Lord  Lawson han hecho gala de una hipocresía extraordinaria, al ser descubiertos haciendo preparativos para mover sus bienes financieros hacia la jurisdicción de la Unión Europea para continuar beneficiándose de las reglas sobre el libre movimiento de capitales o asesorando a sus clientes británicos para hacer lo mismo.

 

Grandes compañías como Airbus, Siemens o Jaguar
ya han advertido que un ´brexit duro´
les forzaría a reubicar sus operaciones fuera del Reino Unido

 

Mientras tanto, los términos de tiempo para concretar las negociaciones siguen aproximándose. Los países miembros de la UE no han dado el brazo a torcer, ni han ofrecido concesiones importantes a las pretensiones inglesas. Si los negociadores no llegan a un acuerdo transitorio hasta octubre de este año, se avecina la posibilidad de que Gran Bretaña salga de Europa sin ningún marco regulatorio. Eso sería muy malo para ambas partes, pero seguramente peor para Londres. Grandes compañías como Airbus, Siemens o Jaguar ya han advertido que un brexit duro les forzaría a reubicar sus operaciones fuera del Reino Unido. Sería irónico que los proponentes del brexit, cuyo objetivo declarado es restablecer la influencia y gloria británicas en el mundo, terminaran hundiéndola.

La salida de la fracción más euroescéptica de su gabinete termina debilitando aún más al gobierno minoritario de May, cuya supervivencia está siendo seriamente cuestionada. La única consideración que puede aún salvar a la primera ministra es que en las presentes circunstancias ningún político (ni siquiera el ambicioso Johnson) quiera sucederla, para no tener que asumir la responsabilidad por el eventual desastre del brexit. Es de esperar entonces, que Theresa May continúe en su puesto por el momento, muy a pesar de sí misma.

 

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