¿Dónde quedó la solidaridad?

De cómo sobrepasemos esta dura prueba dependerá cómo será nuestra sociedad después de la cuarentena

Por: Rolando Andrés López Pereira
mayo 08, 2020
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¿Dónde quedó la solidaridad?
Foto: Flickr Josep Ma. Rosell - CC BY 2.0

En teoría, no es momento de decir obviedades, pero hay momentos en los que se hace necesario, este es uno de ellos. Aunque cualquier persona creería que el valor más socorrido y practicado en este duro período para nuestra humanidad sería el de la solidaridad, lo cierto es que no.

Desafortunadamente, el mensaje que nos llega a través de los medios de comunicación es desalentador, para la muestra: un médico en Bogotá, junto a su familia, es amenazado por su propia condición profesional, la que más bien daría para admirarlo y defenderlo; en el reconocido condominio de El Peñón, en jurisdicción de Girardot, un grupo de sus residentes piensa que tiene más derechos que el resto de la ciudadanía y sale campante a jugar golf en sus carritos sin pensar en que se debe guardar rigurosamente la cuarentena; el alcalde de Guaduas, Germán Herrera, contrató mercados por 630 millones de pesos con evidentes sobrecostos, que mostraban las ganas de algunos de quererse quedar con recursos oficiales destinados a ayudar a los más necesitados; entre otras tantas situaciones.

Por eso no sobra recordar a los cundinamarqueses que en este preciso instante, las condiciones que nos agobian: los problemas que vivimos nos tienen que mover a practicar la solidaridad y a ayudar a nuestros vecinos, niños, ancianos, trabajadores, etcétera. No es momento de egoísmos ni mezquindades. De cómo sobrepasemos esta dura prueba dependerá cómo será nuestra sociedad después de la cuarentena. Si el mensaje es que el pícaro y el corrupto pueden robar y solo recibirán una palmadita en la mano, pues habrá otros que querrán hacer lo mismo pues el castigo por esa mala conducta es mínimo.

Esa es precisamente la función primordial que deben cumplir los organismos de control y vigilancia del país. Deben poner los ojos sobre toda la contratación gubernamental que está destinada a ayudar a la población vulnerable del país. Quienes se hayan atrevido siquiera a intentar quedarse con cualquier porcentaje del dinero para los más necesitados deben ser dura y ejemplarmente castigados. De lo contrario, el mensaje que se le manda a la sociedad colombiana es pésimo.

Con respecto a la gestión del gobernador Nicolás García al frente de la emergencia, hay que decir que ha sido positiva y proactiva. Han hecho una formidable llave con la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, tomando decisiones que han redundado en que la crisis sanitaria no sea peor de lo que es en la actualidad. El cierre de vías ha sido un mecanismo que ha detenido la propagación del virus. No obstante, habría que mirar con más detenimiento quiénes son los que pasan por encima de esas decisiones, porque en algunos condominios de Anapoima, Girardot, Melgar y Ricaurte se registraron arribos de familias en los días festivos que pasaron.

Antes de cerrar, les recuerdo que es tiempo de compartir con los que no tienen, de dar comida a los que padecen hambre, de colaborar activamente en la recuperación de nuestros enfermos, de ayudar a las familias que tienen dificultades económicas, de administrar eficientemente los recursos destinados a paliar los sufrimientos de los colombianos, entre muchas otras cosas.

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