Eduardo Butron Hodwalker, el camino de un maestro del arte plástico ambientalista

El artista se ha ganado el reconocimiento en el arte nacional. El mensaje de sus obras es claro: el control de la contaminación ambiental depende de todos nosotros

Por: RICARDO MEZAMELL
abril 29, 2022
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Eduardo Butron Hodwalker, el camino de un maestro del arte plástico ambientalista
Foto: Cortesía

Nacer en el seno de una familia binacional y, además, multicultural: padre colombiano, de linaje noble español, y madre con ascendencia alemana, en una tierra bañada por ríos y complejos cenagosos, situada a una altura de 49 metros sobre el nivel del mar y con una temperatura de 31 °C, seguramente convulsionó su sensibilidad a tal punto que desde sus primeros años de recuerdos percibió con envidiable claridad la belleza cromática del río Magdalena, y el peligro que sobre esa caudalosa fuente hídrica se cernía por la gran cantidad de toda clase de desechos que con indolencia los pobladores de sus contiguos alrededores, como también los ocasionales transeúntes por su ribera, arrojaban a su lecho.

Sobre su apasionada inclinación artística confesó que todo comenzó siendo un niño, cuando acompañaba en las tardes a su madre, nacida en Puerto Colombia Atlántico, a caminar por la orilla del río Magdalena y de la ‘poza´ cercana a su residencia, como forma de evocar el placer que a ella le producía esa actividad que por costumbre cultivó desde niña en su terruño. Mientras hacían el recorrido, él se deleitaba, de ida y regreso, recogiendo taruya, caracoles, retablos, plumas de patos y de garzas, que luego juntaba, para hacer manualidades, con el papel que sacaba de las bolsas grandes vacías del azúcar y de la harina que conseguía en las tiendas del barrio.

Ese papel era su lienzo, el piso de la mediagua de su casa el caballete, y las plumas de aves, sus pinceles. Con la textura suave de las plantas de taruya, especialmente, de la parte que recubría el buchón, descubrió su aptitud y facilidad para realizar trabajos en bajo, medio y alto relieve.

Como cualquier joven de su época, consideraba que solo con el ejercicio de una profesión tradicional podría asegurarse un futuro con status económico aceptable, y por eso al terminar el bachillerato decidió estudiar Publicidad y Diseño Publicitario en la Universidad El Litoral en Barranquilla.

Estando en ese ciclo, sin que él anduviera buscándolo, el arte se le apareció y lo reclutó, ‘como el amor a primera vista’, una noche de 1985, cuando observaba una exposición en la galería de las hermanas Lara.

A partir de ese momento, fue tal su enamoramiento que decidió, de una vez por todas, abrir la compuerta a las erupciones de su talento creativo, trabajando con toda clase de materiales que encontraba en el río.

Narra que en una ocasión fueron 11.000 los envases vacíos de botellas de plástico recogidos, que no pudo resistirse a los dictados de su voz interior que lo conminaba a exponerlas a la vista pública, frente a la Catedral de Magangué, con el propósito de concientizar tanto a nativos como a foráneos de la inconmensurable importancia que era para el ser humano la de cuidar las fuentes hídricas, especialmente con dos urgentes acciones, las cuales debían ejecutarse al tiempo: la primera, a cargo de los gobernantes de la localidad, consistente en destinar los recursos públicos que fueran necesarios para adelantar los trabajos tendientes a  rescatarlas, sacando de ellas toda la cantidad de inmundicia posible; y, la segunda, como deber de todo ciudadano residente o de paso por la localidad, como es la de evitar contaminarlas con un simple comportamiento, no arrojando desechos a su cauce.

Una vez cumplida la labor de aglomerarlas, fabricó con esas mismas envolturas de paquetes de galletas y mecatos, junto con las botellas del mismo material plástico, sus primeras piezas artísticas.

El mensaje de sus obras, desde entonces, ha sido único, claro y concluyente: el control de la contaminación ambiental, vital para nuestra propia existencia, depende de todos nosotros y solamente puede lograrse mediante una cruzada por un ambiente sano en la cual participen con igual compromiso, intensidad y convencimiento, tanto los ciudadanos que actúen de paso como gobernantes, como aquellos que ostenten la condición de gobernados.

En sus creaciones cuenta de manera natural, franca y educativa la historia de las atribulaciones del río Magdalena y los complejos cenagosos de Cascaloa y Ciénaga Grande que bañan las riberas de la población, idénticas amarguras de todos los cuerpos de agua del Planeta, por el indiscriminado exceso de desechos que reciben por falta de conciencia y arraigo de sus moradores, así como por la indolencia e inercia de las autoridades locales obligadas a protegerlos.

Sobre el negativo impacto emocional que aún le genera, pese a acumular 37 años de trabajo como artista plástico ambientalista, con voz entrecortada por la aflicción que esa situación le causa, expresó: “Saco troncos que vienen bajando contando historias, como la mata de la taruya que viene de puerta en puerta narrando el abandono, la desolación, la injusticia y la violencia”.

En la edición del 02 de octubre de 2012, del periódico Panorama Cultural de la Costa Caribe, se exalta y reconoce la importancia del trabajo artístico de Butrón Hodwalker, al publicar: “Lo que Eduardo hace al transformar este material desechable, que la gente considera inservible, es maravilloso, pues el caos ecológico al pasar por sus manos se convierte en obras de singular belleza: las bolsas que matan de hambre a las tortugas se tornan en trasmallos como los usados por sus amigos pescadores para llevar el pan (o mejor el pez) a casa.

Las botellas son transformadas en carnavalescas máscaras; las tapas de gaseosa en surrealistas collages que se arman y desarman en cualquier lugar y donde la intervención del público hace recordar los bellos performances de Richard González y Ze Carlos Molina en el parque de Las Madres; y ni qué decir de sus pinturas llenas de todo el folclor afro-caribe.

Sin duda tales muestras de creatividad convierten al maestro Butrón en un completo artista “plástico” que transmite conceptos más allá de las formas y los colores de sus representaciones”.

Con su obra “Trasmallo”, denominada así por la doble funcionalidad del elemento: dejar pasar el agua al tiempo de retener los desechos, participó por primera vez y ganó en el Salón Regional de Artistas.

Lo tejió con alrededor de 5 mil escamas de plástico elaboradas a mano, obtenidas de 800 bolsas de agua vacías que sacó del río y de las ciénagas aledañas al barrio San José, lugar donde por muchos años residió cuando vivió en su ciudad natal. Poco tiempo después confeccionó uno de mayor dimensión, con el cual participa en el VII Salón Bat de Arte Popular.

A este escenario de difusión y promoción del talento y emprendimiento de artistas populares ha ido tres veces, de la cuales ha resultado ganador en dos ocasiones: en el V Salón de Arte Popular 2016, con su creación “País de Gordos y Flacos, Instrumentos de Paz” y un performance sobre su vida artística, que realizó en conjunto con el intendente Emiro Chamorro y el dragoneante Eduardo Montiel de la Armada Nacional. Y, en el VI Salón de Arte Popular 2019, con un video-performance titulado “Una Mirada desde lo rural”.

Refiriéndose a la primera pieza artística, Eduardo Butrón manifestó: “Es una obra que se dio en ese afán de búsqueda. Mi mamá era una persona que siempre archivaba cosas, vivió toda su vida guardando cosas, pensando que algún día iban a servir para algo, y lo jodido es que sí sirven (risas).

Debajo del colchón ella tenía unos papeles de regalo muy antiguos que le habían traído desde Medellín, donde aparecían iconografías de las pinturas del maestro Botero. Se me ocurrió entonces hacer esa obra por capas, con muchas de ellas, donde se ven en el centro y en medio de colores a gordos siempre felices, mientras que en el borde muestro los rostros famélicos, en blanco y negro y en tonalidades grises, de niños de La Guajira que se estaban muriendo de inanición.

La hice para exponer los contrastes de nuestra sociedad, con narrativas opuestas, de un país donde todo lo que está en el centro y en colores es lo que se ve, lo que importa, al tiempo que lo que está en el margen es oscuro, no se percibe, no interesa. Un país indolente, donde no tenemos memoria, por cuanto nos venden la idea que somos felices, ignorando lo que acontece en la periferia”.

Y, sobre la segunda, “Una Mirada desde lo rural”, resultado del trabajo con el agua como elemento del futuro, realizado con el pueblo, afectado por los problemas ambientales, el conflicto armado y la delincuencia, a lo cual el artista para esa fecha llevaba 30 años dedicado a liberar al río Magdalena de los desechos, que aprovecha como material primario de sus trabajos, dijo: “Traté de plasmar una obra con sentido ambientalista, de influenciar a las nuevas generaciones sobre la importancia de preservar y conservar nuestros ríos limpios y sanos”.

Sobre sus creaciones artísticas, el periodista Cristian Agámez Pájaro escribió en la edición del 24 de abril de 2021, del diario El Universal de Cartagena: “El arte de Eduardo Butrón ha sido fecundo, es un referente protector de un medio ambiente golpeado y ultrajado, pero que es salvado en parte por este artista empírico de Magangué. Con persistencia”.

Exalta allí el comunicador, el propósito inspirador de sus obras, con las propias palabras del artista: “Cuando la gente se percata de que lo que tú estás haciendo es algo bueno, entonces los jóvenes tienen acciones más positivas con el medioambiente, lo importante es cómo estas acciones, a través del arte, inciden en el pensamiento colectivo, cómo mueven a una comunidad a pensar de una manera muy positiva. A partir de ahí mi trabajo se volcó a eso, a trabajar con cáscaras de huevo, con conchas, con guarrú de café, no hay algo con lo que no trabaje dentro de todo ese universo creativo, buscando un lenguaje pictórico que me identifique y que me ayude a recrear el universo de Eduardo Butrón”.

Y, sobre su recorrido empírico por el arte, fue enfático en señalar: “Pareciera que no estuviéramos atrapados en los rigores de la Academia, pero en realidad es todo lo contrario, porque la exigencia es mayor, toda vez que tenemos que estudiar e investigar por nuestra cuenta.

Quizá ese toque arbitrario, popular, es lo que hace muy variado e interesante el trabajo de los artistas populares: es un diálogo permanente con la obra. Este es el tercer año en ser seleccionado para el Salón de Arte Popular, es un escenario muy importante por el alto nivel de exigencia y el rigor que tienen para la escogencia de las obras.

Siempre ha sido esa lucha porque, si bien es difícil, en un país como el nuestro, hacer arte en las capitales, imagínate cómo es hacer arte desde Magangué, Bolívar. Creo que yo soy una muestra de que la tenacidad, la persistencia es lo que hace al ser humano, en un momento en el que estamos viviendo, lo que se está necesitando son seres humanos más comprometidos con las causas sociales, en ese tránsito entre mi experiencia, lo que vivo en mi entorno es realmente lo que me enriquece (...) En realidad soy un convencido del arte, sueño arte, vivo arte, mejor dicho, yo soy un artista neto, puro, mi trabajo es muy trasparente además”.

Con ocasión del taller creativo “Arte y Naturaleza”, que dirigió en el 14° Salón Regional de Artistas del Caribe, Eduardo señaló: “la mejor manera de llevar el mensaje de la conservación ambiental y del rescate de los valores culturales autóctonos es poniendo a la gente, principalmente a los niños, a reutilizar los elementos que generalmente desecha y convertirlos en obras que representen sus raíces y sus vivencias actuales”.

A esta séptima versión del Salón Bat de Arte Popular 2022, donde se le rinde homenaje, Eduardo Butrón participa, con la gran responsabilidad que significa la de ser el agasajado, con dos piezas artísticas: “Trasmallo” e “Icono plástico”.

La primera tiene una dimensión de 6 metros de ancho por 2.5 metros de altura, la confeccionó durante 8 meses de trabajo continuo, en jornadas diarias de 8:00 a.m. a 5:00 p.m., con las 10.800 escamas que elaboró manualmente de las 1.744 bolsas plásticas de agua vacías, recogidas en la riberas y lecho de los cuerpos de agua de la municipalidad, las cuales trenzó con nailon, que también es un elemento ribereño del mismo material, y pintó con los colores de la bandera nacional, en forma vertical, debido a que el concepto del salón es Colombia y el Medio Ambiente.

La idea de esta creación le surgió al observar durante sus recorridos ‘canaleteando’ en canoas sobre las aguas de las ciénagas de la población, la gran cantidad de bolsas plásticas que atrapaban los pescadores en la red de sus atarrayas. Sobre esta obra, el maestro dijo: “Es mi invitación para que unidos asumamos el compromiso de solucionar la problemática de contaminación de nuestras aguas, de la importancia que es para el ser humano mantener sus cauces limpios”.

Y, la segunda, titulada “Icono plástico”, es un ensamblaje que hizo con residuos electrónicos, con desechos de tableros, memorias y otros equipos tecnológicos, con el cual desnuda el afán desmesurado y compulsivo del ser humano por consumir y botar.

De ella manifiesta el artista: “La obra tiene una lectura por esa dependencia por los aparatos electrónicos, nos estamos volviendo como una nueva especie que depende de la máquina, del dispositivo electrónico, del celular y esa dependencia se ve reflejada en la obra cuyo mensaje va principalmente a las nuevas generaciones”.

Con 37 años de creaciones artísticas, donde cada nueva obra es mejor que las anteriores, Eduardo Butrón Hodwalker se ha ganado con creces el reconocimiento como maestro de arte plástico ambientalista no solo de Magangué, la tierra de promisión donde nació, sino de todos los pueblos del Caribe colombiano.

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