Opinión

El 21 Colombia marcha

Ciego y sordo, el presidente Duque enfrenta al momento más complejo de su mandato: el paro en el que hay que alzar la voz contra su mal gobierno, sin dejarse provocar

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noviembre 20, 2019
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El 21 Colombia marcha
Si el gobierno tiene algo de sensatez, tendrá que cambiar el rumbo, porque así solo nos puede conducir al abismo.

Un presidente que no es capaz de escuchar a un interlocutor diferente a su mentor político o al coro inaudible de sus acólitos, es incapaz de interpretar el complejo mapa de inconformidad que se ha puesto cita el próximo jueves 21. Así, ciego y sordo, incapaz de hilvanar algún gesto o declaración coherente con el cargo para el que fue escogido, el presidente Duque se enfrenta al momento más complejo de su mal andado recorrido como huésped de la Casa de Nariño.

A pesar de la temeraria e irresponsable campaña de deslegitimación de la protesta que promueve sin mesura el partido de gobierno, el propio despacho presidencial y ciertos periodistas de bolsillo que han centrado sus espacios en desprestigiar y tergiversar los motivos que subyacen al paro, la convocatoria continua imperturbable, porque ante el mal gobierno, es obligación levantar la voz y si esa voz no es escuchada, es responsabilidad gritar.

Sordo a otras voces que no sean las del círculo que lo erigió como representante de la clase dirigente colombiana, cuyo único interés es el beneficio propio sobre el común, el presidente Duque insiste en gobernar para ese puñado de intolerantes y codiciosos patrones ignorando que es el presidente de la totalidad de Colombia. Así mismo, si su gestión ha estado marcada por la improvisación, la inoperancia y la falta de comunicación con el Congreso, y con el país más vulnerable y vulnerado, durante el último mes la situación se ha hecho más crítica.

Varios incidentes han marcado el punto de inflexión, el fin del periodo de prueba. El 4 de octubre, la CUT en el marco de un encuentro de urgencia con diversas organizaciones sociales, sindicales, indígenas, estudiantiles manifestó que “El gobierno de Iván Duque y los gremios han anunciado la necesidad de unas reformas laboral y pensional (…) que buscan empeorar las condiciones de los trabajadores, pretenden aumentar las ganancias de los empresarios (…), garantizar el fortalecimiento de los fondos privados de pensiones a costa de eliminar o marchitar Colpensiones”.

A finales de octubre, líderes indígenas de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic) y del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) ante los brutales actos violentos contra miembros de sus comunidades reiteran su apoyo al paro al presentarse la muerte de cuatro indígenas Nasa, que se suman a los sesenta asesinatos en el Cauca durante el gobierno actual.

Así mismo, el gobierno se ha mostrado ciego ante los exabruptos de su fuerza militar, que ha protagonizado en este 2019 más vergüenzas que honores – escándalos de corrupción con dineros públicos, asesinatos selectivos de inocentes (Dimar Torres, Flower Trompeta), políticas de falsos positivos – y cuyo último desacierto, ejecutado sin el mínimo atisbo de decencia se llevó por delante la vida de varios menores de edad que habían sido reclutados a la fuerza por parte de indomables fuerzas criminales que el gobierno no ha sabido o no ha podido controlar, a pesar de contar con experiencia y con la tecnología suficiente. Este último escándalo, que fue deliberadamente ocultado al país por el inexcusable exministro Botero, a quien el presidente, no tardo en homenajear, cuando ya ni la desfachatez de su propio partido pudo salvar de otro desatino al funcionario más inepto en la historia reciente del país.

 

Con el agua al cuello de la popularidad
–solo 26% de la población aprueba su gestión–
el presidente persiste en su desapego con el país

 

Aun así, con el agua al cuello de la popularidad –solo 26% de la población aprueba su gestión-  el presidente persiste en su desapego con el país, uno que se ha encargado de incendiar con una guerra que solo conviene a los intereses crueles de quienes han hecho de la guerra un fortín económico y político. Se ha mostrado impasible ante el incontable número de liderezas y líderes territoriales y sociales asesinados, que siguen entregando la vida semana tras semana. Sus políticas de ojos cerrados ante el país más vulnerable demuestran que el suyo no es un gobierno de inclusión, sino todo lo opuesto.

Ahora, acosado por el Paro, la estrategia de sus copartidarios y funcionarios no se ha enfocado en abordar los problemas, en tender puentes con quienes pueden aportar su experiencia, en generar consensos y escuchar, sino en deslegitimar las quejas y los reclamos a punta de calumnias y mentiras. En lugar de reunirse con quienes han sufrido la guerra, con quienes conocen los territorios y sus problemáticas, se refugia en el palacio de Nariño, evade a quienes no coinciden con él, y miente, como lo ha hecho con el tema de la reforma pensional, cuando es un tema que el gobierno ha ido trabajando desde que se instaló en el palacio presidencial. Así lo demuestra una publicación del 14 de octubre de la revista Portafolio.

Ahora bien, el jueves hay que marchar contra todo lo que no ha funcionado con este gobierno, hay que levantar la voz y caminar por las colombianas y colombianos que todos los días sobreviven la exclusión, el desempleo, el pésimo sistema de salud, la falta de acceso a una educación de calidad, la violencia, la injusticia, el despojo, hay que alzar la voz, no hay que dejarse provocar, no caer en el lugar común de la violencia que deslegitima cualquier acto de protesta. Si hay violencia gana el discurso oficial y sus fuerzas podrán obrar con toda la insensatez de que son capaces, de cada uno de quienes marchen depende que triunfe la causa de las ciudadanas y los ciudadanos de este país que se está cansando de lo mismo.

Si el gobierno tiene algo de sensatez, tendrá que cambiar el rumbo, porque un gobierno que sordo y ciego solo nos puede conducir al abismo.

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