El BID impulsará la bioeconomía en la Región Amazónica: ¿hay algo que celebrar?

¿No habrá detrás un interés por privatizar la naturaleza y generar beneficios para una minoría sin importar las consecuencias?

Por: José Alfonso Valbuena Leguízamo
marzo 23, 2021
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El BID impulsará la bioeconomía en la Región Amazónica: ¿hay algo que celebrar?
Foto: Twitter @AsambleaBID2021

En el marco de la Asamblea 61 del BID (Barranquilla), durante el Foro de Desarrollo Sostenible de la Región Amazónica, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Mauricio Claver-Carone, anunció la iniciativa de un fondo de 20 millones de dólares “para el desarrollo sustentable de la región amazónica latinoamericana”, enfocado en bioeconomía, agricultura, ganadería, bosques e infraestructura. En palabras del abogado estadounidense reseñadas por el diario El Heraldo (18 de marzo de 2021), la bioeconomía "es el área que más promete para el desarrollo sostenible de la región amazónica, porque combina la protección del medioambiente, la producción económica y un abanico de beneficios socioculturales". Dadas las implicaciones de tal anuncio para la región, inspeccionaremos brevemente otros conceptos de bioeconomía y sus impactos en las actividades agropecuarias.

Así, en el economista rumano Nicholas Georgescu-Roegen, considerado el padre de la economía ecológica, quien relacionó la ley de la entropía y el proceso económico, encontramos al promotor del término “bioeconomía”, en la idea de que la lucha económica del hombre es una continuación de la lucha biológica. Sin embargo, el sentido y alcance del término en la actualidad, remite según algunos autores al neoliberalismo económico[i], en cuanto a su concepción como transformación del capital natural para obtener retornos en el corto plazo, en el pretexto de encontrar alternativas a los combustibles fósiles.

Si revisamos la postura de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), encontramos que la bioeconomía es comprendida como una economía basada en el consumo y la producción de bienes y servicios derivados del uso directo y la transformación sostenibles de recursos biológicos y de los desechos biomásicos, aprovechando el conocimiento, la emulación y la transformación de los recursos, sistemas, procesos y principios biológicos[ii]. La OCDE, por su parte, la entiende como una economía basada en la manipulación, transformación, explotación y apropiación de la materia biológica realizada a través de las nuevas biotecnologías, la nanotecnología y la ingeniería genética[iii].

Con la receta surgida de las anteriores definiciones, que implica el protagonismo del mercado en la gestión de los recursos naturales, en la “Global Bioeconomy Summit” celebrada en noviembre de 2020, por parte de Colombia la Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite presentó la experiencia del biodiesel. Expresiones como “bioeconomía y competitividad”, “bioeconomía y sostenibilidad” y “desarrollo de territorios rurales”, estuvieron presentes en el discurso, muy en concordancia con la incorporación de los bioproductos de la palma de aceite en esta lógica. Tales expresiones grandilocuentes son utilizadas también con derivados de otros cultivos flexibles y genéticamente modificados (soya, caña de azúcar, maíz), sin ponderar aspectos que identifican algunos expertos como los es el sacrificio que se da en sus extensas siembras a la producción de otros alimentos que sí aportan a la sostenibilidad y la protección de la biodiversidad.

Otros puntos de debate que aparecen a la hora de hacer un balance de la bioeconomía están relacionados con la apropiación de tierras por los agroempresarios, el desplazamiento de los pequeños productores, la sobreexplotación de los recursos y finalmente la mercantilización de la naturaleza. Todo lo anterior muy lejos del fortalecimiento de las economías campesinas tradicionales.

De todos modos, las críticas a la bioeconomía vienen de tiempo atrás. En el año 2012 la Coalición Mundial por los Bosques, en su investigación Bioeconomía en comparación con la biodiversidad, ya había resaltado que en el afán por extraer la biomasa de los bosques y las tierras agrícolas para producir la energía y materiales comparable a la extracción de combustibles fósiles, se evidenciaba el interés de la bioeconomía por privatizar la naturaleza y generar beneficios para una minoría sin importar las consecuencias. El informe concluía que con el aumento masivo de la producción y el uso de la biomasa se desencadenan problemas como el hambre, la apropiación de tierras y el colapso de los ecosistemas; causando un daño grave en la biodiversidad, en los pueblos indígenas y los campesinos[iv].

Conocida la noticia del presidente del BID, dos gobernantes de la derecha latinoamericana se manifestaron así:

- "Estamos ante una de las estrategias más importantes en la historia de esta institución" (Iván Duque).

- “Es un motivo de orgullo para nuestro gobierno que el Fondo tenga como una de sus prioridades el fomento a la bioeconomía” (Jair Bolsonaro).

[i] Así lo sostiene, por ejemplo, Vincenzo Pavone citando a autores como Cooper, Birch, Mirowski y Plehwe. Pavone, V. (2012). Ciencia, neoliberalismo y bioeconomía. Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad - CTS, 7 (20), 1-15.

[ii] Rodríguez. A.G. (2017). La bioeconomía: oportunidades y desafíos para el desarrollo rural, agrícola y agroindustrial en América Latina y el Caribe. CEPAL-FAO-IICA.

[iii] OCDE. (2009), La Bioeconomía a 2030: diseñando una agenda de políticas. París.

[iv] Hall, R., 2012. Bioeconomía en comparación con la biodiversidad. Coalición Mundial por los Bosques, abril de 2012.

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