El discurso de género choca con la memoria de víctimas de las Farc

 - EAFIT, degradación fundacional y feminismo incoherente de la rectora Claudia Restrepo

El pluralismo universitario no puede convertirse en amnesia moral. Sin embargo, eso es exactamente lo que ocurrió cuando la rectora de EAFIT, Claudia Restrepo Montoya, terminó contradiciendo su discurso de empoderamiento femenino y los valores fundacionales de la institución.

Lo que enseñan los verdaderos pensadores de la filosofía política

A la rectora de EAFIT convendría recordarle lo que han señalado algunos de los grandes pensadores de la filosofía política. Hannah Arendt advirtió que “las instituciones pueden banalizar el mal cuando, en nombre del pluralismo o de la normalización política, dejan de confrontar críticamente la memoria de las víctimas”.

El pluralismo no puede convertirse en amnesia moral.

Por su parte, Max Weber distinguió entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad: “no basta proclamar principios; las instituciones deben responder por el significado y las consecuencias de sus actos. Cuando un discurso institucional invoca el empoderamiento femenino, pero ignora denuncias de violencia contra mujeres, la incoherencia deja de ser retórica y se convierte en un problema de responsabilidad mora”.

Los principios fundacionales que hoy la rectora Claudia Restrepo destruye

La Universidad EAFIT nació en 1960 como una iniciativa de la sociedad civil antioqueña impulsada por empresarios que comprendían una verdad elemental: la democracia política requiere una base económica libre. Bajo el liderazgo intelectual de Hernán Echavarría Olózaga, la institución se estructuró sobre tres pilares claros: libre iniciativa, economía de mercado y autonomía de la sociedad civil frente al poder del Estado.

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EAFIT no fue concebida como una universidad estatal ni como un proyecto ideológico militante. Fue una universidad privada creada para formar profesionales capaces de fortalecer el tejido empresarial, promover la innovación y consolidar una democracia económica basada en la responsabilidad individual y la libertad.

Durante décadas la universidad mantuvo una identidad institucional clara: apolítica en términos partidistas, pero comprometida con la libertad económica, el pluralismo, el pensamiento crítico y la democracia.

Sin embargo, bajo la rectoría de Claudia Restrepo Montoya ha surgido un ataque entre el discurso institucional que hoy se promueve y los principios fundacionales que dieron origen a la universidad.

El discurso del empoderamiento femenino

La rectora Restrepo ha construido buena parte de su narrativa institucional alrededor del empoderamiento femenino. En distintos foros académicos ha insistido en que las universidades deben contribuir a la transformación social y ampliar las oportunidades de liderazgo para las mujeres.

Ese discurso es legítimo. La promoción del liderazgo femenino es una causa necesaria en sociedades que durante siglos limitaron el acceso de las mujeres a espacios de poder y son muchas las egresadas que lideran diversas causas, campos y empresas en Colombia y el exterior. Pero las palabras no constituyen una política moral. El verdadero juicio sobre un discurso se encuentra en la coherencia entre lo que se proclama y lo que se hace.

Y es precisamente en ese punto donde surge la contradicción.

La presencia de la compañera de Tirofijo en EAFIT: Sandra Ramírez

La universidad abrió sus espacios institucionales a Sandra Ramírez, exintegrante de la cúpula de las FARC y hoy senadora del partido surgido del acuerdo de paz. Durante décadas fue compañera de Manuel Marulanda Vélez, máximo jefe de esa organización guerrillera. Ambos asesinos. Sin eufemismos

La invitación fue presentada bajo la bandera del pluralismo universitario. Y es cierto que las universidades deben ser espacios abiertos al debate, pero dentro de su identidad fundacional.

Pero el pluralismo tampoco puede borrar la memoria de las víctimas.

El Centro Nacional de Memoria Histórica ha documentado 15.760 miles de víctimas de violencia sexual, entre niñas y mujeres, en el conflicto armado colombiano. Entre esas violencias también se registraron abusos contra mujeres dentro de la propia estructura guerrillera.

Las denuncias de las víctimas

Una de las organizaciones que ha denunciado estos hechos es la Fundación Rosa Blanca, conformada por mujeres reclutadas siendo menores de edad por las FARC. Sus testimonios han sido estremecedores. Voceras de la organización han relatado que muchas niñas dentro de la guerrilla fueron obligadas a abortar y que el control sobre sus cuerpos era impuesto por los mandos armados.

Han afirmado también que la guerrilla no fue un espacio de emancipación femenina, sino un sistema de control sobre la vida y la maternidad de las mujeres reclutadas. Es aquí donde el discurso institucional del empoderamiento femenino choca con una realidad histórica imposible de ignorar.

Grave incoherencia ética

¿Cómo se puede promover desde la rectoría de Claudia Restrepo Montoya una narrativa de empoderamiento femenino mientras se legitima la presencia de una figura asociada con una organización denunciada por violencia contra mujeres? La pregunta no es ideológica; es moral.

El pluralismo universitario no obliga a una institución a otorgar reconocimiento simbólico a cualquier actor político. Las universidades también expresan valores cuando deciden a quién invitan y convierten en referente dentro del espacio académico.

Cuando una universidad habla de liderazgo femenino, pero ignora denuncias de mujeres víctimas de estructuras armadas, surge una contradicción evidente.

Coherencia y memoria

La contradicción no solo afecta el discurso de género; también refleja un distanciamiento de los principios fundacionales de EAFIT, nacida como iniciativa de la sociedad civil y la empresa privada para formar líderes en una economía abierta.

Las palabras importan, pero la coherencia importa más. Cuando una rectora invoca el empoderamiento femenino mientras ignora la memoria de mujeres víctimas de violencia dentro del conflicto armado, la contradicción deja de ser académica y se convierte en una falta moral, además con la destrucción de los valores identitarios de EAFIT.

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