El analfabetismo funcional, un problema que azota a la sociedad colombiana

Analfabetismo funcional es “la incapacidad para utilizar la capacidad de lectura, escritura y cálculo de forma eficiente en las situaciones habituales de la vida”

Por: Carlos Alberto Cano
mayo 18, 2022
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El analfabetismo funcional, un problema que azota a la sociedad colombiana
Foto: Pixabay

Uno de los temas que más debe preocupar a una sociedad es el de la educación con calidad, continua y permanente.  Pero más para aquellas personas que tienen la intención de hacer parte de una organización, sea esta pública y privada, sobre todo en cargos de autoridad, control y manejo, ya que van a tener la responsabilidad de dirigir personas y de administrar eficientemente los recursos, que por lo general son escasos. Esta reflexión está orientada a estas personas.

Inicio diciendo que es sorprendente ver tantas profesiones ofertadas en las Instituciones de Educación Superior (IES) en nuestro país, y mucho más sorprendente ver la mediocridad en la que navegan; escuchar a los candidatos a la presidencia hablar sobre este tema y más tratar de entender el concepto que pregonan a cuatro voces sobre la expansión para que accedan muchas más personas a la educación superior —eso está  muy bien— es cuestionable, sin embargo, la discusión gira alrededor de otro concepto del que poco hablan —la calidad— en parte porque algunos de los candidatos no tienen una estructura sólida de temas significativos sobre el pasado que son importantes para poder argumentar y contra argumentar en el momento de un debate y esto se debe a que son analfabetas funcionales. ¿Qué es analfabetismo funcional?

Cuando se hace la pesquisa de esta pregunta en un motor de búsqueda en internet, se encuentran 2.890.000 términos relacionados, pero eso no da respuesta a la pregunta, la CEPAL lo define como: “…un proceso social, que se relaciona con la distribución de conocimiento dentro de la sociedad. Por lo mismo, se puede comprender como un derecho de las personas y un deber de las sociedades: no hay posibilidad de alcanzar una democracia efectiva, mientras gran parte de la población se mantengan fuera de acceso a la lengua escrita”

Dice la CEPAL, “La educación es uno de los derechos fundamentales de las personas. Así quedó estipulado desde la entrada en vigencia de los derechos económicos, sociales y culturales… en el año 1976. Es decir, todo ser humano, sin distinción de nacionalidad, sexo, raza o etnia, tiene derecho a ser educado”

Se entiende como analfabetismo funcional “… la incapacidad de una persona para utilizar su capacidad de lectura, escritura y cálculo de forma eficiente en las situaciones habituales de la vida”.

Es claro que la educación es fundamental para que un país se desarrolle y crezca, también es decisivo para la democracia, dando solidez al ciudadano, y se liga al desarrollo personal de cada individuo, por lo que en la medida en que una población se educa,  genera un impacto sobre todo su entorno partiendo de las exigencias del trabajo productivo, así como con las de “participación activa en el tejido social”.

Eso se alía estrechamente con las posibilidades de revertir la reproducción intergeneracional de la pobreza y la desigualdad.

Por lo que de tantos objetivos que persigue la alfabetización, uno de los más destacados es el de asegurar niveles de alfabetización requeridos por la población para concretar su inclusión en los procesos sociales, políticos y económicos que le atañen, de tal manera que pueda efectivamente ejercer la ciudadanía. Por lo que la educación es el instrumento inicial para comprender, cambiar y controlar el mudo real

Sin embargo, no basta con saber leer, escribir y hacer cálculos, es clave que el proceso formativo continúe durante todas las etapas de la vida, ya que de lo contrario el individuo entra en un proceso de desculturización y analfabetismo, que lo lleva a sus inicios y entra en el laberinto del analfabetismo funcional que se refiere a todos los campos en que se desarrolla la vida de la persona, esto incluye, tanto las exigencias del trabajo productivo, como las de participación activa en el tejido social.

Por lo que para Hamadeche (1976) el analfabetismo funcional corresponde a “…aquella persona que no puede participar en todas aquellas actividades en las cuales se requiere adquirir competencias específicas para la actuación eficaz en su grupo y comunidad y que le permiten, asimismo, continuar usando la lectura, la escritura y la aritmética al servicio de su propio desarrollo y el desarrollo de su comunidad”.

Según Hamadache, A. y D. Martin,  además hay que agregarle a esta definición, el abuso del desconocimiento en beneficio de su ignorancia, esto que quiere decir, que al no leer y mucho menos escribir, el analfabeta funcional, distorsiona la realidad con base en lo que no conoce pero cree saber,  abusando de la doxa (Platón, La república) u opinión sin fundamento utilizando falsos conocimientos con apariencia de sabiduría con el ánimo de sacar ventaja lucrándose o ascendiendo socialmente (un ejemplo son los candidatos a los puestos públicos) o generar duda e incertidumbre a quienes lo escuchan.

A estos personajes se les denominaba en tiempos de Platón doxóforos “aquellos cuyas palabras en el Ágora van más rápidas que sus pensamientos” por lo que se debe entender que la alfabetización no es un proceso temporal que acabe una vez se termina la primaria, secundaria o la Educación Superior en cual quiera de sus grasos. (Técnico, tecnológico, universitario o posgrado) ya que esta no tiene edad, y se desarrolla dentro y fuera del sistema escolar y durante toda la vida, convirtiéndose no solo en una herramienta indispensable para el aprendizaje permanente, sino que es un requisito esencial para ejercer la ciudadanía y el desarrollo humano y social (Torres, R.M.).

Cuando se entiende la perspectiva del aprendizaje para toda la vida, y también se comprende la necesidad del conocimiento trasversal (entender la realidad social y los fenómenos del entorno en términos, históricos, sociales, políticos, económicos, culturales, entre otros) la sociedad se vuelve democrática, participativa, crítica y difícil de manipular. Cuestiona la doxa de sus dirigentes y les exigen conocimiento de la realidad, alrededor del contexto.

Por lo que la falacia argumentativa queda sin peso y la sociedad se vuelve intolerante, no hacia su especie, la humana, sino ante la ignorancia funcional. Esto quiere decir que quien pretenda llegar a ocupar un cargo público debe SABER en todo el sentido de la palabra.

Por lo que hoy, ya no es pertinente atender los discursos de analfabetas sin incidir sobre su contexto; por lo que resulta preciso tender hacia la consecución de sociedades alfabetizadas” quien predica debe ser el primero en la certeza, en la precisión y el conocimiento de la realidad.

Este fenómeno del analfabetismo funcional es muy delicado, pues se identifica en todos los sectores, públicos y privados, sociales y políticos, llevando a entender el porqué del alto grado de intolerancia, divisiones y apasionamientos, no hay escenarios de reflexión orientados a las masas “ignorantes” que permitan educarlos, si quienes los gobiernan y dirigen son ignorantes funcionales: el ingeniero sabe de ingeniería, el matemático de matemáticas, el abogado de derecho,  el economista de economía…y así podría seguir,  al oírlos hablar de aspectos no relacionados con sus profesiones, correspondientes al conocimiento transversal que debería ser de su interés, es sorprendente ver la incapacidad argumentativa y la falta de conocimiento de su entorno.

Es lo que se ha visto durante estas campañas a la presidencia y los famosos “debates” una proliferación de información inexacta, con un desconocimiento generalizado, desde lo geográfico, lo social y lo económico, que no sorprende.

En esta campaña hay ingenieros, dos civiles y dos industriales, un matemático, un abogado, un economista y una candidata con estudios en ciencias políticas.  Si revisamos sus discursos, sus propuestas, sus debates, dejan muchos vacíos, o bien porque desconocen la realidad nacional, o bien porque conocen la mecánica de manipulación sobre las masas, también porque saben pescar en rio revuelto.

Tenemos claro que necesitamos alguien que tome las riendas de nuestro país, bajo esta democracia imperfecta, pero que no nos crean a todos tontos porque en cuatro años, no van a resolver los problemas que hemos heredado de sus antecesores y menos si pretenden creer que todos somos manipulables. La historia se encarga de sacar a flote con el transcurso del tiempo los aciertos y desaciertos de su gestión.

Para concluir, si queremos un cambio resal en nuestra sociedad, si queremos una trasformación debemos partir por exigirle a quienes nos dirigen un conocimiento profundo sobre nuestro país en todos los frentes, sin retórica populista, pero lo mismo debemos hacer con nuestros directivos en las organizaciones empresariales a quienes es vergonzoso escucharlos hablar de lo que deberían saber y no saben, por falta de lectura e interés de mantenerse actualizados.

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