El bloque parlamentario de Risaralda

El departamento cuenta con siete congresistas, cifra importante. Sin embargo, todo parece indicar que no trabajan en bloque, cosa que debería ser distinta

Por: Juan Nicolás Gaviria B.
diciembre 14, 2020
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El bloque parlamentario de Risaralda
Foto: Las2orillas

¿Qué es eso? Podrían consultar los incautos. ¿De qué me hablas viejo? Dirían los que saben. Y es que ambos tendrían razón. Aquí sí tenemos parlamentarios, juiciosos y diligentes todos, prestos y dispuestos a atender las necesidades de la región; pero que trabajen en "bloque" pocón.

Nuestro departamento cuenta con la no despreciable cifra de siete congresistas a su haber. Siete señores que deben su lealtad y gestión a esta tierra y, faltaría más, el trabajo se puede advertir. Sin embargo, si trabajaran en bloque, créame que la historia sería otra.

Vamos a ver un poco de lo que estoy hablando, a revisar brevemente a nuestros congresistas, analizar cómo desarrollan su labor y observar si están trabajando en equipo o no, pues, reitero, están trabajando. Sin embargo, les aseguro que en equipo no es.

He sostenido desde hace ya algún tiempo que existen dos tipos de congresistas: los estadistas y los de gestión. Esto es así, los estadistas son aquellos que llegan al Congreso a jugar un rol de Estado, promover leyes, hacer control político y en otros casos oposición, lo cual no está mal. De hecho, es indispensable para la dinámica propia de la democracia.

Por otro lado, tenemos a los congresistas de corte regional. Estos son aquellos que primordialmente llevan en su mente y su agenda las causas de su región, los proyectos y necesidades propias de su territorio. Este tipo de congresista es aquel que gestiona recursos, destraba procesos, facilita el encuentro y logra la visibilidad del territorio ante el ejecutivo. Estos son los que me gustan a mí.

Bueno, resulta que entre nuestros siete congresistas contamos con tres senadores y cuatro representantes. Brevemente les explico que los senadores recogen votos en todo el territorio nacional, mientras que los representantes solo en sus departamentos. De lo anterior se deriva entonces la forma en la que deberían responder a sus electores, y por ende su gestión parlamentaria.

Ahora cabría revisar que necesidades puntuales tiene la región y cuáles son los momentos propicios en los cuales este grupo de congresistas debería aunar esfuerzos con el fin de lograr los cometidos regionales. Sin embargo, primero revisemos un poco como funciona eso por allá en Bogotá.

Eso es entre complejo y sencillo. Recordemos que estos señores hacen parte de una rama del estado que se llama “el poder legislativo”, esta rama está en constante relacionamiento, bueno o malo, con la otra rama del poder “el ejecutivo”, es decir el gobierno. Nos queda la rama judicial, pero para efectos de esta columna no viene al caso.

Entonces estos parlamentarios, los cuales no solo ostentan un voto, también ostentan la capacidad de relacionamiento político dentro de sus partidos y sus bancadas, juegan un rol importante para el gobierno en lo que respecta a sacar adelante su agenda, la agenda del ejecutivo.

Y es esa agenda en la cual debemos enfocarnos. En la medida en la que los parlamentarios logren incluir en esa agenda, la del ejecutivo, los temas de la región, en esa misma medida veremos como se mueven los recursos hacia la misma.

Pero eso no es fácil, lograr que un ministro atienda el llamado de una región no es fácil, pues son muchos. Treinta y dos departamentos pidiendo, que digo pidiendo, poniendo la ponchera y mendigando recursos; es que eso de la centralización del estado y los recursos es como complejo a veces.

En todo caso, ahí está el meollo del asunto. Cuál es la agenda de la región, esa agenda que la bancada parlamentaria debería ir a defender ante el ejecutivo a capa y espada. Ese paquete de proyectos e iniciativas regionales que se requieren con urgencia y que con los recursos disponibles localmente no alcanza.

Resulta que efecto existe un espacio de reunión entre todos, se llama “Reunión de Bloque Parlamentario”. La lidera y la convoca la Cámara de Comercio de Pereira y el Comité Intergremial de Risaralda. En ella confluyen todos los congresistas, pues todos son convocados, pero de ahí a que asistan es otro tema.

Bueno, en esta reunión se presenta a los congresistas la agenda del territorio, lo que se considera pertinente o apremiante para la región. Allí se discute sobre los avances de algunas gestiones y necesidades puntuales, a mi entender este espacio no busca cosa diferente a lograr un consenso y el trabajo mancomunado ante el ejecutivo de los congresistas risaraldenses.

Pero se pregunta uno qué sucede después de esto, en qué terminan las gestiones, a quién le dan la cita con el ministro o funcionario que corresponda, y si este que logró el espacio en la agenda lo socializó con los demás, o simplemente se lo guardó como un estandarte digno de ser promovido en redes sociales, como un gran logro de la gestión parlamentaria individual.

Hace pocos días, veía con atención un debate de cámara sobre la recientemente aprobada ley de turismo. Atendía con sumo cuidado el debate del artículo 35, de vital importancia para nuestra región. Con asombro advertí como dos representantes, risaraldanses ellos, radicaron individualmente proposiciones de modificación para el mismo artículo, proposiciones de las cuales solo una tenía aval del gobierno.

Lo que más me llamó la atención fue la intervención del viceministro. En su intervención invitó al congresista cuya proposición no tenía aval a que la dejara como constancia de forma que pudiera ser debatida posteriormente en Senado, pero también resaltó que sería bueno que se pusieran de acuerdo en el futuro, pues dar debate a dos proposiciones sobre el mismo tema, al mismo artículo y viniendo del mismo departamento resulta en una perdida de tiempo valioso.

Fue en ese momento que entendí que no se están conversando. El hecho de que una de ellas tuviera aval del gobierno, supone que esta fue socializada y conciliada con el gobierno, esto supone que entre quien presenta dicha proposición y el gobierno existe un canal de comunicación abierto y solvente. Hombre, y si yo que estoy al otro lado del televisor y me doy cuenta de eso, quien está allá en el suelo del Congreso lo debe tener más claro aún.

Es por lo anterior que me resulta inquietante la falta de comunicación entre el bloque de congresistas, si bien militan en diferentes partidos, todos deben su lealtad, trabajo y agendas a esta tierra. Deberán anteponer sus egos, pasiones y posturas ideológicas a un lado si estas se atraviesan en los intereses de la región.

Es por lo anterior, que le quiero extender una invitación a los líderes del Bloque, la Cámara y el Intergremial, me gustaría den un llamado de atención enérgico sobre esta situación. El trabajo articulado entre los congresistas no puede darse solo ante la solicitud de ustedes, esto debe ser una cultura, una forma de entender el ejercicio y la responsabilidad que recae sobre ellos; es la esencia misma de su rol.

Ahora bien, ¿y qué tal si hablamos del "bloque parlamentario del Eje Cafetero"? No podemos olvidar que juntos hacemos más.

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