Duque, el que tiene en jaque a Fajardo

Aunque representan sectores diferentes, el aire joven y central que manejan ambos los ha convertido en competencia directa

Por: Anibal Palacios Herrera
Marzo 13, 2018
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Duque, el que tiene en jaque a Fajardo

Álvaro Uribe cumplirá 66 años este año y es consciente de que su retiro es cuestión de tiempo. Quien fue el presidente de la República durante 2 períodos consecutivos, hoy tiene el cabello completamente blanco, se ve bastante delgado y tiene la cara llena de arrugas. El hoy senador sabe que los años no pasan en vano y es por eso que ha decidido elegir a Iván Duque como su candidato a la presidencia.

Duque, de apenas 42 años de edad, pasó de ser una figura desconocida en el panorama nacional, a ser uno de los más opcionados a la presidencia, superando, en algunas encuestas, al exalcalde de Bogotá Gustavo Petro.

Por otra parte, el exgobernador de Antioquia, el doctor Sergio Fajardo, quien inició su carrera presidencial en la cabeza de todas las encuestas, hoy no sabe ni siquiera si pasará a segunda vuelta. Es evidente que Fajardo, quien se ha presentado como un apolítico, un hombre de centro, que busca luchar contra la corrupción y con énfasis en la educación, ha perdido votos, que han emigrado hacia Duque.

De igual manera, Duque ha aprovechado su imagen poco conocida para pasar por apolítico, a pesar de que trabajó como asesor del ministro de Hacienda durante el gobierno de Andrés Pastrana, y desde el Banco Interamericano de Desarrollo asesoró al gobierno nacional. Eso sin contar con que se ha desempeñado como senador desde el año 2014.

Es de resaltar de Duque su impecable desempeño en ambas instituciones, sin embargo, él nunca ha sido nada más que un asesor, un consejero. Duque nunca ha estado a cargo de ninguna institución, nunca ha tenido que ser responsable por nada y por ende no tiene ninguna experiencia para llegar a la presidencia de la República.

Fajardo, por otra parte, pasó de ser un profesor universitario a ser alcalde de Medellín, de donde saltó hacia la Gobernación de Antioquia, logrando excelentes resultados en ambos periodos. Siempre presentado como un político independiente, Fajardo logró gobernar sin clientelismo, sin corrupción y sin populismos.

En contraste, sin importar su carente experiencia, Duque fue elegido para darle un aire nuevo al Centro Democrático. No solo su juventud, su parecido físico con el expresidente, sino también su capacidad de imitarlo en su tono de voz mantiene a los fieles seguidores de Uribe, a la vez que también atrae otros nuevos. Pero más allá de estos rasgos, Duque fue elegido por su inexperiencia. El expresidente Uribe ya tuvo una mala experiencia poniendo a un hombre experimentado como su sucesor en el 2010. Uribe pensando que sería él quien gobernaría en cuerpo ajeno se estrelló con la realidad cuando se dio cuenta de Santos tenía la experiencia y la capacidad para tomar sus propias decisiones.

Seguramente, con el fin de evitar que lo “traicionen” de nuevo, Uribe puso esta vez a una persona nueva para gobernar, una persona que difícilmente tendrá capacidad de tomar sus propias decisiones  y por ende siempre deberá consultar a su patrón qué hacer: un peón.

Iván Duque, siempre acompañado por “el rey”, quien se para en las tarimas junto a su súbdito y solo después de una larga prosa le permite hablar, es el elegido. Este hombre que encarna un aire joven y central, por esto mismo le ha quitado votos a Fajardo, jamás gobernará el país, ya sea porque los votantes no se lo permitan o porque Uribe no se lo permita. Lo único seguro es que ese aire joven y apolítico que despierta Duque no es ni será nada más que un aire. Una cosa es clara, detrás de ese aire siempre estará Uribe gobernando, aferrado al poder, solo que esta vez no será él quien sea responsable de sus actos, porque para todos los efectos legales estará el peón, quien en este caso será quien reciba el agua sucia, quien enfrente los procesos disciplinarios y penales, para que Uribe pueda gobernar impunemente este país y de esa manera mantenerse como el dictador que nunca ha dejado de ser, solo que esta vez escondido detrás de su peón.

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