Duque, un Pilatos retador

"Tal como lo hizo el ominoso personaje del Nuevo Testamento, el aciago personaje encargado de la presidencia lavó sus manos a falta de un conveniente aguamanil"

Por: omar orlando tovar troches
mayo 30, 2020
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Duque, un Pilatos retador
Foto: Twitter @infopresidencia

Luego de observar atenta y resignadamente la manera en que el otrora malabarista balompédico, ignoto trovador, asombroso relator de fábulas naranja y amigo de Maluma despliega en la Casa de Nariño todo su arsenal de cualificado y veterano estadista (entran risas pregrabadas), enfrentando la crisis sanitaria achacada a la pandemia del COVID-19, al colombiano promedio no le va quedando otro camino que mirar al cielo o a cualquier otro sitio y encomendar su destino y el de sus allegados a Dios, Alá, Buda, Krshna, Bachué o Uma Kiwe.

Tal como lo hiciera el ominoso personaje del Nuevo Testamento judeo-cristiano, conocido como Poncio Pilatos, frente al destino de Jesús, Duque, el aciago personaje encargado de la presidencia de Colombia, lavó televisivamente sus manos a falta de un conveniente aguamanil. Palabras más, palabras menos, le chutó la bola a los gobiernos locales del destino del pueblo colombiano, frente al inminente contagio masivo de coronavirus y el irremediable incremento de muertes, atribuibles a su recurrente costumbre de obedecer los designios de sus amigos los billonarios y sus socios del uribismo. Arrancó el viacrucis colombiano.

Desenlace previsible si se tiene en cuenta el camino asumido por el amigo de Maluma, en ejercicio de las funciones de presidente, ya que, aprovechando el desorden, la incertidumbre y sobre todo el miedo frente a las consecuencias de la pandemia, optó por cumplir, en contra del buen juicio y el sentido común, las directrices de sus mentores en el poder, retando constantemente, con sus medidas y anuncios la buena fe y las esperanzas de millones de colombianos, que esperaban, aún hoy, ad portas de un previsible desastre, unas respuestas humanas a sus cotidianas y particulares tragedias.

El espontáneo guitarrista presidente dejó en manos del infausto ministro de hacienda Carrasquilla el manejo de las urgentes ayudas que aún claman tanto empresarios como trabajadores, bien sea asalariados, independientes o informales. El funesto ministro, escondido tras el bullicio noticioso del COVID-19, decidió acogerse a la ortodoxia capitalista en el manejo de los recursos de los necesitados colombianos, retando a su vez las mayoritarias y sensatas sugerencias de los ahora vergonzantes colegas suyos, nacionales e internacionales, que recomendaron y recomiendan, aflojar la chequera para irrigar directamente la economía colombiana, dejando de favorecer los intereses del sector financiero colombiano, jefe mayor de Poncio Duque, Iván Pilatos o lo que sea.

Don Poncio Duque, el balompédico encargado de la presidencia colombiana, no contento con dejar el tesoro nacional a expensas del odioso jefe de la hacienda pública, sin pestañear siquiera, haciendo uso de sus hasta ahora desconocidas dotes de ventrílocuo (quizás heredadas de su mentor), ha dejado de hacer sus acostumbrados y vacuos anuncios para efectuarlos con las voces de otros, también odiosos, personajes de los gremios. Aprovechando el temor y el confinamiento obligado de los colombianos, don Iván Pilatos dejo deslizar en bocas ajenas perlitas como su intención de continuar con la privatización de los pocos activos estatales, así como la siniestra estrategia de comienzos de su execrable administración, ahora puesta en boca y manos de los mandamases de los gremios de la producción, de impulsar una reforma laboral-pensional, aprovechando el desorden y el miedo.

Y entre cámaras y micrófonos, entre papeles y frascos de gel antibacterial, temerario como aparece, ha permitido que el asesinato de líderes y lideresas cobre más y más víctimas cada día de la pandemia, sin musitar ni pio por esa boca suya, tan hábil para los inservibles anuncios. Mientras le cuadran la luz para mejorar su presencia escénica, ni pestañea por las barbaridades que cometen sus funcionarios, maltratando verbal y físicamente a indios, negros, campesinos y pobres que piden lo que piden todos los colombianos: que este gobierno, del que él está encargado, les brinde unas mínimas soluciones para sufrir menos esta peste.

Y para ponerle broche a su aciago desempeño como encargado de la presidencia de Colombia, don Iván Pilatos, Poncio Duque o lo que sea, de manera impertérrita, anuncia a muchas voces que, para salir de la crisis, lo mejor es que todos se guarden, pero que, como esto está tan grave, lo mejor es que todos salgan. Eso sí, advirtiendo antes que la responsabilidad de aquí en adelante es de los alcaldes y alcaldesas o en últimas de cada uno de los hijos de la tierra del Sagrado Corazón de Jesús.

A estas alturas, ya al borde del precipicio pandémico y luego de la olímpica lavada de manos de la dupla Duque-Uribe, a los venerables abuelitos, a los previamente enfermos, y a los niños y niñas no les queda camino diferente que mirar desde una oculta lontananza cómo millones de colombianos horrorizados por la posibilidad de la hambruna corren presurosos al encuentro con la peste, mientras en la frontera llueven paracaídas y pululan gringos con ganas de ejecutar rutinas de porrismo a los erradicadores manuales de matas de coca, según don Carlos Holmes, el gris ministro de Iván Duque, el Pilatos retador.

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