Luego de los incendios que amenzaron con reducir a cenizas la historica catedral el grupo de trabajadores se puso manos a la obra usando técnicas del siglo XIII

Tras cinco años de trabajos continuos, la restauración de la Catedral de Notre Dame finalizó con la imagen de los miles de carpinteros, albañiles y restauradores que hicieron posible que la histórica catedral de Francia, dedicada a la virgen María y rodeada por el río Sena, volviera a estar a punto.

El proceso de reconstrucción comenzó luego de que se incendiara la catedral en la tarde del 15 de abril de 2019. Este evento conmocionó al mundo y puso en riesgo uno de los símbolos más importantes de Francia. La caída de la aguja y el colapso de gran parte del techo obligaron a desplegar una operación sin precedentes, que combinó técnicas del siglo XIII para reconstruir los armazones de la nave y el coro.

En ese contexto, los trabajadores asumieron un rol central. Muchos de ellos participaron durante años en tareas altamente especializadas, como la selección de madera para reproducir la estructura original o la restauración minuciosa de elementos dañados por el fuego y el humo. Como fue el caso de la aguja y la propia aguja que fueron cubiertas de plomo y coronada con una cruz y un gallo.

La mítica aguja de Notre Dame guardaba una placa adornada con simbología masónica que mencionaba la fecha de creación y los responsables de la estructura.

La imagen que circula —y que ha captado la atención pública— muestra precisamente a ese grupo humano: hombres y mujeres con cascos, herramientas y ropa de trabajo, reunidos tras haber culminado una etapa clave.

El valor de esta representación radica en visibilizar un aspecto frecuentemente relegado: la dimensión colectiva de la arquitectura. Si bien la restauración de Notre Dame ha sido liderada por expertos y respaldada por el Estado francés, su materialización dependió del trabajo físico y técnico de cientos de personas que rara vez figuran en la narrativa oficial.

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