Drogas y rumba sin parar: cuando la fiesta casi se traga a Marcelo Cezán

El ídolo se ha reinventado y ahora, en su programa radial, sigue moviendo el corazón de sus seguidoras, pero antes vivió la peor de las pesadillas

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febrero 01, 2021
Drogas y rumba sin parar: cuando la fiesta casi se traga a Marcelo Cezán

A Marcelo lo siguen queriendo. Tiene esa virtud que sólo pueden tener los vampiro o Amparo Grisales: no cambia, no envejece. Ahora se ha reinventado en la radio y sus seguidoras siguen susperando por él, como si no fuera el 2021 de la pandemia sino el 1993 de Nueve semanas y media.

Muchos años antes de que Shakira estallara en los rankings del mundo, Édgar Alfredo Gómez Menicagli era descubierto por un agente argentino en Cali. Era 1991 y él tenía 20 años. En los ochenta había soñado con ser un centrocampista del Deportivo Cali, pero su papá se lo impidió. A todas sus virtudes se sumaba la de la música. Le gusta el rock en español de Charly García, Fito Páez, Pescado Rabio y Zumo. Además, tenía pinta. Era un éxito seguro. El argentino lo miró a los ojos y le dijo “si me haces caso serás una estrella”. Por eso Édgar se cambió el nombre y se puso Marcelo Cezán. Esta canción de 1992 se convirtió en número 1 en toda Latinoamérica.

Marcelo, a sus 52 años lo recuerda todo: su gira suramericana en donde podía haber dos mil fans histéricas esperándolo por un autógrafo o una foto en el lobby. En esa época no rumbeaba. Lo que lo empezó a deprimir fue no poder tener una voz propia y ser tratado como un producto. Intentó hacer dos discos con su sonido, pero no funcionaron. En México se hizo amigo de todas las estrellas del rock y, ahí, empezó su descenso a los infiernos.

El viaje a lo más profundo del corazón de las tinieblas duró años, tal vez hasta el 24 de diciembre del 2010. Ese día, mientas vivía con su mamá en Bogotá, el ruido de una construcción vecina lo despertó de su resaca eterna. Se dio cuenta que a su dolor de cabeza estaba también el del alma: después de tener una cuenta bancaria gruesísima ya no le quedaba un solo peso. Todo se había ido por las alcantarillas del despilfarro y el exceso. Ese día buscó a su mamá y le dijo: quiero cambiar. Una persona sería fundamental en su vida, la cantante vallenata Adriana Lucía a quien le había escuchado, con la firmeza de los que creen, todas las cosas buenas que le había pasado después de aferrarse a Cristo. Creyó y lo logró: dejó atrás el trago, la droga, conoció a su actual esposa y se convirtió en la cara más reconocida de las mañanas del domingo presentando con su frescura inagotable Bravísimo en donde seduce a todo el mundo. A Marcelo lo entrevistamos y nos habló de su presente:

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