El amor en tiempos del coronavirus

El COVID-19 no solo permeó el concepto de este sentimiento, sino también su continuidad en el tiempo y en el espacio

Por: DIEGO MARIO ZULUAGA OSORIO
agosto 04, 2020
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El amor en tiempos del coronavirus
Foto: Leonel Cordero

“Cuando ves algo que no está bien o justo o simplemente, tiene que decir algo” (John Lewis).

Parodiando la obra de Gabriel García Márquez se concluye que el amor tiene incidencia en todos los ámbitos del ser humano y por ello el orden social se ha transformado desde la política, la vida cotidiana y hasta la psique humana.

Lo que si es cierto es que el coronavirus está destruyendo los cimientos de la prosperidad humana, igualmente trastocando esas palabras de sabiduría que generaban historias conmovedoras; de ahí que este bicho permeó también el concepto de amor, de su fidelidad y su continuidad en el tiempo y en el espacio.

Desde el momento en que se decidió confinar a las personas bajo un mismo techo, no se tuvo en cuenta la incidencia de ello no solo en relaciones laborales, familiares y pasionales, mucho menos qué haría frente a las relaciones de pareja y su concepto del amor. Todo ello generó La peste del insomnio, a la que hace referencia Gabo dentro de su obra Cien años de soledad o en un documental que lleva el mismo nombre, un efecto causado por la desesperación y la desesperanza, por la duda del corazón y sus rencores, el no conocer cómo piensa la pareja y mucho menos si soportaría o no esa nueva vivencia bajo el mismo techo y a tiempo completo y en especial la incertidumbre acerca de la veracidad del sentimiento.

Pero a qué llamamos amor, al respecto hay muchas definiciones e interpretaciones, pero la que más me gusta, es que el amor no existe, solo se presenta un contrato de fidelidades amparadas en el sentimiento e intereses individuales, otros dirán que este si existe y está lleno de belleza y romanticismo. Claro que, desde una visión antropológica (Seguró), cada quien colorea sus deseos y pasiones atendiendo a las razones o a la lógica; ahí viene entonces la importancia de interpretar la incidencia del coronavirus en e3se sentimiento y en especial de la vivencia de aquellos que juraron amarse por siempre.

Y es que un síntoma del cambio al que hemos hecho referencia, se presenta en el aumento de divorcios no solo en Colombia sino a nivel mundial, ese enlace conyugal se volvió insostenible y proyecto difícil se hizo difícil de manejar, esa convivencia por 24 horas, aumentó o disminuyó de por sí el deseo sexual, pues ya hay estudios que así lo indican (basta leer Semana, Vogue, etc) y muchos pensaron que ese aislamiento sonaba como el mejor momento para tener relaciones y para muchos fue todo lo contrario, dicho encierro terminó perjudicando su intimidad, aunado a ello la permanencia de los hijos en la casa todo el día.

En últimas, el coronavirus se puede denominar un mata pasiones, mata relaciones, mata encuentros todos los calificativos que se le quieran dar, porque generó en la nueva existencia algo que ya se tenía y era el aburrimiento, la rutina, lo nada nuevo que se perdió y en especial el permanecer juntos, es decir, se perdió esa intimidad que cada uno reclama como suya, pero al mismo tiempo, los espacios se vieron vulnerados, violentados e incluso entrometidos, y muchas veces no hubo la reducción de la violencia a la que alude Harari, pues el Estado no puede hacerse presente en todos los altercados familiares y grupales. Es decir, nunca se pensó en las estrategias a utilizar para evitar que el concepto de amor no fuera permeado por este virus.

Hay que romper ese orden mundano: muerte, amor, deseo, convivencia hasta sufrimiento, lucha y culpa, para trascender y alcanzar los símbolos citados por Jasper al hablar de amor y sus consecuencias. Se presenta un juego silencioso de intereses, por un lado, los de la mujer, hijos y parientes frente a los del hombre, inicialmente cada uno por su lado usando audífonos en todo momento para no oír aquello que no quiere o no debe, ausentándose de esa realidad existente dentro de la irrealidad social, dentro de esas cuatro paredes que convirtió la casa en una cárcel en donde ya no se puede llorar más o resistir más. Este momento de quiebre secó dicho sentimiento o pasión como se le quiera llamar, generando un nuevo infierno que aparece como consecuencia de esa incertidumbre rumbo a la crisis en que terminó siendo la convivencia con coronavirus incluido.

¿Qué hacer entonces? Unos plantearán visitas al psicólogo, otros cambiar de rutina o generar nuevos espacios de encuentro dentro o realizar actividades en las cuales se incluya a todos los miembros de la familia e incluso hasta el perro; para regenerar esas grietas profundas dejadas, pero al mismo tiempo comprender que esto no será para siempre, que algún día se acabará el virus o que la vacuna es suficiente para sanar las enfermedades del cuerpo y del alma.

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