Duque en el Cauca: crónica de una cita incumplida

Aunque llegó a Caldono, como se acordó, terminó yéndose, dicen que molesto por lo desagradecido de los indios, negros y campesinos que, según él, no apreciaron su gesto

Por: omar orlando tovar troches
abril 10, 2019
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Duque en el Cauca: crónica de una cita incumplida
Foto: Instagram @ivanduquemarquez

Una vez conocidas las condiciones pactadas para el levantamiento del bloqueo a la vía Panamericana en el norte del Cauca-Colombia, entre el gobierno nacional y la coordinación de la minga social del suroccidente decidimos, junto a un grupo de profesionales y estudiantes universitarios, ir a atestiguar el cierre definitivo de las negociaciones, ahora con Duque abordo y de frente a la comunidad, en el parque central del municipio de Caldono, tal y como se había negociado, acordado y firmado el fin de semana pasado.

A pesar de las barbaridades trinadas por el jefe de Duque, justificando masacres en nombre de un “bien mayor”, tal como hizo Hitler para justificar el genocidio judío, a pesar de la bomba mediática, con tufillo de montaje de otro falso positivo investigativo, arrojada al encuentro la noche anterior por parte del fiscal Néstor Humberto Martínez, el pasado martes 9 emprendimos rumbo al municipio de Caldono, enfundados en un traje de modesto, muy modesto y receloso optimismo.

Ya en la carretera (Panamericana) alcanzamos a observar los apenas perceptibles rastros del bloqueo minguero, a lo que surgió la pregunta de uno de los viajantes: por lo que se ve, no se entiende por qué tanto medios de comunicación como funcionarios de gobierno anunciaron que el despeje de la vía costaría cientos de miles de millones de pesos. A lo que siguió otro comentario: tampoco se entiende por qué Uribe pretendía que el bloqueo se mantuviera por dos años, utilizando la vía alterna Santander-Buenos Aires-Suárez-Morales-Piendamó, si por lo visto en televisión esa carretera era un camino de herradura y eso que su pavimentación total ya había sido inaugurada dos veces. El silencio fue compañero momentáneo de viaje.

Además de uno que otro guijarro aún presente en la vía, se pudo observar el impresionante despliegue de fuerza militar y de policía (Esmad) a lado y lado de la carretera, un ejercicio mucho mayor que el desplegado durante la protesta y que se justificaba por la posible presencia de Duque en Caldono. Fue entonces que nuestro receloso optimismo escaló al nivel de muy modesto. Entre tanto en el cielo caucano sobrevolaba un avión de reconocimiento escoltado por unas pequeñas naves de guerra y uno que otro sobrevuelo de helicópteros y otras naves pequeñas. El optimismo subió a modesto.

Ya en la desviación hacia Caldono, fuimos nuevamente testigos de las delicias de la infraestructura caucana. La entrada a Siberia es un muy angosto carreteable, en el que se pone a prueba la pericia de los conductores, dada la presencia de pequeños trozos de pavimento entre un sinfín de cráteres y eso que el gobernador don Campo ejerció como Secretario Departamental de infraestructura. No obstante, lo tedioso del tránsito, dada la alta afluencia vehicular de quienes pretendíamos atestiguar tan magno evento, el camino no se sintió tan tortuoso.

Ya en el casco urbano de Caldono, nos recibieron dos retenes de seguridad, en la plaza de mercado, uno conformado por la policía nacional y unos metros más allá, el del ejército, que nos detuvo para verificar nuestro destino, identidad y tras la acostumbrada requisa, nos conminó a bajarnos del vehículo que nos transportaba, para que lo apeáramos a un lado de la atestada calle y luego proseguir al sitio de encuentro a pie.

Dos o más cuadras adelante, nos sorprendimos al observar dos inmensas filas de personas, una de hombres y la otra de mujeres, que se dispusieron para organizar el ingreso al parque principal. Bajo un ardiente sol, de manera casi estoica, nos dispusimos a hacer la cola, ahora casi que embargados por un optimismo rebosante. Tras largos minutos de espera y de observar la minuciosidad con la que la guardia indígena, requería y esculcaba a todo el mundo, sin consideración de rango de consejero, autoridad, invitado o paisano del común, pudimos avanzar una cuadra hasta el siguiente cordón de seguridad, conformado por la guardia cimarrona y la guardia campesina.

Ya en el parque principal, pletóricos de alborozo y de ansiedad, nos dejamos llevar por la alegría de los jóvenes músicos y bailarines que aquí y allá improvisaban música y baile en un sincretismo afro-indígena y campesino alucinante. Niños y niñas, nos confesaron que estaban ansiosos de conocer al señor presidente. Toda una fiesta en torno a la conversa final, que le daría cierre con broche de oro, al diálogo entre el gobierno y las comunidades y que quizás, marcaría el derrotero para una relación gobierno-comunidad, basada en la confianza de saber que el gobierno cumpliría lo acordado y que admitiría que el disenso, la oposición y la protesta son derechos y fundamentos de una democracia sana.

Al poco rato supimos que don Duque ya había llegado y hasta saludado a uno que otro minguero que lo esperaba, tal y como lo certifican las fotos subidas a la red, pero que se había encerrado, temeroso por que don Néstor H. y don Ministro de Guerra, así como su jefe, le insistían en que su seguridad corría peligro. No bastaron los buenos oficios de la iglesia, los oficiales de la ONU, la OEA, el Procurador General ni los demás delegados de DD. HH. Duque a escasos 200 metros ya había armado otro encuentro, sin previo aviso, en contravía de lo negociado, acordado y firmado. Se fue en helicóptero, dicen que molesto por lo desagradecido de los indios, negros y campesinos, que no entendieron su magnanimidad de haber llegado.

Los mingueros y nosotros los demás, desinflados, molestos y ahora superdesconfiados, aún hoy nos preguntamos: ¿si don fiscal sabía tanto como dice que sabe, si tenía o tiene las pruebas como dice que las tiene, por qué no coordinó con las fuerza judiciales y policiales para apresar a tan monstruosos bandidos que amenazaron la preciosa vida de don Duque? Si el asunto era tan grave, cosa que quienes sí estuvimos presentes, podemos afirmar que no, ¿por qué los ministros, el fiscal y la escolta dejaron llegar a Duque a la boca del lobo?, ¿por qué si la amenaza anunciada la noche anterior por don Néstor H. era tan inminente, la escolta presidencial le permitió a Duque saludar de mano a los presentes cuando llegó? Y finalmente, ¿para qué sirvió ese impresionante dispositivo militar que rodeó a Duque a varios kilómetros a la redonda de donde estaba?

Nos devolvimos apesadumbrados y multifotografiados por el imponente aparato militar que vigilaba a Duque.

Coda: Ojo facultades de Comunicación Social, hay que inculcar férreamente a los estudiantes la ética profesional. Ser periodista implica registrar los hechos tal y como acontecieron, no simplemente transcribir y comunicar lo que la fuente oficial diga que paso.

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